miércoles, 26 de noviembre de 2014

ARGENTINA 200 AÑOS MÁS TARDE

La Argentina  200 años más tarde


Cabildo de  la Ciudad  de Buenos Aires
La Argentina y su futuro

   Mis años me autorizarían a hablar de glorias pasadas como suele suceder con la gente de mi edad, pero no lo haré porque no lo siento así: mis luchas  de entonces no autorizan melancolías. Entiendo que es hora de que asumamos, como otros países del entorno  lo han hecho, que de resultas de aquellas injustificadas exaltaciones de glorias que no fueron, sólo han quedado penosas miserias que en este momento afectan a 12 millones de argentinos. Pese a que no estoy en condiciones de encarar una lucha que mis huesos no resistirían, sí puedo mirar el futuro y sentir ráfagas impetuosas en Hispanoamérica que estimo terminarán con el ostracismo al que se viene condenando a la Argentina desde hace muchas décadas, tantas cuantas corren desde que perdió el rumbo echándose en brazos de aquellos a los que no les interesó mecerla.  
   El mundo que nos toca vivir parecería exento de pasados. La velocidad se ha devorado el tiempo y éste a su vez el espacio. Hay que actuar con rapidez, sin nostalgias, que frenan la marcha; orgánicamente, pero sin las ataduras que impone la obsolescencia de un sistema  cuyas organizaciones están al servicio de otros intereses; con frenesí, induciendo a una lucha que alerte nuestros sentidos como para percibir  diferencias, pero sobre todo para ver semejanzas,  que son las que autorizan la puesta en común; definir una clara política de integración social a partir de contenidos que aún no reconocemos como de interés, para proyectarnos en un mundo que puede escapársenos de las manos si no actuamos con celeridad y precisión.
   Pongámonos en marcha. ¿Qué hacia dónde vamosEn busca de un nuevo amanecer. ¿Qué vamos a hacer en el camino mientras marchamos? Nos lo dice Unamuno: LUCHARy LUCHAR; ¿cómo? ¿TROPEZÁIS  CON UNO QUE MIENTE?, gritarle a la cara ¡MENTIRA! Y ¡adelante!; ¿TROPEZÁIS CON UNO QUE ROBA?, gritarle ¡LADRÓN! Y ¡adelante!; ¿TROPEZÁIS CON UNO QUE  DICE  TONTERÍAS?,  gritarle  ¡ESTÚPIDO!   Y adelante. ¡ADELANTE SIEMPRE ADELANTEY si alguno te dijera que él sabe tender puentes, ¡FUERA CON ÉL!  Los ríos se cruzarán vadeándolos, o a nado, AUNQUE SE AHOGUE  LA MITAD DE LOS CRUZADOS.
   Poco podemos aportar que no se sepa ya de la privilegiada  geografía de la Argentina. Todos hablamos de sus riquezas -"un país tan rico", se escucha decir como un lamento ante los problemas que la acosan y su incapacidad para salir adelante-. Hay algo, sin embargo, de lo que no se habla: la ventaja que tiene por encima de cualquier otro país por su proximidad con la Antártida, un inmenso continente helado que esconde las más variadas riquezas. Proteínas, minerales, petróleo y agua, reservas éstas que habrán de servir las necesidades de la humanidad en apenas 40 o 50 años.
   La existencia de una poderosa ciudad europea, Buenos Aires, en los confines de Latinoamérica no es una simple casualidad. Tampoco lo es una Patagonia despoblada; ni lo fue la Guerra de Las Malvinas –riquísimas en petróleo, como acaba de descubrirse-; ni el afán del país hermano allende la cordillera, Chile por reclamar la Patagonia como propia; ni la articulación de sus gestores con los intereses económicos y financieros del mundo; ni sus golpes militares; ni su decadencia, pese a sus recursos; nada es casual. Todo indica que el mundo está a la espera de que llegue el momento de ocupar sus espacios vacíos y pegar así el salto a una declamada Antártida Argentina que de hecho, poco tiene de Argentina más allá de un título que sólo se reconoce en las escuelas.
   Los hispanoamericanos no podemos resignarnos a que nos la arrebaten. España tampoco. España tiene que tomar conciencia de que los grandes nubarrones que tiñen de sombras su presente tampoco son una casualidad y que ha llegado el momento de que se vea en Buenos Aires, operando sobre el opulento territorio blanco, hermanada con argentinos, bolivianos, uruguayos, paraguayos, chilenos... La Patagonia se poblaría con  gente proveniente de toda Hispanoamérica para ganarse un pan que no logra ganar en sus propios países y los argentinos por fin dejarán de mendigar por un mendrugo de pan.
  Si la Argentina no se pone en marcha pasará a ser apenas un territorio ocupado por intereses que no se corresponderán con las necesidades de su ciudadanía. Y ponerse en marcha  significa coincidir en una puesta en común que termine con una partidocracia paralizadora; asumir un cambio en sus gentes -las que habitan su territorio, desgastadas por la pobreza y la incertidumbre,  y los que vemos  su desgaste desde fuera con la perspectiva que ofrecen los países que han logrado salir adelante gracias a la capacidad de una  dirigencia eficiente que no se ha instalado en las ideologías sino en la realidad de un mundo cambiante-.
   La Argentina tiene que acercarse a España. España la necesita tanto como la Argentina a ella. La Argentina porque se acercaría a un país con el que tiene en común algo más que su lengua, y España porque  no  puede perder la oportunidad de ser el eje  de una mancomunidad de naciones con una lengua común como jamás se ha dado en ninguna parte del mundo con ninguna otra nación colonizadora. 
Será muy difícil, pero valdrá la pena intentarlo.
Dicho en Guadarrama, Madrid, el 25 de mayo de 2010, en ocasión de la conmemoración del Bicentenario y la presentación de un libro que habla de un pasado cruel: Argentina, ¿hasta cuándo?

Carlos Á. Trevisi
Fundación Emilia Mª Trevisi

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