sábado, 18 de julio de 2015

LOS CAMBIOS EN POLÍTICA

por Carlos A. Trevisi
Como hemos dicho en alguna otra ocasión no es lo mismo una ideología que un ideario. La primera aborda la realidad desde los objetivos que la sustentan; la segunda mira la realidad y, a partir de ella, traza los objetivos a seguir. La ideología tiene su meta establecida: la que le manda su doctrina; los idearios aspiran al cambio porque entienden que la realidad es mutante y su meta, en consecuencia, es el cambio
Abordar los cambios en política es sumamente difícil porque las ideologías priman por encima de los idearios, a los que desestima porque los cambios atentan contra lo establecido.  
Del modo que se presentan las políticas que se implementan desde los partidos caben dos posibilidades: la derecha o la izquierda. Sin embargo, no hay diferencias entre las dos posturas dado que tanto el PSOE como el P.P se sustentan en sus respectivas ideologías fuertemente arraigadas en lo que llaman democracia. La crisis que vive el PSOE es que no encuentra el camino que lo aparte de la ideología, algo que no conmueve al P.P. que está fuertemente identificado con el neoliberalismo: el PSOE mira la política desde la gente y el P.P. desde las instituciones, especialmente las que se aplican a administrar la economía, que ha invadido desde esa postura economicista la educación, la sanidad, la gente y la cultura. El desencuentro que hay en el PSOE se debe, principalmente, a que no puede hacer los cambios que son necesarios porque su ideología no lo autoriza. Si uno se detiene a mirar cuidadosamente el proceso por el que está pasando el partido, se ve con claridad que sigue atado a los argumentos de siempre respecto del independentismo catalán, al que se niega rotundamente; que tiene un gran desconcierto ante los cambios que se están produciendo en la Iglesia, a la que sigue mirando desde Trento: que en educación, si hay quejas rotundas con el que fuera ministro de Educación hasta hace apenas unos días se refieren solo a los recortes que ha llevado a cabo Rajoy; que en cuanto a Sanidad ha apoyado las quejas de los sanitarios en la calle y en los hospitales, pero no se sabe qué proyecto quieren sacar adelante como no sea el de terminar con las privatizaciones que se apartan poco de las que sostiene el P.P. La prueba de esto es que la nueva Presidenta del P.P. de Madrid acaba de declarar que no va a privatizar la sanidad, y vaya esto solo como ejemplo, como si fuera lo único para mejorar.
La novedad que se está produciendo en la política española dimana del cambio, es decir, desde un ideario que comparte mucha gente que antes estaba atada a un bipartidismo al que ahora le está dando la espalda.
El cambio está acabando con las ideologías dado el extremo de pauperización alcanzado por millones de familias, desocupados y desahucios; ni hablar de los miles y miles de jóvenes profesionales que emigran. La cantidad de votos que han perdido tanto el PSOE como el P.P. dan la pauta de que a la gente poco la inquieta que el que gobierno sea de derecha o izquierda. La ciudadanía quiere que los gobiernos atiendan sus necesidades.
Mucha gente acompaña el ideario del cambio. Otros, que también lo acompañan, aspiran a una participación activa en política creando situaciones equívocas tal como, sin decirlo, tenía previsto Pablo Iglesias que sucedería cuando negó  autorización a participar con el nombre de PODEMOS a una gran cantidad de agrupaciones que aspiraban a llevarlo en las elecciones de mayo. Tales agrupaciones, por lo general llevan candidatos sin experiencia en política y tienen simpatizantes ansiosos por sacar el cambio adelante en una etapa del proceso que necesita conocimientos, calma y prudencia.
El periodismo, por su parte se ha mostrado crítico ante situaciones poco relevantes que dieron basa a comentarios sumamente hostiles respecto de las “ideologías” de PODEMOS: rupturistas, rojos, radicales, chavistas y qué no.

La presión que se ejerce sobre los nuevos partidos alineados con el ideario de Podemos, y Podemos mismo, van a tener montar una estrategia que evite un enfrentamiento con los bipartidistas aunque también con aquellos compañeros de itinerario que no van a renunciar fácilmente a sus aspiraciones. Cualquier cambio profundo conlleva violencia, intereses creados y rupturas con el estado de cosas y hay que afrontarlos sin apresuramiento.    

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