domingo, 25 de junio de 2017

EL FIN DEL PROFESOR FUNCI0NARIO


El fin del profesor ‘funcionario’



TRUMP SACA A EE.UU DEL ACUERDO CLIMÁTICO DE PARÍS

Sánchez Sorondo acusa a Trump de haberse dejado "manejar" por la industria petrolera

 
SI EEUU SALE, "SERÍA UNA ENORME BOFETADA EN LA CARA" Y UNA "TRAGEDIA", AFIRMA EL PRELADO


El presidente anunció la salida de su país del pacto por el clima de París


Decir que necesitamos depender del carbón y el petróleo es como decir que la Tierra ya no es redonda. Es un absurdo dictado por la necesidad de ganar dinero

 (C. Doody/Agencias).- El presidente Donald Trump anunció esta noche que EEUU saldrá del acuerdo climático de París. "Sería un desastre para todos. Hay poco más que decir", subrayaba horas antes el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Academia Pontificia de Ciencias, añadiendo que la retirada sería "una enorme bofetada en la cara" para el Vaticano.

En su reunión de la semana pasada, Francisco le dio al presidente estadounidense una copia firmada de su encíclica del 2015, Laudato Si', en la que instó a la protección del medio ambiente de los efectos nocivos del cambio climático y respaldó la evidencia científica de que el impacto es causado por la actividad humana.

El secretario del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, pidió entonces a Trump en un encuentro separado, tras la audiencia del mandatario con el Papa, que Washington no abandone el acuerdo.

"Si realmente Estados Unidos sale, sería una enorme bofetada en la cara para nosotros", dijo el obispo Sorondo -quien ha dado numerosas conferencias internacionales sobre cambio climático- citado por el periódico italiano La Repubblica. 

El pacto, firmado por casi 200 países hace dos años, apunta a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. En ese momento, todavía bajo el mandato del expresidente Barack Obama, Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones entre 26 y 28 por ciento para 2025, comparado con los niveles de 2005.

Sánchez Sorondo dijo que cree que la presión del mercado petrolero estadounidense estaba detrás de la intención de Trump y que la industria había "manejado" al presidente: "Decir que necesitamos depender del carbón y el petróleo es como decir que la Tierra ya no es redonda. Es un absurdo dictado por la necesidad de ganar dinero". "En todo caso", continuó el obispo, "hay que admitir que, por desgracia, Obama tiene algo de la culpa de esta situación". Por implementar su política climática a través de decretos ejecutivos, y no por leyes consensuadas y debidamente aprobadas por el Congreso y Senado.

"Este es el problema", señaló Sánchez Sorondo. "Hoy por hoy, Trump puede, en un día, cambiarlo todo, perjudicando a muchos y favoreciendo el lobby petrolero, ya que nadie intervino antes de forma más incisiva y con miras al largo plazo".

De todas formas, Sánchez Sorondo no es el único actor eclesial que ha pedido in extremis que Trump permanezca dentro del acuerdo de París. La Conferencia Episcopal de los EEUU, a través del presidente del comité de Paz y Justicia Social -el obispo Óscar Cantú- se ha reafirmado este jueves en su apoyo de "medidas prudentes como para mitigar las peores consecuencias del cambio climático". "Esperamos que EEUU honre el compromiso que adquirió" en la cumbre de París, concluyó Cantú en su comunicado.

Asimismo, en un giro sorprendente, en las últimas semanas hasta importantes protagonistas de la industria petrolera se han sumado a la campaña para mantener a EEUU en el acuerdo contra el cambio climático. En anuncios a toda página colocados recientemente en importantes rotativos como el New York Times o el Wall Street Journal, representantes de varios petroleros aludían al aumento de empleo o el crecimiento económico como argumentos sólidos para invertir aún más en energías renovables. 


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DEBATE SOBRE LA UNIVERSIDAD Y EL PROFESORADO

SE DESCONOCE PROCEDENCIA
Diez años de inestabilidad: el régimen jurídico del personal docente e investigador en España. Este es el título del Curso de verano que la Universidad de Burgos organiza para los días 13 y 14 de Julio según un atractivo Programa. Muy oportuno dado que el modelo docente universitario revienta por las costuras, cuyo último crujido es el actual calvario para la acreditación que ya comenté.
Los diez años responden a que en este año 2017 se cumple una década de la aprobación de la Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, por la que se modificó la LOU (Ley Orgánica de Universidades).
Creo que será un estupendo foro, aunque a bote pronto se me ocurre una ráfaga de reflexiones para poner sobre la mesa.
  1. Creo que más que de diez años de inestabilidad podría hablarse de treinta años pues hacia 1987 se ultimó el proceso de consolidación de penenes y reconversión de la Universidad española al modelo departamental, implantado por la Ley de Reforma Universitaria de 1983 y comenzó la desazón de la carrera académica, la competencia y el tejer y destejer del modelo de profesorado.
  2. Hace unos días tuve ocasión de comprobar de la boca de veteranos catedráticos su desencanto por el modelo actual en que se han masificado los miembros de cuerpos docentes y en que existen barreras de papel entre profesores con plaza y profesores acreditados o entre docentes funcionarios y laborales.
  3. Pero un mes antes asistí con unos jóvenes investigadores a un seminario en que se quejaban de que la carrera docente estaba copada y colapsada y que ellos tendrían suerte si accedían a la Cátedra… al pie de la jubilación.
  4. También me resuenan los ecos de debates entre profesores que son sacerdotes de la investigación y otros que santifican la docencia.
  5. Y cómo no, los hay satisfechos de su alma mater, pero descontentos con las interferencias ciegas, politizadas o economicistas de su Comunidad Autónoma.
  6. De telón de fondo, siempre aletea la incesante comparación del profesor, que se compara con sus homólogos de otras universidades, o con los de otros países, o con los de otros regímenes profesionales de su propia universidad. Pocos satisfechos con su suerte.
  7. Por supuesto, no falta quien enarbola la solución mágica: borrar categorías de Catedráticos, titulares y contratados. Todos “Profesores”… pero eso sí, “unos mas iguales que otros”.
  8. Tampoco se ignora la brecha cada vez mas creciente entre apocalípticos e integrados. Los apocalípticos, que sueñan con su universidad de pergamino, papel y rostro. Y los integrados, que asumen las tecnologías como catalizador de su productividad docente e investigadora.
  9. Desde fuera, para la mayoría de los políticos la Universidad se ofrece con una doble faz, según planteamientos calculadores o pragmáticos. Para los calculadores, la Universidad es un botín, una plataforma de apoyos o críticas que sabiamente utilizada puede proporcionar réditos electorales.Para los pragmáticos, la Universidad es como una reserva india. Que se mantengan sin molestar a los de fuera y que parezca que los respetamos.  Lo cierto es que pocos políticos creen en una universidad feliz, productiva y motor de revoluciones de conocimiento y sociales, porque son especie a extinguir.
  10. Subsisten eso sí, profesores utópicos que acuden a su laboratorio, que son felices con la tiza enseñando o que alumbran publicaciones con el gozo de la nueva paternidad, y que se elevan por encima de la mediocridad para aportar mas ciencia, crear discípulos y contribuir a un mundo mejor.
Como siempre creo que la clave para el éxito de la Universidad radica en que cada miembro de la comunidad universitaria sencillamente mire a sus adentros y adapte para sí la famosa pregunta de Kennedy: No te preguntes que puede hacer la Universidad por tí, sino que puedes hacer tú por la Universidad.
De ahí mi interés por aclarar el revuelto océano universitario y ofrecer sencillos videos explicativos titulados el Derecho Universitario en dos patadas, o las Universidades ante la nueva legislación administrativa en diez minutos
Es sabido que he vivido mucho la Universidad, que he escrito mucho sobre ella, que he debatido mucho sobre ese ecosistema y siempre he sabido que tiene un potencial enorme, que aloja los mejores cerebros con los mejores medios, pero también que se mira demasiado el ombligo, tanto la institución como cada Centro, Departamento y cada profesor. Demasiados soles para un único sistema solar.
Es curioso que hace unos días, Antonio Arias, me hacía llegar un viejo artículo que publiqué en la Revista Auditoría Pública en 1995 titulado La necesaria reorganización universitaria (Auditoría Pública nº 3, 1995). Y si uno lee ese artículo en 2017 comprobará que sustancialmente el diagnóstico de los males universitarios y la receta parecen actuales. No sé si es bueno o inquietante. No sé si es bueno porque demuestra una capacidad de supervivencia de los males universitarios como los virus o si por el contrario es malo por la incapacidad para vacunarnos de ellos.
En fin, considero que en Burgos será una buena ocasión para debatir los días 13 y 14 de julio, con ese estupendo Programa, ponentes de lujo y la garantía del patrocinio de AEDUN (Asociación para el Estudio del Derecho Universitario), para lo que está abierta la matrícula.

viernes, 23 de junio de 2017

CENTENARIOS:¿VALIÓ LA PENA LA INDEPENDENCIA?


¿Valió la pena la independencia?

¿Pudo Hispanoamérica desarrollarse sin desmembrarse dentro de una comunidad hispánica de naciones -un commonwealth- tal y como lo propuso, acaso míticamente, el conde de Aranda al monarca Carlos III?

 ¿Pudo, aun sin la Corona, Hispanoamérica independizarse sin desmembrarse?
     
¿Cuánto influyó la pérdida de la Corona en las colonias y cuánto la pérdida de las colonias en la Corona?

¿Fueron nuestras Constituciones, como dijo Victor Hugo, "creadas para los ángeles, no para los hombres"? 

¿Confundimos sistemáticamente lo real con lo posible? 

¿Hasta qué punto se separa la nación real de la  nación legal?

¿Creamos Estados virtuales divorciados de las sociedades reales?

¿Suplimos la ignorancia con la osadía?

¿Nos entregamos con demasiada alegría a la "imitación extralógica"?


¿No supimos incorporar al proyecto independentista al indio y al negro?


martes, 20 de junio de 2017

ESTADO DE BIENESTAR (II)

CARLOS  TREVISI

LO QUE SIGUE ES  E.DE B. (II) PARA COMENTAR  EN ESTE   E.DE B.  (II)

Introducció hblando de la sociedad española. Sus escaseces afectivas para  ponerse en común, las sociales para compartir, y qué no  Unminisro de economía tendrí ue ser filósofo y no economista. Los economistas vuelan sobre los núemeros pero no hay eferencias a la gente



¿El Estado de Bienestar es insostenible porque “resulta imposible mantenerlo”?
29 mayo 2017 

Las palabras que encabezan este artículo son textuales. Las dijo en abril de 2009 el ex presidente José María Aznar (Aznar cree insostenible el actual Estado del bienestar) y las ha vuelto a repetir en nuevas ocasiones, más o menos de la misma forma que los demás responsables de las políticas económicas que se han aplicado en los últimos años. Y, como ha ocurrido con otros mitos y mentiras, a fuerza de repetirse se ha conseguido que la gente termine creyéndose esa idea y que acepte las medidas que recortan sus derechos y los bienes públicos a los que venía accediendo. Pero ¿qué hay de verdad en esa afirmación? ¿Es cierto que los gastos públicos destinados a garantizar bienestar social son tan elevados y necesitan una financiación tan exagerada que resulta “imposible mantenerlos”?
A mi juicio, tanto si contemplamos el caso español como el de otros países avanzados, se puede concluir fácilmente que lo que dicen Aznar y otros políticos o economistas de su misma orientación es el resultado de sus preferencias ideológicas y contrario a la realidad que muestran los números.
En primer lugar, habría que explicar por qué en otros países se puede mantener sin demasiados problemas un porcentaje de gasto social sobre el PIB más elevado que el español y en nuestro país no. Es más, lo que habría que considerar es que nuestro gasto social más reducido es una rémora a la hora de generar más ingresos y actividad económica. Es decir, que conviene ponerlo a la altura de los demás, en lugar de reducirlo, si queremos que nuestra economía funcione mejor.
Increíblemente, los economistas y políticos neoliberales que atacan el gasto social y al Estado de Bienestar lo hacen considerando que es un gasto perdido, una especie de dispendio que se desperdicia en la propia barriga del Estado y que, por tanto, no tiene utilidad ninguna. Digo que resulta increíble que se diga eso porque resulta obvio que cada euro de gasto que realiza el Estado en sanidad, educación, pensiones…, o en cualquier otro concepto, se convierte (más o menos inmediatamente y en mayor o menor proporción) en un euro de ingreso del sector privado. El gasto público lo reciben empleados públicos que se lo gastan en consumo de bienes y servicios, o empresas que igualmente lo incorporan a la actividad económica invirtiendo y gastando a su vez, o rentistas que adquieran deuda pública (otra cosa es, como señalaré después que se tenga que gastar en intereses o que salga de nuestra economía).
Yo no defiendo que el Estado gaste por gastar, sino que se evalúe con el máximo rigor la conveniencia social del gasto público y su forma de realizarse. Pero eso es una cosa y otra creer a los economistas liberales cuando, para rechazar al Estado por preferencias ideológicas, se inventan el mito de que el gasto público no ayuda a la economía privada o a la actividad económica en general.
La realidad es que el gasto social y público en general tiene dos grandes ventajas. La primera, que cuando se realiza puede generar un incremento final en la renta mucho mayor. Es lo que los economistas llamamos el “efecto multiplicador” del gasto público (parecido al que tienen la inversión o las exportaciones) y que algunos economistas anarquista-liberales incluso se empeñan en negar con tal de justificar sus preferencias ideológicas (o intereses pecuniarios) . Es cierto que puede ser mayor o menor, o incluso anularse en determinadas circunstancias, pero, como las meigas, haberlo, háylo. Como explico en mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, organismos tan conservadores como el Fondo Monetario Internacional no solo confirman su existencia, sino que han tenido que reconocer que es más grande de lo que se creía (y entonces?. El gasto público no llena la barriga del Estado, sino el bolsillo del sector privado, como saben muy bien los grandes promotores, constructores y banqueros españoles, sobre todo, pero también la inmensa mayoría de los empresarios que pueden vender sus productos gracias a que hay quienes reciben ingresos, por una vía u otra, del Estado.
La segunda gran ventaja del gasto social (y público en general) es que se puede financiar sin coste alguno por el banco central puesto que el dinero que presta se crea de la nada. Es evidente que eso hay que hacerlo garantizando siempre que la demanda que se crea tenga oferta suficiente para que no suban los precios, pero significa que el gasto social puede utilizarse sin problemas para activar la economía cuando el sector privado no consigue hacerlo.
Y esta ventaja del gasto social lleva directamente a descubrir otra de las grandes mentiras de los políticos y economistas neoliberales sobre su sostenibilidad. La que afirma que es el causante de los déficits y de la abultada deuda pública.
La oficina de estadística europea Eurostat acaba de publicar los últimos datos de deuda pública e intereses de España y del resto de países europeos y son bastante claros al respecto.
De 1995 a 2016, la deuda pública española ha aumentado en 811.349 millones de dólares (de 295.604 millones a 1,106 billones de euros) y en ese periodo España ha pagado 509.730 millones de euros en intereses. Es decir, que 62 de cada 100 euros del incremento que ha tenido la deuda pública española corresponden a intereses. Dicho de otra manera, eso significa que si nuestra deuda pública es tan elevada no es porque el gasto social o el público en general hayan sido muy grandes sino porque se renunció a que lo financiara el banco central, que puede hacerlo sin intereses. Es fácil deducir que si eso hubiera ocurrido, si el Estado español hubiera sido financiado en las mismas condiciones en que el Banco Central Europeo financia actualmente a la banca privada, la deuda pública española no sería superior al 100% del PIB sino que ni siquiera pasaría de la mitad.
Los economistas y políticos liberales enseguida me replicarían diciendo que estoy pidiendo que el banco central financie sin límite al Estado para que derroche. Pero no es eso lo que estoy planteando: he afirmado que soy partidario de que el gasto público sea eficiente y lo más austero posible, no ilimitado, y que se realice sin despilfarro y sin corrupción (Lo cree posible el autor?). Y lo cierto es que la deuda pública y, por tanto, el gasto público serían mucho más bajos si el banco central financiara correctamente a los Estados. Por el contrario, es la política neoliberal que concede a la banca privada el beneficio de financiar con dinero que crea de la nada y que genera artificialmente escasez de ingresos lo que aumenta la deuda, como mostré en mi anterior artículo ¿Quiénes son los adictos a la deuda?, publicado en este mismo diario.
Otra falsedad sobre el Estado de Bienestar consiste en afirmar que se benefician unos de él y lo pagan otros, de modo que genera un efecto de inequidad que, entre otras cosas, limita la libertad individual.
Dejaré a un lado el debate sobre la redistribución de ingresos que efectivamente genera el gasto social porque es una cuestión moral y sobre la que solo caben decisiones políticas que dependen de nuestras preferencias y no del análisis económico.
Pero sí hay que subrayar que se ha podido demostrar que los beneficiarios de los gastos del Estado de Bienestar contribuyen mediante sus impuestos a financiarlo incluso en mayor medida de lo que reciben. Los investigadores Anwar Shaikh y Ahmet Tonak han comprobado, para varios periodos de la economía estadounidense y de otros países, que el valor neto de las transferencias (es decir, el que queda una vez que se deducen los impuestos que pagan sus beneficiarios) ha sido negativo durante la mayoría de los años que han estudiado.
Finalmente, la mentira que hay detrás de los argumentos de Aznar y demás políticos neoliberales se demuestra si tomamos en cuenta los recursos con que se podría disponer para financiar el Estado de Bienestar. Valga un sencillo razonamiento.
El gasto que realizan anualmente todos los gobiernos del planeta es de unos 20 billones de dólares anuales.
Según el Banco de Pagos Internacionales, el volumen total de transacciones financieras en todo el mundo fue de unos 9.765 billones de dólares en 2015 (estoy hablando de millones de millones).
Por tanto, todo el gasto público mundial (no solo el destinado al bienestar) se podría financiar haciendo desaparecer TODOS LOS IMPUESTOS QUE SE PAGAN EN EL MUNDO (este es el momento en que los economistas liberales deberían levantarse al unísono para hacer la ola a los economistas que hacemos esta propuesta) y estableciendo solo y simplemente una minúscula tasa de 20 céntimos por cada 100 dólares de transacción financiera. Ni un impuesto más.
Sé que el ejemplo es algo burdo porque me consta que las transacciones son complejas y que una medida de esta naturaleza requeriría medios y voluntad política hoy día inexistentes. Pero sirve para lo esencial, esto es, para demostrar que el problema básico al que se enfrenta el mantenimiento, no solo del Estado de Bienestar existente sino el de uno muchísimo más avanzado, no es la falta de recursos. Como también podría llegarse a la misma conclusión sobre la financiación del Estado de Bienestar en España: se podría financiar sin dificultad simplemente logrando que todos españoles y todas las empresas contribuyeran al fisco tal y como se establece en la Constitución española, de acuerdo con su capacidad económica y bajo los principios de igualdad y progresividad.
No hay falta de recursos, hay miseria de voluntades y una ideología anarco-capitalista con suficiente poder PARA imponerse a base de mitos y falsedades.

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