jueves, 12 de julio de 2018

EL EMÉRITO Y LA CORINA


JUAN CARLOS ICorinna desvela que Juan Carlos I la usaba para ocultar su patrimonio: 

"No lo ha hecho porque me quiera mucho, sino porque resido en Mónaco"
Sayn-Wittgenstein revela en una conversación con Villarejo que el rey emérito
no puso a su nombre las propiedades por la relación que mantenían, sino que
el motivo principal era su residencia fiscal.


 MÁS INFORMACIÓN
Corinna zu Sayn-Wittgenstein, consultora afincada en Mónaco "amiga entrañable" de Juan Carlos I, * le reconoció al comisario José Manuel Villarejo en 2015 que el rey emérito la utilizó como testaferro para ocultar su patrimonio y sus propiedades en el extranjero: "No lo ha hecho porque me quiera mucho, sino porque resido en Mónaco", según la grabación a las que han tenido acceso El Español y Okdiario.
En aquel encuentro, propiciado por el empresario Juan Villalonga, amigo de ambos,  ella le explica al excomisario -ahora en prisión preventiva- que estaba viviendo una "pesadilla" porque el Rey había colocado diversas propiedades —en Marruecos y otros lugares fuera de España— a su nombre, y tras su ruptura sentimental Juan Carlos I se las estaba reclamando. Corinna insiste en que si acepta su demanda y se las devuelve poniéndolas a nombre de terceros incurría en un delito: ""Lo han hecho con dos o tres cosas y están poniendo muchísima presión. Por ejemplo: mandarle dinero o darle cosas... eso es blanqueo".
Sayn-Wittgenstein revela en la audio difundido por El Español que el rey emérito no puso a su nombre las propiedades por la relación que mantenían, sino que el motivo principal era su residencia fiscal, Mónaco, puesto que en el país no es necesario hacer una declaración pública de patrimonio. 

* Como el putañero es el rey emérito ella es solo su "amiga entrañable" (de haber sido una chica de barrio sería una p... barata. 
Movistar 0 (cero) está pasando una serie de capítulos de Victoria que en su capítulo 5º incluye a Alberto, su marido.  Os invito a que veáis esta serie porque  lo que pasa en Inglaterra podría servirnos de ejemplo para que no pase en España. Es más: la monarca destaca no solo su agudeza intelectual -que la tiene a pesar de su corta edad sino por el apego a las normas de formalidad que impone una puesta en común con los súbditos -espantosa palabreja- que tiene que sostener por el alto cargo que ostenta. Cuando uno ve las actitudes que asume  el Rey Juan Carlos en relación con su vida privada no puede negarse que su proyección social no se corresponde con lo que es de esperarse de un rey: ni en lo afectivo, algo que le  importa poco, ni con el quebranto de la sobriedad y categoría a lo que debería atenerse como Jefe del Estado. 
El  modelo de vida que impone su personaje -que para ser monarca está probado que no hace falta ser persona, basta con ser apenas un mero individuo- es de desear y así parece que  su hijo, el actual Rey, sabe eludir aunque acaso ya sea tarde; en parte porque la monarquía española no tiene más jerarquía que una herencia que no ayuda- revisemos la historia- y porque la celeridad que mueve al mundo no admite figurones.
Entre los muchos cambios que se están operando en España y en el mundo, todo aquello que no esté fundamentado en logros trascendentes va a desaparecer de la escena; el mundo ha dejado de ser una película y llegó la hora de terminar con los personajes y los cargos que los sustentan. 
España no puede ser un destino para que los europeos tomen sol y los ajenos a su trascendental cultura la tomen como un gigante en manos de la hostelería. 


lunes, 18 de junio de 2018

RAJOY SE VA Y AZNAR QUIERE VOLVER COMO UN FANTOCHE





OPINION · TIERRA DE NADIE

Un Rajoy que se va asumiendo sus errores y un Aznar que aspira a volver como un fantoche

Título de Carlos A. Trevisi


Contrariamente a lo que aquí mismo se especulaba hace unos días, Rajoy no ha querido encastillarse y, por primera vez en mucho tiempo, dio un paso al frente y dejó de hacer la estatua, harto quizás de esas palomas que lo ponen todo perdido sin respetar el mármol o los trajes a medida. Ante los suyos, el del PP rememoró su obra, esbozó algo parecido a una autocrítica, tragó saliva y lágrimas y anunció que se iba por su bien, por el del partido y por el de España, justo en ese orden, con varios recaditos a su abdominal antecesor. Al centro de la cara del empleado de Murdoch se dirigieron sus últimos dardos: había asumido –según dijo- sus errores y los de otros, y se ponía a la orden de quien ocupara su puesto. Con las veces que se ha hecho caldo de ese hueso, hay que reconocer que Rajoy ha hecho mutis derrochando elegancia.
En los últimos días, el ya expresidente se ha soltado la melena y ya hay quien dice que sólo falta que el Madrid fiche a Neymar y haga entrenador a Guti para que las noches de la capital sean de auténtico escándalo. Si el primer día de la moción de censura le dieron las diez y le encontró la luna en un local del centro, ayer casi repitió maniobra en el Narciso de la calle Almagro, a escasos doscientos metros del lugar en el que Aznar se disponía a impartir otra de sus lecciones de infinita soberbia. Y hasta hubo quien pensó que en algún momento saldría desorientado del garito y se dirigiría al encuentro de su rival para retarle a un duelo, con Andrea Levy vestida de naranja oficiando de madrina.
Rajoy se había ido y Aznar amenazaba con volver en un acto surrealista en el que el señor de las armas de destrucción masiva se ofreció para reconstruir el centro derecha, para unir al PP y a Ciudadanos en santo matrimonio, de manera que ya nadie pueda separar lo que él se dispone a ensamblar de nuevo y para siempre. No lo haría por su bien y por el del PP, que el carnet de afiliado se lo debió de dejar en otra chaqueta, sino sólo por España y los españoles. Su solución posiblemente sea la misma que Fraga imaginó con Suárez, a quien tentó con ponerle al frente de Alianza Popular previa absorción del CDS, pero esta vez con Rivera de protagonista y Ciudadanos de zumo de naranja. Se confirmaba así lo que también se había dicho aquí en su día, que en alguna cosa había que acertar: derecha sólo hay una y Aznar es su profeta.
El drama del PP constituía su victoria definitiva sobre ese señor de provincias al que veía apearse lentamente del pedestal. El amor eterno que le dispensó duró apenas unos meses y el odio se abrió paso cuando, convertido en asesor al por mayor de multinacionales y lobbies, Rajoy le negó el puesto de visitador de la Moncloa, lo que dificultaba extraordinariamente su tarea de conseguidor. Que Aznar llamara al timbre y Rajoy no le abriera la puerta con la excusa de que estaba en la siesta era mucho más de lo que podía soportar el guardián de unas esencias que siempre fueron exclusivamente las suyas. Pasó el tiempo. No pudo mudarse a Vox porque el cuchitril se le quedaba pequeño y ha sido con Ciudadanos donde encontró por fin un apartamento con vistas en régimen de alquiler desde el que contemplar el deterioro del edificio del PP, gracias a los sabotajes que él mismo propició atrancando las tuberías de los cuartos de baño.
Rajoy no ha caído por una moción de censura sino por sus errores, por ese dontancredismo tan suyo con el que miraba hacia otro lado mientras se levantaba en el vestíbulo del partido un patio de Monipodio con estanque para ranas, pagado con el dinero negro del tesorero de las patillas. De nada le ha servido esta vez su quietud tan desesperante para propios y extraños porque hay empujones brutales que no respetan nada y derriban a un tiempo a escritores y esfinges. Se ha ido culpando a todos, un grupo heterogéneo de archienemigos de España compuesto por socialistas, nacionalistas, independentistas, filoetarras y hasta por patriotas como Rivera, que al parecer les dio alas desde su campanario anunciando el fin de la legislatura mariana.
Aun así, moralmente Rajoy está muy por encima de ese estadista con ínfulas que ahora pretende volver a pastorear al pueblo elegido y mostrarle el camino de salida del desierto. El de Pontevedra ha renegado de esa democracia digital por la que los faraones del PP se permitían designar a sus sucesores, la misma que le eligió a él y antes que a él al fulano del bigote. Rajoy se va como un señor y Aznar quiere regresar como un fantoche.

domingo, 17 de junio de 2018

ESTRATEGAS; SER VALIENTE; ¿QUÉ PITOS TOCA AZNAR?

Carlos A. Trevisi (cinco artículos)

1. PADRES MAYORES CON HIJOS MAYORES
2. EL "COLETAS", PABLO IGLESIAS: UN MAL ESTRATEGA DETRÁS DE UN HOMBRE SABIDO
3. DOS ESTRATEGAS: BORREL DEL PSOE Y ANGUITA DE IZQUIERDA UNIDA
4. AZNAR: ¿QUÉ PITOS TOCA? El suyo, que suena impertinente y lejano, MUY LEJANO.
5. SER VALIENTE


***

1. PADRES MAYORES con HIJOS MAYORES


Según los hijos van creciendo Los padres vamos envejeciendo. El resultado del paso del tiempo crea situaciones nuevas en la relación que guardan unos con otros: los padres, que hemos tenido nuestra mira puesta en su educación luchando denodadamente para sacarlos adelante vamos perdiendo influencia sobre ellos. No está mal que así sea. Mirando retrospectivamente, la educación que se les brindó apuntaba a que escogieran su propio camino. Dado que es así, a los padres nos queda la satisfacción de ver como  transitan, desde el potencial que trae consigo su propia naturaleza humana, a la puesta en marcha de actos de vida que derivan  de nuestro empeño por lograr su plena madurez en lo afectivo y en todo lo que atañe a una visíón del mundo para insertarse en él desde sus propias capacidades  incorporando conocimientos que la enriquecerán.

Los padres, aunque acompañando iniciativas y transmitiendo experiencias vividas a lo largo de su hitoria y pese a seguir pendientes de que el camino que han elegido se corresponde con el proyecto de vida que han encarado sus hijos van cayendo en la soledad con la que los años empañan la vida en común, especialmente hoy día cuando nos hemos transformado en personas "para tener", muy lejos de aquella época en que todo inducía a pensar que  éramos personas "por ser". 


2. EL "COLETAS", PABLO IGLESIAS: UN MAL ESTRATEGA DETRÁS DE UN HOMBRE SABIDO

Suele suceder que los políticos, que postergan los principios que nutren sus vidas por su afán de "llegar" al poder,  quedan atrapados en un sistema en el que la representatividad de la ciudadanía, por más que se proclame que se apela a la militancia  para que los impulse en sus aspiraciones, es cuantitavamente irrelevante y buena parte de los que los ratifican en sus aspiraciones lo hacen desde la ideología que los une al candidato antes bien que a un ideario abarcativo de intereses comunes que abarquen las necesidades de la gente.
Hemos visto al principal dirigente de Podemos abrazarse reiteradamente con Pedro Sánchez (PSOE) prestándole apoyo con motivo de la moción de censura contra RAJOY, un político éste INIMAGINABLE  del que no puedo entender que haya obtenido más de 8 millones de votos para ser electo Presidente en las últimas elecciones generales.

El acercamiento de Pablo Iglesias a Sánchez coincidió con la compra del famoso chalet en Galapagar . A pocos, -salvo a aquellos 150.000 que votaron para que siguiera al frente de PODEMOS- causó buena impresión la inversión; tampoco que argumentara que buscaba un lugar lejos del mundanal ruido para criar a sus hijos mellizos por nacer; menos aún las características de la casa que, entre otros deméritos, por tratarse de  un hombre de izquierdas, incluía, piscina y varias comodidas tales como lugar para huéspedes y otras cosillas que lo medios, la recalcitrante derecha   y hasta más de un partidario rechazaron por entender que no hacía falta tanto boato.  
Lo más serio de todo fue, sin embargo 
1. que muchos partidarios  de PODEMOS se fueron al PSOE, con un argumento que recogí en la calle hablando con la gente, que es com se debe haer políticacomo se debe hacer politica y no desde los círculos atados a reglamentaciones partidocráticas que, dado lo visto no aportan nada como no sea acuerdos de cúpula. ¿Les suenan, Felipe Gonzalez, Corcuera, Guerra, Rubalcaba en un listado, listado que incluye a Zapatero)? 
2. que, contrariamente a lo que se esperaba, Sánchez no incluyó a nadie de Podemos en su gabinete MINISTERIAL ni entre los allegados afines con  los que nuestro amigo de PODEMOS  podría haber contado para decir lo suyo -lo nuestro. 

En lo personal creo que todo ha salido a pedir de boca para el PSOE: seguirá siendo un partido a la usanza del bipartidismo aunque ahora con una ventaja sobre sobre un PP que se ha incendiado y dejará de tener preponderancia. Ya hay otro por ahí, uno que apareció desnudo ocultando sus partes pudendas  que no cejará en su empeño por asumir la derecha derechona. 
Mientras tanto imagino que PODEMOS volverá a sus raíces siguiendo la línea que   millones de  ciudadanos depositaron en su favor en aquella jornada histórica que llenó las calles de ciudadanos pidiendo un cambio. 


3. DOS ESTRATEGAS: BORREL DEL PSOE Y ANGUITA DE IZQUIERDA UNIDA

Hace apenas dos o tres días vi por televisión sendas entrevistas en las que tanto uno como otro pusieron en escena lo que significa ser verdaderos politicos: plenitud de penetración de la realidad que vive España; juicios certeros acerca de lo que habría que afrontar para salir del atolladero en que nos ha metido la incapacidad de los siniestros, vulgares e inutilmente agresivos personajes del Partido Popular, respuestas inteligentes y re-preguntas no menos inteligentes a los periodidistas que los entrevistaron, ambos de gran calidad profesional. 
Se mostraron calmos, ninguno apeló al "tú más", tan propio de la mayoría de nuestros representantes políticos pertenezcan  a cualquier partido al que pertenecieren. 
Permítaseme un inciso que llevo años madurando: si los medios tuvieran que enfrentarse con gente de esta calidad más de un periodista de los que pululan en la televisión tendrían que dedicarse a otra cosa: no sabrían qué preguntar ni menos aún interpretar las respuestas de los entrevistados para aclarar los interrogantes de una audiencia cada vez más confundida y ansiosa, ¿Verdad paupérrimo Inda o licenciado con varios masters en su haber otorgados por alguna academia de choferes, Dr - Maruhenda que toma a todo el mundo por idiota, incluso a sus colegas de profesión?   

4. AZNAR: ¿QUÉ PITOS TOCA? El suyo, que suena impertinente y lejano, MUY LEJANO.

Aznar es un personaje que padece, cuanto menos, las mismas dolencias sicopáticas de Ronaldo, el futbolista del Real Madrid o de Florentino Pérez, el presidente de la institución futbolera, aunque éste, más moderado, no trasunta la imbecilidad que palpita en los otros dos. Como buen empresario no hace estupideces (¿acaso maldades?) que den pruebas de su trastorno. 

Aznar, antes de hacer partícipes del agasajo que se celebró con motivo del casamiento de su hija a todos y cada uno de los sinverguenzas de la Gurtel, ya tenía un antecedente delirante: se sentó a una mesa ratona con los verdaderos agentes del poder  que habían decidido terminar con las armas INEXISTENTES de destrucción masiva  del loco que viajaba con una carpa que le instalaban "ad hoc" sus esclavos para que pernoctara como "en casa".  Bastó con que "urbi et orbe" se viera a un delirante del afán de poder: apoyó sus pies sobre la mesa mientras saboreaba un puro, que seguramente no sabría que provenía de Cuba.
El que fuera de tal especie no ocultó su forma de encarar la política a sus "a lateres" del  partido cuando, dedo mediante, nombró a Rajoy su sucesor en el cargo de Presidente del Reino de España. 
Le falló el tiro: se lo imaginó obediente esclavo de sus proyectos pero le salió mal. El señalado a dedo se envalentonó y dejó de hacerle caso. Seguramente creyéndose legítimo heredero de su mandatario lo ignoró pensando que él podría sacar adelante la empresa encomendada. Gran error de apreciacíon: no le daba para tanto la inteligencia, ni la voluntad, ni los conocimientos. Así terminó rodeado de pobres infelices llenos de ínfulas que alentaban su incapacidad MIENTRAS METÍAN LA MANO EN LA CAJA DE LOS DINEROS. Como se ha visto volvió a casa, al seno de su hogar,  a descansar de tanto trastorno.

Cabría preguntarse qué ha sido de la vida de Aznar.  Tal vez vuelva a la Argentina a presentar a Macri, presidente de ese país, un proyecto  como el que explotó en España con la burbuja inmobiliaria cuando fuera CAPO MÁXIMO  de la albañilería y terminó en lo que terminó. ¿Recuerdan ustedes? 
Por ahora poco se sabe d Aznar. Acaso se la pase tomando un "relaxing cup of coffee" cada mañana en su casa junto a su bilingue esposa.


5. SER VALIENTE

Se es valiente cuando se asume la realidad que nos toca vivir y luchamos contra todo lo que pervierte nuestra necesidad de libertad y crecimiento en beneficio  de certezas que el P.P. aclamó descaradamente durante su gestión recortando  los recursos que aplicó a los ejes que lo alientan:la educación, la investigación y qué no. 

Entiendo por libertad todo lo que atañe a mi conciencia; esa libertad que he madurado a o largo de mi existencia  y me ha autorizado legítimamente a prestar atención a la ley - aunque solo la imprescindible para que  regule mi relación con los demás al margen de ideologías, cualesquiera sean éstas, pero en el marco de una puesta en común que satisfaga intereses comunes que debemos compartir.

Solemos asociar valentía con aquellos que muestran heroicidad en actos en los que se juegan la vida. Si echamos una mirada retrospectiva veremos que la mayoria de nuestros "valientes" están esculpidos en mármol o fundidos en bronce; difícilmente encontraremos un valiente entre los millones de personas que se juegan a diario para sostener sus familias bajo condiciones laborales cuyos ingresos no los autorizan a llegar a fin de mes. Veo a diario, desde el balcón del piso que habito, casi una veintena de obreros que respiran el mortal polvo del cemento que penetra sus pulmones sin que a la empresa concesionaria  se le haya "ocurrido" suministrarles máscaras. 

Se podrá decir que poco tiene que ver con la valentía. Y es cierto; tiene que ver con la exultancia de la heroicidad que se asigna a un poder que ha perdido su capacidad de ver al ser humano en toda su dimensión de persona y del abandono en el que  vamos cayendo cada vez más en el mundo de unos pocos que rigen nuestro destino al margen de nuestra voluntad, necesidades e intereses.

Cabría que nos preguntáramos ¿Quién es verdaderamente valiente?

Entendemos que es valiente aquél que se obliga  con el compromiso de actuar;
Aquel que ha aprendido a ser a partir del aporte de los demás;
El que es solidario con el necesitado;
El Exigente consigo mismo;
El que es amplio para abarcar y  abierto para dejarse abarcar;
Aquel que es reflexivo para recrear su andar en el proyecto de vida que ha elegido;
El que es independiente para ser él mismo, distinto de los demás pero en actitud comunitaria;
El apasionado para reir con alegría y llorar por el dolor de las miserias de la comunidad en la que vive;
El que es consecuente para no claudicar;
El que es dialógico para poder participar;
Aquél que es ocioso en un remanso de paz y reflexión; 
El comprensivo para  incorporar a todos aquellos que sufren;
El que es tolerante. 

Sé que es difícil en un mundo donde prima todo lo contrario, pero intentémoslo. Acaso por mi edad voy adhiriendo a una forma de vida menos agresiva, pero siento que no siempre lo logro.

En Guadarrama, Madrid, junio de 2018
Carlos A. Trevisi



miércoles, 6 de junio de 2018

LA MAGISTRATURA Y EL OPUS DEI

Antonio Gómez Movellán
La influencia del Opus Dei en la historia política y social en España ha sido muy importante. Lo fue en la dictadura de Franco, lo fue en la transición política y lo ha sido en la monarquía parlamentaria. Además, esa importancia coexistió con una expansión de la secta por medio mundo, particularmente en Europa, Latinoamérica y Norteamérica, pero también en muchos países africanos y asiáticos.
El Opus Dei, donde el 97% de sus miembro son seglares, tuvo ,desde el principio, una gran habilidad para infiltrarse en los aparatos de Estado y eso lo compaginó, gradualmente, con la construcción de un imperio de negocios propios; negocios que van desde colegios y residencias, Universidades, escuelas de negocios, hospitales, participación influyente en Bancos y entidades financieras, medios de comunicación y últimamente colegios elitistas de enseñanza primaria y secundaria, entre otros sectores. Pero desde el principio, la penetración en el aparato de Estado franquista fue decisiva. Como dijo el fundador de la secta, el cura de personalidad paranoica y megalómana, Escrivá de Balaguer, “para que queremos tener locales propios si tenemos los despachos de los Ministerios del Gobierno”. La expansión del Opus ha sido espectacular y originariamente se debió a su infiltración en el franquismo. Hay que tener en cuenta que el Opus funciona como una sociedad secreta donde existen diferentes niveles de compromiso con la secta, pero todos, al final, buscan obtener réditos económicos y de poder para la secta. El Opus Dei se introdujo en España, a finales de los 50 y en los 60, en los grandes cuerpos de la Administración pública (inspectores de hacienda, diplomáticos, administradores civiles, abogados de Estado) y también en la justicia y la fiscalía. Penetran desde el mismo momento de la preparación de las oposiciones a esos cuerpos, con jóvenes ya vinculados a la secta, los cuales, una vez incorporados a los cuerpos superiores o la magistratura actúan en sintonía con la secta. En el franquismo, llegaron en el momento justo ya que se distanciaron del fascismo franquista proponiendo una especie de gobierno tecnocrático autoritario. Tal fue su influencia que el jefe de Gobierno con Franco, asesinado por ETA, en un atentado en el año 1973, el general Carrero Blanco, estaba en el ámbito del Opus y una gran parte de sus ministros eran miembros de la secta; ministros que ocuparon puestos en ministerios claves como Obras Públicas o Economía. Organismos como el Centro Superior de Investigaciones Científicas-el organismo clave de la investigación española-estaba absolutamente controlado por el Opus Dei. A finales de los años setenta, el Opus Dei tenía ya un imperio económico en España y estaba ya muy activo por todo el mundo y comenzaba su ascensión dentro del Vaticano, que culminó en tiempos del Papa Juan Pablo II.
De acuerdo a algunos observadores de la secta, para el Opus la penetración en la judicatura y la fiscalía ha sido algo de una importancia fundamental, sobre todo en los niveles altos y en puestos decisivos (tribunales supremos, audiencias territoriales superiores, tribunal constitucional) y lo ha sido porque lo ha utilizado para, desde la fiscalía, acusar a sus enemigos y desde los tribunales actuar en favor de los negocios de la secta o sus intereses y eliminar a su rivales y enemigos y en todo caso como un elemento más de poder de la secta. En el tardofranquismo, el caso MATESA es paradigmático de lo que decimos. Se trató de un asunto que se utilizó, por un sector del régimen, en parar la gran influencia de la secta en el Gobierno de la época ya que MATESA era una estafa muy vinculada a empresarios, altos funcionarios y ministros del Opus, pero la mayoría de los acusados no llegaron a ser ni encausados debido a las maniobras del Opus en la fiscalía y en los tribunales de la época. Ya en la monarquía algunos empresarios miembros del Opus llegaron a denunciar este tipo de prácticas de la secta como fue el empresario Ruiz Mateos cuyo holding RUMASA (más de 100.000 trabajadores) mientras era expropiado por el gobierno socialista, acusó a los dirigentes de la secta, en varias ocasiones, de ser unos despreciables y de “haberle dejado caer”, reclamándoles, en los tribunales, las donaciones millonarias que había hecho a la secta, reclamaciones que, como no, decayeron.
En España, en un recientísimo fallo del Tribunal Supremo y más tarde confirmado por el Tribunal Constitucional se declaró que la financiación pública de los colegios segregados por sexos era plenamente constitucional, cuestión verdaderamente sorprendente, pero el 70% de esos colegios son propiedad del Opus Dei y que curioso ¡el ponente del fallo judicial es un miembro del Opus Dei! Igualmente se han producido, últimamente, multitud de denuncias en contra de las “ofensas a los sentimientos religiosos” ( una especie de delito de blasfemia existente en España), y ello es así porque asociaciones y lobbies ultra católicos, algunos vinculados al Opus Dei ,tales como “Abogados cristianos” o “ Asociación Tomas Moro” denuncian casos ante la fiscalía sobre blasfemias proferidas por artistas o cantautores que, para sorpresa de todos, son tramitadas por los fiscales y en algunos casos con condenas; y ello es posible porque una gran parte de la fiscalía esta penetrada por el Opus Dei. En varias ocasiones el Superior del Estado ha sido miembro del Opus Dei como fue el caso de Jesús Cardenal o el caso de Torres-Dulce. Pero se sospecha que hay Salas del Tribunal Supremo controladas por miembros de la secta como la Sala de lo Penal lo cual, en opinión de muchos, ha sido clave para entorpecer procedimientos de la corrupción del Partido Popular en España, ya que este partido es de los más infiltrados por la secta. El fiscal Maza, muerto recientemente, realizó una gran “limpia” en las fiscalías, en su momento muy criticada por las asociaciones progresistas de fiscales, colocando, en algunas fiscalías claves que afectaban a los procedimientos de corrupción política del PP, a miembros del Opus de. En el gobierno Aznar muchos ministros eran de la secta y en la actualidad algunos ministros clave también los son, como por ejemplo el ministro de Economía, el Sr Guindos que en la actualidad es vicepresidente del Banco Europeo. También el ministro de Educacion y Cultura, el ministro de Hacienda, ministra de Trabajo o la que fuera ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, Ana Mato, se les ha situado en el ámbito del Opus Dei. Curiosamente en el ministerio de Defensa suele haber personas vinculadas públicamente al Opus como fue el caso de Trillo y/o Morenés. También del Opus Dei era el ministro de Interior con Rajoy, Fernández Diaz, que fue el que impuso la medalla de oro de la policía a la Virgen del Amor, que la asociación Europa Laica recurrió ante los tribunales, recurso que fue rechazado tanto en el Tribunal Supremo como en el Tribunal constitucional.
El secretario general de la formación política de Izquierda Unida, Alberto Garzón, al referirse a esta situación de la judicatura en España declaró: “el ser culpable depende del hecho de que el tribunal esté formado por miembros del Opus Dei o por gente del siglo XXI”.
Muchos han opinado que los dos casos más sonados de corrupción del Partido Popular, que es el partido gubernamental, el caso “Naseiro” y el caso “Gurtel” han sido dinamitados, desde la magistratura y fiscalía, por los sectores afines del Opus y que la expulsión de la carrera judicial del que fuera reputado juez Baltasar Garzón se ha vinculado a la persecución contra él por miembros de la judicatura del Opus; los problemas de este juez estrella comenzaron cuando quiso investigar a fondo la corrupción del partido en el Gobierno y lo mismo ha ocurrido con el Juez Elpidio Silva, también expulsado de la carrera judicial por combatir la corrupción del PP; como ha declarado este juez expulsado de la carrera judicial “La madre de la corrupción está en el poder judicial” , porque la impunidad de la corrupción política se ha producido porque existe una corrupción judicial muy vinculada a miembros del Opus Dei.
Alberto Moncada, sociólogo que en los años 40 fuera miembro destacado del Opus Dei ha declarado que “que si un juez investigase la procedencia de sus bienes (que son desmesurados) y sus declaraciones a la hacienda pública, habría para procesar a los principales responsables de esta secta. Pero esto no se hace en España, y me parece una buena pregunta el porqué de esta vergonzosa situación”, apuntando claramente también a la judicatura que constituye una especie de escudo de protección ultraconservador. Un caso parecido a los anteriores fue el de la juez de Marbella, Blanca Esther Díez, quien tras investigar un caso en el que había implicados en el mismísimo Consejo General del Poder Judicial y tras varias peripecias, acabo, ella misma, siendo imputada, condenada e inhabilitada.
Según el juez Santiago Vidal, hoy también expulsado de la carrera judicial, cuando era miembro de la Audiencia Provincial de Barcelona, en el año 2009, declaró que un tercio de los jueces eran miembros del Opus Dei. Para muchos, esta estimación se quedó corta, sobre todo en las instancias judiciales superiores. El hoy presidente del Tribunal Supremo también se le ha asociado a la secta o aledaños y el anterior presidente Carlos Divar, inhabilitado por conductas impropias, lo era de forma declarada. La infiltración del Opus Dei en la fiscalía y la magistratura española es fortísima y lo viene siendo desde hace muchísimos años. La principal asociación de jueces, la “asociación profesional de la magistratura”, ha agrupado a todo el sector conservador de la magistratura y muchos dicen que está controlada por miembros muy activos del Opus Dei.
En la actualidad, una vez que el Papa Juan Pablo le concedió al Opus Dei el status jurídico privilegiado, dentro de la Iglesia católica, de “prelatura personal”, se estableció que ésta debería abandonar el secretismo; sin embargo el secretismo, la opacidad y el anonimato es lo que impera en la secta, siguiendo los estatutos fundacionales del Opus Dei , redactados en 1950, que en su artículo 191 afirma “Los miembros numerarios y supernumerarios sepan bien que deberán observar siempre un prudente silencio sobre los nombres de otros asociados y que no deberán revelar nunca a nadie que ellos mismos pertenecen al Opus” Hay muchísimos testimonios de exmiembros de la secta sobre la actuación secretista de la misma. El que fuera uno de los primeros miembros del Opus y muy cercano al cura Escrivá de Balaguer, el reputado arquitecto Miguel Fisac, grabó un programa de televisión, poco antes de morir, en el que relató su relación con el Opus y en el que declaró el carácter sectario y criminal de la secta y en el que confesó la presión permanente y psicológicamente criminal para permanecer en el Opus. Estas mismas declaraciones también las había realizado con más contundencia, años atrás, en un programa de “La Clave” dedicado al Opus.
. A finales de los 90 se produjo cierta renovación en la judicatura y ello puso a algunos sectores del centro izquierda alerta sobre lo que podría venir; en un informe del mismismo pleno del Consejo General del Poder Judicial, sobre medidas para la reforma de la Justicia, un vocal, el Sr Javier Moscoso, propuso una medida para evitar la penetración de las sectas en la magistratura y que fue aprobado por Acuerdo del Pleno del Consejo General del Poder Judicial en sesión de 25 julio 2000,:“Los jueces y magistrados, así como los fiscales, mientras se hallen en servicio activo, no podrán pertenecer ni a organizaciones secretas o que funcionen sin transparencia pública, sea cual sea la forma jurídica que adopten, que puedan generar vínculos de disciplina u obediencia ajenos a los mandatos del ordenamiento jurídico constitucional.”
Es evidente que este punto estaba pensado en la influencia del Opus Dei en la magistratura y fiscalía; desgraciadamente, esta influencia en la magistratura se ha reforzado mucho desde el año 2000 y hoy es un elemento esencial para mantener un sistema político totalmente corrupto. Esa influencia es el último parapeto de la impunidad. Es curioso que el Partido Popular confía todos sus problemas de corrupción al quehacer de la justicia. “Ya veremos lo que dice la justicia” suele decir el propio Rajoy, es decir, confían en los tribunales y la Fiscalía porque saben que, en eso terreno, se pueden manejar gracias a sus afines y a los miembros del Opus. Un Rajoy que fue apadrinado por otro miembro del Opus, José Manuel Romay Becaría que a sus 83 años sigue presidiendo el mas alto organismo consultivo, el Consejo de Estado.
Aunque algunos hablan que el Opus está en decadencia y que hay desbandada de numerarios y supernumerarios, nunca su influencia y poder económico ha sido tan fuerte; y en esos colegios segregados por sexos, que el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo han avalado, se está incubando el futuro de la secta y de ahí saldrán, también, muchos de los nuevos jueces y fiscales de España.

lunes, 4 de junio de 2018

REFLEXIÓN SOBRE LA IMBECILIDAD

Por Carlos A. Trevisi

Se es imbécil cuando desde la planicie de la percepción se aspira a las alturas de las exigencias que impone el conocimiento (que no del saber, que ya son palabras mayores), y la tal aspiración se pone en acto.
El imbécil parte de la equivocación de que los demás son en él, rompiendo con la vieja tradición judeo-cristiana de que el encuentro se produce a partir de la necesidad de ser en los demás. Al no poder con la relación, el imbécil descarta la alteridad y torna el diálogo en un alienante monólogo. Así, ni ve el mundo, porque en su ostracismo no se anima a mirarlo, ni se ve en el mundo, porque su estrechez de miras le impide la amplitud que es menester para abarcar y la apertura necesaria para dejarse abarcar.
 Clasifíqueselos como se los clasificare, los imbéciles disfrutan del privilegio de haber forjado una tenacidad que está en relación directa con la minusvalía que los acosa: cuanto más imbéciles más tenaces.
Un imbécil jamás ceja en su empeño didáctico por ornamentar vidas ajenas con conocimientos tan relevantes como saber dónde se come el mejor asado, porqué un vino mendocino es más espeso que un vino de San Juan  o por explicar solemnemente los beneficios que encierra el armado de casitas con cerillas. Admite y sostiene la vigencia de las cosas –a las que vive aferrado- con un criterio cuántico: si la gran mayoría los acepta, pues nada, así ha de ser.  Cualquier interpretación subjetiva que ponga en tela de juicio su verdad lo altera hasta el enfrentamiento. Incapaz de rebatir ideas (su saber meramente libresco no lo autoriza), en el desacuerdo, descalifica a su circunstancial víctima; sin embargo, es un derroche de generosidad personal en el acuerdo: se atribuye toda la verdad. Categórico en la condena, pisa al caído, atribuyéndole la entera responsabilidad de su derrota; no se queda atrás en su deprecio por el que tiene éxito, de quien siempre sospecha.
 Imbéciles hay, en cambio, que, con todo que les caben las generales de la ley -son plenamente inconscientes de su imbecilidad-, son mansos y cordiales: hasta da la sensación de que tienen asumida la diferencia que los caracteriza. Se entregan a los demás y es tal su amplitud que se prestan a todo. Son diligentes, no discuten, no condenan a nadie y al contrario del otro imbécil, que no sirve para nada, estos hacen la casita con cerillas, se la muestran a todo el mundo y, a lo sumo, invitan a que otros lo hagan porque quedan muy bonitas. 

LOS NACIONALISMOS Y LA REALIDAD


Domingo, 7 de septiembre de 2014

LOS NACIONALISMOS Y LA REALIDAD Por Carlos A. Trevisi


“Lenguaje quiere decir residencia en una realidad" (Julio Cortázar)
La espiritualidad que atesora la gente no puede limitarse al espacio que habita.
A partir de esta conclusión, han comenzado a fluir en mi  las varias razones que dan por tierra  con el nacionalismo. Ser nacionalista en estos términos es encriptar en un espacio determinado los valores que encierra una forma de vida que acrecentaría su riqueza si excediera el marco del espacio donde se forjó.
La realidad, sobre todo en este mundo de la globalización, está más allá de las fronteras del propio país. Vivimos todos una misma realidad de la que tendremos que extraer algo más que perceptivamente todo aquello que colabore con nuestros proyectos y, a la vez, aportar todo lo que somos para enriquecerla. 
En lo personal “resido" en el lenguaje del Río de la Plata. Viene conmigo en la certeza de que resume mis raíces: mi barrio de pequeño, las mariposas que sobrevolaban el jardín de mi casa paterna, el policía de la esquina; la estación de ferrocarril, la devoción que tenían por mi mis tíos, mis abuelos, y mis padres; los amiguetes del barrio, el colegio, la bicicleta, mi primo Ungué, el colegio inglés, el fútbol...; Buenos Aires, la gran ciudad que comencé a frecuentar como estudiante del Nacional de Buenos Aires; mis profesores, la calle Bolívar, la Plaza de Mayo, el bombardeo al que se la sometió para derrocar a Perón, el teatro General San Martín, Puerto Madero, la calle Florida, las librerías de la calle Corrientes, el Tortoni, el tranvía, mis primeros amores, "El Querandí", un bar cercano, la Cámara del Libro, la "colimba" (mili) en la Policía federal y mis primeros trabajos como docente, el colegio Euskal-Echea y  los desastres que sobrevinieron en la Argentina que me empujaron a luchar en todos los frentes: una villa miseria, en política, dentro de la Iglesia, como taxista,  haciendo teatro, contra la imbecilidad de un sistema caduco en el ámbito de la educación y qué no.
Todo eso habita en mi lenguaje. En España la gente se asombra porque no he adoptado ni el vocabulario ni los modismos de la lengua española pese a mis 20 años de radicado.  Mi lenguaje sigue viviendo en mi. Esa residencia en él me autoriza a seguir siendo yo mismo. Desde aquel pibe que correteaba por Lomas de Zamora hasta este hombre mayor que soy hoy día han transcurrido varias décadas, muchas diría, tantas cuantas alegrías y sinsabores, pero sigo habitando Buenos Aires, hablo y escribo en su lenguaje. Esto me ha permitido adentrarme en la gran realidad del mundo a la que he aportado todo lo bueno que tiene mi residencia permanente en él y nutrirme de todos los valores que me ha regalado.

domingo, 3 de junio de 2018

EPITAFIO A RAJOY



Aníbal Malvar


Se ha marchado como por ensalmo Mariano Rajoy y es hora de
glosar los epitafios y oraciones fúnebres que nuestros periódicos
de papel le han dedicado. El editorial de hoy mismo de La Razón 
podría enmarcarse en el género hagiográfico, y no es difícil
imaginarse a Francisco Marhuenda gimiendo por las esquinas
de la redacción del periódico cual Roncero tras la espantada de
 Zidane. No hay que olvidar que Marhuenda trabajó años ha para
el presidente censurado, con lo cual el texto deja un regusto par a lágrimas y almíbar que haría las delicias de cualquier guionista de telenovela. Al loro: “Es sintomático y merecedor de estudio por qué
esta animadversión hacia uno de los políticos más centrados, moderados, tolerantes y, también, con más calidad humana que ha habido en nuestra arena política […]. Ha habido un ensañamiento
sobre su figura, al límite de una demagogia insoportable y de una
inquina ideológica que puede que refleje el signo de los nuevos
tiempos: del sentimentalismo sobre la razón política […]. Un gran
político, un buen español y un hombre honrado”. Al “honrado” M.
Rajoy de los papeles de Bárcenas, nos viene a decir el periódico
de Planeta, se le ha desahuciado de la Moncloa porque
anteponemos el sentimentalismo a la razón política. O sea, que
hemos leído la sentencia de la Gürtel como si hubiéramos
deglutido una novela larga de Corín Tellado. Todo sentimiento
y miel.
En el mismo diario, unas páginas más adelante, David del Cura
no solo nos pinta al presidente como un alma cándida de nimbado resplandor histórico, sino que se atreve, casi, a sumarlo a la lista
de las víctimas de ETA: “El jefe [Ortuzar] le ha dicho a Aitor Esteban eso de ‘baja del tractor y le pegas los cinco tiros’. El sí del
PNV retumbó…”.
No sé lo que dirán los nuevos jueces de esto, pues supongo que el Consejo General del Poder Judicial va a ser reformado en breve y
a sus miembros los va a elegir Nicolás Maduro, como todo el
mundo sabe. Pero esa imagen de Aitor Esteban bajándose del
tractor con la parabellum para descerrajarle cinco tiros a Rajoy es metáfora algo arriesgada. Si la cantara un rapero, quizá sería delito.
Con eso os digo todo.
Desde ABC, el director Bieito Rubido compite noblemente a ver
quién es la mejor plañidera de la prensa española. Titula su sección
El astrolabio con un escueto Inmerecido, y nos dice así. “Mariano
Rajoy no se merecía terminar su etapa como presidente del
Gobierno de esta manera. Su figura se agrandará a medida que
pasen los meses”. Yo también creo que la figura de Rajoy se
agrandará en pocos meses. Dejará de caminar rápido para los
telediarios por los montes de Galicia y engordará. Es ley de vida.
El columnista Ignacio Camacho tiene en el mismo periódico una
sección bajo el nombre Una raya en el agua, aunque leyéndolo a
veces da la impresión de que se ha puesto la raya en otro sitio. Es el caso de este Elogio de la retirada a tiempo que nos viene a decir que Rajoy se va, que no lo echan: “Sin duda no merece lo que ha tenido, vilipendiado con injusto desprecio a su cabal compromiso con la
nación y su formidable hoja de servicios”. Repaso la hoja de
servicios del finado y me encuentro el Prestige, 11-M, Gürtel, Púnica, Lezo, Bárcenas… Si es que este hombre no ha parado de acumular méritos.
En El País hay menos hagiografía, como corresponde a un periódico
casi aconfesional. Se insiste, eso sí, en la inoportunidad de la moción
de censura, de la que surgirá un gobierno imposible por la escasa reprentatividad parlamentaria del futuro partido de poder. El diario de Prisa, como todos los demás, niega la realidad. Hay que
acostumbrarse a gobernar con 84 diputados. Son cuatro partidos a repartirse 350 quesitos casi en igualdad de condiciones. Dejemos
50 a nacionalistas y minoritarios, salvo que la cifra crezca con una sensata reforma electoral. Quedan 300. En estos tiempos de
empate técnico, los cuatro grandes tocan a 75 cada uno. El fin del bipartidismo era esto. Acostumbraos, y acostumbradnos, a
gobernar con tan pocos y con tanto. Por favor.
Genial estuvo en El País Íñigo Domínguez relatando los últimos instantes del caudillito pontevedrés: “Su último discurso […] fue
muy corto, ni tres minutos, y le sirvieron para recuperar in extremis
la elegancia que había perdido, desaparecido en las últimas 24
horas, aunque sea de lo más humano hacerse fuerte en un bar”.
Es un sentir extendido. María Carbajo lo resumió así en un tuit:
“Rajoy se ha metido en un bar a las tres de la tarde y ha salido a
las 22h. Qué queréis que os diga, a mí me representa”.
El Mundo, también algo crítico con la herencia que deja el
pontevedrés, aunque sin pasarse, pone énfasis en la
“sobresaliente oratoria [que] brindó debates vibrantes que ya
figuran en la historia del parlamentarismo español”. No puedo
por menos que estar de acuerdo. Pocos oradores he conocido
capaces de aislar el núcleo irradiador de una idea con igual
destreza y poesía: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor
para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político”. Los
anales del parlamentarismo guardarán en sus siglos este brillante
diserto que engalanará por siempre el noble arte de la oratoria
española. Al césar lo que es del césar.
En resumen, que nos deja huérfanos un presidente honrado y gran orador. Yo no sé si Rajoy es más honrado que buen orador. Espero
que sí, pues de lo contrario va a darle más trabajo a nuestros jueces
que a nuestros académicos. Descanse, por cierto, en paz.

LA RAZÓN DE POR QUÉ RAJOY NO DIMITE


La razón de por qué Rajoy no dimite



Siempre se ha dicho que es mucho más fácil hacer discursos en la 
oposición que en el Gobierno. Así que no era necesario que el 
PNV diera a conocer el sentido de su voto en la moción de 
censura para tener la certeza de que Rajoy se sentía ya fuera 
del poder y que, si llegó tarde al inicio de la sesión, fue 
precisamente porque había empezado la mudanza. 
Más allá de la satisfacción porque la higiene democrática y 
la regeneración política acaben imponiéndose, hay que reconocer 
que el del PP estuvo ocurrente, gracioso y hasta brillante. Todo 
un éxito su debut como líder de la oposición.
Ahora bien, la manera que Rajoy ha escogido para su mutis
es muy significativa. Consciente de su derrota, pudo haber
elegido la dimisión, que no dejaba de ser una manera digna de
asumir sus responsabilidades. El propio Pedro Sánchez se lo
pidió tantas veces desde la tribuna que aquello excedió de la
simple defensa a las acusaciones de oportunista y ‘asaltamoncloas’
que le dedicó el todavía presidente. La insistencia adoptó casi la
forma de una súplica, de la petición de un favor personal con el que
evitarle sufrimientos, de un ‘me fastidia hacerle esto, así que
no sea cabezota y acabemos cuanto antes’.
Si como se empeñó en afirmar Rajoy, a Sánchez sólo le movía la
ambición personal, su gobierno sería tan Frankenstein como su
programa, y su idea de mantener los Presupuestos era
la primera confirmación de que ya era rehén de los nacionalistas
y de que había puesto en almoneda la unidad de España, lo
sensato por el bien del país hubiera sido dimitir, hacer decaer
la moción y mantenerse en funciones hasta que un nuevo
candidato designado por el Rey obtuviera la investidura.
En este proceso, similar al que presenciamos hace un par de
años y que se prolongó durante meses, Rajoy hubiese podido
disponer de algún tiempo más para dejar atados algunos cordones
y, por qué no, para intentar convencer a otros grupos de la
conveniencia de apoyar a un dirigente del PP no salpicado por la
corrupción, quizás a la vicepresidenta, para que completara la
legislatura una vez que el jefe del Estado le propusiera.
Tres razones pueden haberle hecho desistir de ese camino.
La primera, el convencimiento de que el interregno sería muy
breve y de que sus adversarios pactarían rápidamente un
candidato que proponer al Rey con el único objetivo de convocar
elecciones de manera inmediata. La posibilidad de que alguien
del PP pudiera heredar su fardo era, en consecuencia, nula.
La segunda, que no tiene nada que ver con el interés general
de España, sería ganar tiempo desde la oposición para rearmar
al partido y tratar de equilibrar la balanza en la lucha que
mantiene con Ciudadanos para demostrar cuál de los dos
es más de derechas y más españolista. Se aprovecharía así
el PP del supuesto compromiso de Sánchez con el PNV de
alargar todo lo posible la legislatura para intentar pinchar
la burbuja de Rivera, que hoy flota en lo alto de todas las
encuestas y que tanto pavor causa entre los
nacionalistas vascos y también entre los populares.
Y finalmente, y no menos importante, no dimitir facilita a
Rajoy mantener intacta su intención de seguir al frente del
PP y volver a concurrir como candidato en los siguientes
comicios con el mismo argumento que ha utilizado en el
debate de la moción de censura: “¿Por qué tengo que dimitir 
yo que de momento tengo la confianza de la mayoría de los
españoles?”, se preguntaba. ¿Por qué no intentar revalidarla?
Será lo mismo que oponga a quienes dentro de su partido
pretendan pasar su página, si es que el valor que algunos
manifiestan en privado se transforma en pública osadía,
cómo sería la exigencia de un congreso extraordinario.
Este presumible intento de continuidad sería imposible con el
precedente de la dimisión, que necesariamente desembocaría en
un proceso de renovación del PP, en la elección de un nuevo
liderazgo y en la jubilación política de este registrador de la
propiedad del que estamos hablando. Rajoy se va porque le
echan, pero hará todo lo posible para permanecer por si a la
Justicia le da por fijarse en él ahora que va por la calle y no está
en ningún palacio. La libertad bajo fianza de la mujer de
Bárcenas ha conjurado por ahora el peligro de que el extesorero
cumpla su amenaza de exhibir más vergüenzas. Rajoy necesita
estar y hasta volver. Es su seguro de vida.

SÁNCHEZ EL INESPERADO O LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Bienvenido cualquier alivio, por pequeño que sea, pero de lo que se trata no menos, si no queremos que vuelva el PP o lo desbanque C's, es de obligar al PSOE a romper con su pasado y de obligar a Podemos a volver al suyo

SANTIAGO ALBA RICO

EULOGIO VALDENEBRO , 2 DE JUNIO DE 2018
Podemos felicitarnos del resultado, imprevisible y casi mágico, pero habrá que reconocer que la ceremonia de la moción de censura, irreprochable en términos de procedimiento democrático, ha sido poco edificante. el cometido del parlamento no es el de proteger la libertad de expresión, derecho individual que hay que blindar frente a toda censura estatal pero que está felizmente limitado en nuestras vidas privadas por la buena educación, la piedad, la ternura y el pragmatismo. 
La misión del parlamento, sede de la soberanía popular, debe ser la de proteger el debate; es decir, los argumentos, las propuestas y, en definitiva, el lenguaje mismo como instrumento de comunicación y persuasión. El parlamento no es el lugar -no- de la libertad de expresión. 
Para eso están los estadios, los bares, los dormitorios y -si nos dejan- las redes sociales. 
Al contrario, el ingreso mismo en el hemiciclo debería inducir en los diputados una espontánea contracción de la libertad de expresión en favor de la argumentación, el rigor, la destreza intelectual y, si se me apura, la belleza; al menos ese tipo de belleza que, asociado a la disciplina verbal, llamamos retórica. Un debate parlamentario debería ser reglado y pugnaz como  encuentro de esgrima y apasionante como una demostración matemática. 
Frente a este ideal y volviendo a la Carrera de San Jerónimo, un parlamento en el que hay más libertad de expresión que en Twitter, menos retórica que en una cita amorosa y el mismo nivel de debate que en una discusión futbolística no se parece a la “gente”, como pretendía Podemos, sino a nuestros peores medios de comunicación. Lo que dice mucho también acerca de nuestros medios de comunicación.

Retóricamente, el debate de la moción fue nulo. Sólo tres intervenciones estuvieron a la altura: la de Mariano Rajoy, formidable fajador decimonónico que, contra las cuerdas y más agresivo que nunca, vapuleó a Ábalos y a Sánchez; la de Aitor Esteban, que tuvo el valor sereno de explicitar las reglas del juego y mostrar todas sus cartas con finezza jesuítica, y la de Pablo Iglesias, al que, incluso en sus momentos más broncos, hay que reconocer brillantez, desenvoltura y cromatismo. Pedro Sánchez, que es todo él caucho y aire, aire y caucho, no dependía felizmente de su capacidad oratoria y menos aún de sus dotes de improvisación, completamente romas frente a Rajoy y Rivera. En definitiva, todas las emociones de la sesión fueron exteriores a un debate impropio de un acontecimiento parlamentario de ese calado. Si faltó retórica, sobró, en cambio, su contrario: demagogia. La retórica, que mantiene una relación aleatoria con la verdad, enaltece y vivifica las palabras; la demagogia las mata. Por eso la post-verdad no tiene nada que ver con la retórica, que se sitúa al lado –pero no después– de la verdad; tiene que ver con la demagogia, que es el crimen lingüístico propio de los políticos. Hace unos meses, en una de esas falsas noticias que escribo para el programa de radio Carne Cruda citaba el estudio apócrifo de una organización inventada, Cuida tus Palabras, que demostraba que “las mismas palabras que florecen y se mantienen frescas y vivas en las bocas de las cajeras del Carrefour, de los camioneros y de los poetas, se corrompen en pocos segundos apenas son pronunciadas por los miembros de nuestra clase política”. El inventado director de la inventada organización, Juan Alberto Ciernes, enumeraba algunas de las palabras asesinadas en el año 2016 (“responsabilidad” o “sentido común”) y pedía limitar legalmente el léxico de los políticos para proteger así el significado de las cosas y el poder verbal de los ciudadanos: “Las palabras las paren los amantes y los poetas; no hay que dejar que las maten los políticos”. Las palabras, que nombran las cosas, también las desgastan. Esa es la mejor definición posible de demagogia y la más precisa ilustración del populismo verbicida de nuestros “anti-populistas”. No propongo, claro, que se limite legalmente el léxico de los diputados pero sería un reto saludable que se impusieran a sí mismos –con el objeto de proteger el lenguaje común– algunas restricciones: intentar,  por ejemplo, hablar media hora sin mencionar las palabras “democracia” o “España”, las más dañadas durante la sesión parlamentaria. Hernando y Rivera las gastaron tanto que ya no queda bastante democracia para elegir a un delegado de clase ni bastante España para levantar una choza o plantar un geranio. 
Los representantes del pueblo deberían imponerse también otra restricción. Deberían renunciar a la libertad de mentir. En el debate parlamentario hubo cero retórica, mucha demagogia y post-verdad a toneladas: es decir muchas mentiras concienzudas y desvergonzadas. Hasta 27 contó Ignacio Escolar, director de eldiario.es, en las intervenciones de Rafael Hernando, orgulloso de la corrupción lingüística de su partido, aún más grave que la económica. ¿Quién debe impedir que los diputados mientan? Los partidos políticos mediante la transparencia discursiva, organizativa y administrativa; y los medios de comunicación con su independencia profesional y su presión sobre los partidos. Porque el Parlamento, como decía al principio, no se parece a la gente sino –lo que es razonable en un sistema representativo– a los partidos y a los medios de comunicación. Es un hecho poco objetable si no estuviéramos hablando de partidos corruptos y de medios de comunicación partidistas, pues son ellos los que acaban marcando la pauta e imponiendo el tono de los debates. Nada tiene de extraño, pues, que la corrupción del PP contamine sus discursos; ni que la grosería panfletaria de OK Diario o de Libertad Digital atraviese las peroratas de Hernando. Pero esa contaminación degrada de tal manera la actividad parlamentaria que, a la espera de sanear los partidos y redignificar el periodismo, se debería constituir una comisión de periodistas parlamentarios independientes –como la hay de letrados– facultados para intervenir in situ tras los discursos y desmentir, si fuera el caso, las trolas más flagrantes. No se puede aceptar que los españoles oigan decir a un diputado –aupado en una tribuna de autoridad pública– que una moción de censura no es “democrática”, que la sentencia de la Gürtel no condena al PP o que los tribunales se han pronunciado contra Pablo Iglesias por recibir 400.000 euros de Irán.

En cuanto al resultado de la moción, se ha dicho casi todo. La salida de Rajoy, y la sencillez procedimental con que se ha volteado lo imposible, producen una alegría purísima. Pero deberíamos contener nuestro entusiasmo. Se ha llegado hasta aquí de la única manera posible, en la concurrencia de factores adventicios que nadie podía prever y que han desatado con una varita mágica los grilletes que impidieron a PSOE y Podemos llegar a un acuerdo hace dos años. Ahora bien: esos grilletes eran tan objetivos –en términos de partido– como esta reanudación “oportunista”. No se podía haber llegado antes hasta aquí, como algunos pretenden, pero llegar ahora y de esta manera –alzando el PSOE la mira y rebajando Podemos sus ambiciones– ilumina también la complicada relación de fuerzas en la que se verá enredado el gobierno de Sánchez. No ha sido una varita mágica. Recordémoslo de nuevo: la moción de censura ha investido como presidente al secretario general muy cuestionado de un PSOE debilitado; ha contado con el apoyo de un Podemos descascarillado y errático; y se ha resuelto gracias al voto del PNV, de PdeCAT y de ERC, fuerzas demonizadas incluso por una parte del electorado socialista. Sánchez va a recibir, por tanto, la presión –de un lado– del IBEX, del PP y de C's, de su propio partido y de la mayor parte de los medios de comunicación; y –del otro– la de “las fuerzas del cambio” con sus justas reivindicaciones sociales y civiles y la de los partidos nacionalistas, que votaron a sabiendas de que Sánchez no se va a volver independentista, pero a los que habrá que hacer algunas concesiones, y no sólo simbólicas. En realidad, lo mejor y más esperanzador de la destitución parlamentaria de Rajoy es justamente el apoyo del procesismo catalán. Y si el nuevo gobierno fuese capaz de introducir un poco de distension y de diálogo en Catalunya, normalizando así el juego político lejos de las banderas y los tribunales, todos –españoles y catalanes– saldríamos ganando y la moción de censura habría quedado ya justificada. Entre unas presiones y otras –y la de su propio carácter, caucho y aire, díscolo por orgullo, conformista por ambición– Sánchez se definirá muy pronto. De entrada frente a Podemos, fuerza con la que mantiene una relación muy parecida a la que mantiene el PP con C's: de dependencia y de amenaza. Sería ingenuo pensar que Sánchez no va a hacer todo lo posible por conservar el apoyo de Podemos pero también por debilitar sus opciones electorales; o que Podemos, frente a su exclusión previsible del nuevo gobierno, no volverá a meter la pata y, con poco margen de maniobra, no subirá el tono verbal para evitar quedar fuera de juego. Sólo Madrid y Barcelona, en vísperas de las elecciones municipales, podrán forzar un equilibrio contrario a las inercias íntimas de los dos partidos (y a las voluntades de sus líderes).

En todo caso, por mucha y muy necesaria que sea la alegría –hasta desde un punto de vista “moral”–, lo que sería un error es dejarse arrastrar por ella e interpretar que el 1 de junio España se desplazó –los españoles se desplazaron– hacia la izquierda. No. Si en algo tenían razón los enrabietados Hernando y Rivera cuando invocaban –¡ellos!– la “democracia” era en su convicción de que unas elecciones generales darían hoy la victoria a una mayoría de derechas. Por eso el éxito democrático de la moción de censura es sobre todo una oportunidad. Atado por los presupuestos y por todas las presiones arriba mencionadas, es improbable que en un año el gobierno de Sánchez haga –ni siquiera– todo lo que podría hacer: pensiones, mercado laboral, recuperación pública de la sanidad, ley mordaza, etc. Pero de que haga más o menos, y de que lo haga con la visible tensión de las “fuerzas del cambio” y de la calle dependerá el que las próximas elecciones –ya muy cercanas– confirmen que, en efecto, España no se parece a Italia o a Hungría. O, por el contrario, que España se está europeizando de la peor manera, a toda prisa y sin remedio. 

La paradoja de la moción de censura es que ha restaurado el “turnismo” bipartidista mediante una anomalía que revela asimismo su agonía. Una vez más el PSOE ha sucedido al PP, como tantas veces en las últimas cuatro décadas. Pero en esta ocasión lo ha hecho con un líder reprobado por su propio partido, con el apoyo de Podemos y sus 70 diputados y frenando en seco a C's, hijo bastardo también del nuevo marco político abierto tras el 15-M. El milagro de la moción es éste: que nos concede otra oportunidad, después de haber perdido tantas, cuando nadie ya la esperaba. ¿Cómo no estar contentos si nadie la esperaba? ¿Y cómo no estar preocupados después de haber perdido tantas? No pidamos poco; no pidamos demasiado. Bienvenido cualquier alivio, por pequeño que sea, pero de lo que se trata no menos, si no queremos que vuelva el PP o lo desbanque C's, es de obligar al PSOE a romper con su pasado y de obligar a Podemos a volver al suyo. 

En los próximos meses, con la vista ya en las cruciales citas electorales, y en la posibilidad por tanto de consolidar este dique esperanzador, toda la política de izquierdas debe pasar por el triple arte de saber presionar, saber ceder y saber romper. Celebremos cuanto haga falta para recordar que “sí se puede”, pero no tanto como para olvidar que, en realidad, España sigue siendo la misma que hace una semana; y que hay que cambiarla.

AUTOR: 

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo)