lunes, 12 de octubre de 2015

LA MISERIA DEL FÚTBOL

Philip Kerr y la miseria corrupta del fútbol

Por: Juan Carlos Galindo | 19 de enero de 2015

El escritor escocés Philip Kerr presenta su nueva novela, 'Praga mortal'. / MARCEL.LÍ SÀENZ

En una entrevista mañanera, algo surrealista y al mismo tiempo con una tremenda carga de profundidad, el autor Philip Kerr (Edimburgo, 1956) nos confesaba a Carlos Zanón y a un servidor que era un futbolero irredento y, además, seguidor del Arsenal y del Barça. Fue entonces, entre boutades sobre Escocia a las puertas del referéndum y referencias musicales y literarias, cuando el padre de mi amado Bernie Gunthernos dijo que había creado un nuevo personaje para una serie de novelas sobre el deporte rey. “El dinero está acabando con el fútbol”, nos comentaba con cierta amargura tras la que se intuía un amor por las esencias de un deporte que se deja comer poco a poco por el espectáculo.
Mercado de invierno (RBA, traducción de Efrén del Valle y M. García de Isusi) que se publica esta semana en España, transmite todo ese amor por el fútbol y todo ese desprecio por el negocio, pero es, sobre todo, una novela negra. Kerr se sirve de Scott Manson, un exfutbolista políglota metido a entrenador, para darnos un paseo por el interior del fútbol inglés, que conoce sorprendentemente bien, y plantearnos una trama sencilla pero llena de referencias. Si, como decía el gran Lee Child, cuando un libro es difícil de leer quiere decir que el autor no ha hecho bien su trabajo, aquí estamos ante un ejemplo de lo contrario.
Con este post iniciamos una serie sobre las lecturas previas para BCNegra con autores y sugerencias que espero les hagan disfrutar. Hablaremos de Sue Grafton, Alexis Ravelo, Antonio Manzini y más.
Scott Manson es un adicto al fútbol. Es su vida, su religión. Es el segundo entrenador del London City, donde cualquier lector un poco enterado podrá ver reminiscencias del Chelsea o el Manchester City, y vive feliz. Joao Gonzales Zarco es su jefe, el técnico estrella, guapo y malencarado (más referencias) de un club joven pero que va a más gracias al dinero de Viktor Sokolnikov, temible millonario ucraniano de oscuro pasado (de nuevo, referencias a Abramovich y otros jeques). Todo se complica cuando Zarco es hallado muerto y lleno de golpes y Sokolnikov, un señor al que no se puede decir ‘no’, encarga a Cameron la investigación de la muerte y la dirección del equipo de fútbol.
A partir de aquí, una hábil narración de un escritor con muchísimo oficio nos describe un mundo lleno de aficionados que ponen media vida en su pasión; agentes e intermediarios directamente mafiosos, que saben tanto de fútbol como de estructuras financieras para evadir impuestos; presidentes derrochadores y caprichosos y jugadores malcriados, homófobos, infantiles, excesivamente pagados, obsesionados con Twitter, las fiestas, los coches y los videojuegos y medio analfabetos. Seguro que les suena.
Manson es un personaje interesante. Negro, de origen alemán y escocés, habla varios idiomas y tiene una visión muy cosmopolita de la vida y el fútbol. Y sin embargo, no es un personaje pedante o irreal. Añora el fútbol más auténtico de otras épocas, es sentimental y quiere llegar a saber quién mató a Zarco por pura amistad con la víctima. Sabe lo que hay, quién es su jefe, y que el origen del dinero que le da una vida más que cómoda no es limpio. Pero no es un cínico y si, como me comentaba Kerr, tiene cuatro o cinco historias pensadas, puede dar mucho juego.

En un momento dado. Sokolnikov deja unas cuantas cosas claras a Manson:
“El fútbol mueve mucho más dinero que nunca. Es una ballena atada a la borda de un barco, que es la economía mundial. Y cuanto más dinero mueva, más tiburones llegarán para alimentarse. El fútbol y el dinero van de la mano. Desde Qatar hasta Queensland, el fútbol es la lengua franca del planeta. Por eso hay gente dispuesta a intervenir tantísimo dinero en los derechos del Mundial; hasta el punto de llegar a pagar millones de dólares en sobornos”.
Y en otro, es un agente el que le explica por qué hay tanto dinero suelto en el mundo del fútbol:
“Así es la economía, Scott. La ley de la oferta y la demanda. Sólo que Adam Smith se olvidó de la ley del deporte en televisión, de las doscientas mil libras semanales y de la avaricia insaciable. Esto no lo vas a cambiar. Lo único que puedes hacer es aprovecharte de ello”.

La novela negra es perfecta para describir el fútbol actual y el estado lamentable de sus zonas de sombra. Leandro Pérez lo hizo hace unos meses de manera precisa, ilustrativa y entretenida en Las cuatro torres (Planeta) y ahora Kerr empieza una serie que no nos hará olvidar a Gunther o Una investigación filosófica, pero que se hace necesaria y divertida. Es muchísimo mejor leer sobre fútbol que verlo. Lean y disfruten.

domingo, 11 de octubre de 2015

AMAZONAS URBANO, (relato)

Por Carlos María Trevisi
Locación: corredor de agua pluvial en calzada de ciudad
Protagonista: "Capitán Destino"

Llueve.

Se precipitan las corrientes de agua pluvial que bajan por efecto de la inclinación del terreno. Junto con el agua, un barquito de papel. Construido ad hoc en cartulina roja y de doble pliegue, se lanza a la aventura mientras aun cae la lluvia sobre la ciudad.
Desde el barquito, sin otro Capitán que su propio destino, las cosas se ven con la inmensidad de los grandes caudales fluviales. A babor, un acantilado de piedra gris caliza, sirve de contención a las grandes ráfagas de viento provenientes del oeste. A estribor, la inmensidad de las aguas, parecen terminar en playas con base macadam.
Al norte, donde el barquito es llevado por la correntada, una selva inexplorada y tenebrosa no le asegura un paso exitoso.
Las olas que se producen a su paso, avizoran un remolino, e incluso predicen una catarata.
La alcantarilla de la esquina esta poniendo en dificultades serias a nuestro barquito de papel, que debe cumplir su misión. Recorrer el mayor tramo posible antes de su inexorable autodestrucción.
Una hoja de plátano, como una suerte de isla flotante y a la deriva, se presenta como la mejor opción para nuestro objetivo.
Todo indica que lo lograra, pues la naturaleza parece estar de su lado. Ramas caídas desde los arboles contribuyen a formar un canal que desemboca en una plataforma "ideal" para subir a nuestro barquito a la codiciada hoja. La lluvia cae con mas intensidad y las olas son su principal preocupación. Después
de un viraje, nuestro amigo logra sortear la catarata y continua su periplo rumbo al norte.
A esta altura comienzan a haber los primeros daños estructurales, que indefectiblemente lo llevaran a su destino final.
Al llegar a la esquina, conforme las fuertes corrientes hacen que se produzca un nuevo viraje, orientando a nuestro barquito de papel con dirección Este.
Ya no tenemos el norte como meta, y una nueva selva de ramas y desperdicios nos esperan al frente de la travesía.
Generalmente cuando llueve, todo tipo de objetos aparecen en la calzada. Es muy común ver botellas, bolsas, ramas, hojas, espuma, palos e incluso aguas limpias.
Nuestro Amazonas urbano se nos presenta con todas esas variantes.
En esta etapa de navegación hacia el Este, y luego de atravesar una serie de ramas, las aguas ya son límpidas.
Nuestro barquito de papel continua su periplo, sin imaginar lo que hallara en sus aguas.
Como pobladores aborígenes, desde la proa del barco, se pueden observar a estribor una colonia de hormigas negras. Preocupadas por la inundación, su hormiguero parece haber sido atacado por las aguas, y su reina está en peligro.
El viento sobre babor inclina al barquito hasta hacerlo llegar a la orilla y milagrosamente queda trabado entre una piedra y una rama. Rápidamente las hormigas mas valientes saltan abordo del barquito, logrando proteger a su reina y así salvarla de una muerte segura.
Ya hay una tripulación abordo, nuestro "Capitán Destino" es el único responsable.
Navegando hacia el ESTE, con sobrecarga y grandes deterioros estructurales nuestro barquito de papel comienza a desteñir. Un color rojizo se puede ver en el agua límpida de este tramo de la odisea pluvial.
Las hormigas temen lo peor. La reina parece pedir una solución, mientras que el "Capitán Destino" continua timoneando su barco.
Ya no llueve. El sol comienza a aparecer y los ruidos de caudales de agua son cada vez mas bajos.
En realidad esto no es así. Un gran frasco con una ancha boca, se ha interpuesto en su camino. El reflejo del vidrio, ha simulado el sol. Nuestro barquito de papel ha ingresado dentro junto con toda la tripulación.
Detenido como en un dique seco, todo parece indicar que nuestro capitán destino, esta vez cambió su suerte.

sábado, 10 de octubre de 2015

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2015

La bielorrusa Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura

 Nacida en Ucrania, hija de un militar soviético, de origen bielorruso. Cuando su padre se retiró del Ejército, la familia se estableció en Bielorrusia y allí ella estudió periodismo en la Universidad de Minsk y trabajó en distintos medios de comunicación. Se dio a conocer con La guerra no tiene rostro de mujer, una obra que finalizó en 1983 pero que, por cuestionar clichés sobre el heroísmo soviético y por su crudeza, solo llegó a ser publicada dos años más tarde gracias al proceso de reformas conocido por la perestroika. El estreno de la versión teatral de aquella crónica descarnada en el teatro de la Taganka de  Moscú, en 1985, marcó un hito en la apertura iniciada por el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov.

En 1989 publicó Tsinkovye Málchiki (Los chicos de cinc) sobre la experiencia de la guerra en Afganistán. Se recorrió el país entrevistando a madres de soldados que perecieron en la contienda. 

En 1993, publicó Zacharovannye Smertiu (Cautivados por la muerte) sobre los suicidios de quienes no habían podido sobrevivir al fin de la idea socialista. En 1997, le tocó el turno a la catástrofe de la central nuclear de Chernóbil en Voces de Chernóbil, publicado en castellano en 2006 por Editorial Siglo XXI, que reeditó el año pasado Penguin Random House

El año pasado lanzó El fin del homo sovieticus, publicado en alemán y en ruso, y que en España editará Acantilado, a principios de 2016. En este nuevo documento, Alexiévich se propone "escuchar honestamente a todos los participantes del drama socialista", dice el prólogo. 

viernes, 9 de octubre de 2015

BREVE HISTORIA ARGENTINA

Síntesis de la Historia Argentina
por FelipePigna

Argentina indígena
La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena de grupos étnicos. Los habitantes del Noroeste, las Sierras Centrales y la Mesopotámica practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores. Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los tehuelches, mapuches y onas en el Sur.
Conquista y colonización
En 1536 Don Pedro de Mendoza fundó Santa María de los Buenos Ayres, la primera ciudad argentina. La miseria y el hambre doblegaron a Mendoza y su gente y Buenos Aires quedó despoblada hasta su segunda fundación por Juan de Garay en 1580. Las ciudades argentinas fueron fundadas por conquistadores que provenían de distintas zonas de América. La corriente pobladora del este, llegada desde España, tomó como base de operaciones la ciudad de Asunción y fundó las ciudades litorales. La que vino desde el Perú ocupó el Tucumán, como se llamaba entonces a todo el Noroeste argentino. Las ciudades cuyanas fueron fundadas por la corriente proveniente de Chile.

La etapa colonial
Lo que hoy es la Argentina perteneció al virreinato del Perú hasta que en 1776 el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata, cuyo primer virrey fue Pedro de Ceballos. La capital, Buenos Aires, se convirtió en un gran puerto comercial y se incrementó notablemente la exportación de cueros, tasajo y de la plata proveniente de las minas del Potosí. El sistema de monopolio impuesto por España prohibía comerciar con otro país que no fuera la propia España. Esto encarecía notablemente los productos y complicaba la exportación. En 1806 y 1807 se produjeron dos invasiones inglesas, que fueron rechazadas por el pueblo de Buenos Aires, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales fueron elegidos democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política.

La revolución
Las invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias.  La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura de del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar. El 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra, que puso fin al período virreinal. Mariano Moreno, secretario de la Junta, llevará adelante una política revolucionaria tendiente a fomentar el libre comercio y a sentar las bases para una futura independencia.

La etapa revolucionaria
Entre 1810 y 1820 se vive un clima de gran inestabilidad política. Se suceden los gobiernos (Primera Junta (1810), Junta Grande (1811), Triunviratos (1811-1814) y el Directorio (1814-1820) que no pueden consolidar su poder y deben hacer frente a la guerra contra España. En esta lucha se destacarán Manuel Belgrano, José de San Martín, llegado al país en 1812, y Martín Miguel de Güemes. Las campañas sanmartinianas terminarán, tras liberar a Chile, con el centro del poder español de Lima. El 9 de julio de 1816 un congreso de diputados de las Provincias Unidas proclamó la independencia y en 1819 dictó una constitución centralista que despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía.

Unitarios y federales
A partir de 1819 en el país se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder central de Buenos Aires. Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al directorio. A partir de entonces, cada provincia se gobernará por su cuenta. La principal beneficiada por la situación será Buenos Aires, la provincia más rica, que retendrá para sí las rentas de la Aduana y los negocios del puerto.

La etapa rosista
En 1829 uno de los estancieros más poderosos de la provincia, Juan Manuel de Rosas, asumió la gobernación de Buenos Aires y ejerció una enorme influencia sobre todo el país. A partir de entonces y hasta su caída en 1852, retendrá el poder en forma autoritaria, persiguiendo duramente a sus opositores y censurando a la prensa, aunque contando con el apoyo de amplios sectores del pueblo y de las clases altas porteñas. Durante el rosismo creció enormemente la actividad ganadera bonaerense, las exportaciones y algunas industrias del interior que fueron protegidas gracias a la Ley de Aduanas. Rosas se opuso a la organización nacional y a la sanción de una constitución, porque ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras al resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña.

La Secesión
Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. En 1851, Urquiza se pronunció contra Rosas y formó, con ayuda brasileña, el Ejercito Grande con el que derrotó definitivamente a Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional. Pero aunque ya no estaba Rosas, los intereses de la clase alta porteña seguían siendo los mismos y Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina, dieron un golpe de estado, conocido como la "Revolución del 11 de Septiembre de 1852". A partir de entonces, el país quedó por casi diez años dividido en dos: el Estado de Buenos Aires y la Confederación (el resto de las provincias con capital en Paraná). La separación duró casi diez años, hasta que en septiembre de 1861, el líder porteño Bartolomé Mitre derrotó a Urquiza en Pavón y unificó al país bajo la tutela porteña.

La organización nacional
A partir Pavón se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación del todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.

La república conservadora
En 1880 llegó al poder el general Julio A. Roca, quien consolidó el modelo económico agroexportador y el modelo político conservador basado en el fraude electoral y la exclusión de la mayoría de la población de la vida política. Se incrementaron notablemente las inversiones inglesas en bancos, frigoríficos y ferrocarriles y creció nuestra deuda externa. A partir de la crisis de 1890 surgieron las oposiciones al régimen. Por el lado político, la Unión Cívica Radical luchaba por la limpieza electoral y contra la corrupción, mientras que, por el lado social, el movimiento obrero peleaba por la dignidad de los trabajadores desde los gremios socialista y anarquista.

La reforma electoral
La lucha radical, expresada en las revoluciones de 1893 y 1905, y el creciente descontento social, expresado por innumerables huelgas, llevarán a un sector de la clase dominante a impulsar una reforma electoral que calme los ánimos y traslade la discusión política de las calles al parlamento. En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña logró la sanción de la ley que lleva su nombre y que establece el voto secreto y obligatorio.

La etapa radical
La aplicación de Ley Sáenz Peña hizo posible la llegada del radicalismo al gobierno. Los radicales gobernarán el país entre 1916 y 1930 bajo las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) (1928-1930) y Marcelo T. de Alvear (1922-1928), e impulsarán importantes cambios tendientes a la ampliación de la participación ciudadana, la democratización de la sociedad, la nacionalización del petróleo y la difusión de la enseñanza universitaria. El período no estuvo exento de conflictos sociales derivados de las graves condiciones de vida de los trabajadores. Algunas de sus protestas, como la de la Semana Trágica y la de la Patagonia, fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de muertos.

La década infame
El 6 de septiembre de 1930 los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo encabezaron un golpe de estado, apoyado por grupos políticos conservadores, y expulsaron del gobierno a Yrigoyen inaugurando un período en el que volvió el fraude electoral y la exclusión política de las mayorías. En 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman con Inglaterra que aumentó enormemente la dependencia Argentina con ese país. Se sucedieron los gobiernos conservadores (el general Uriburu, entre 1930 y 1932; el general Justo, entre 1932 y 38; Roberto Ortiz, entre 1938 y 1942, y Ramón Castillo, entre 1942 y 1943), que se desentendieron de los padecimientos de los sectores populares y beneficiaron con sus políticas a los grupos y familias más poderosas del país.

La etapa peronista
En 1943 un grupo de militares nacionalistas dio un golpe de estado y derrocó al presidente Castillo. Dentro de este grupo se destacó el coronel Juan Domingo Perón, quien, desde la secretaría de Trabajo y Previsión, llevará adelante una política tendiente a mejorar la legislación laboral y social (vacaciones pagas, jubilaciones, tribunales de trabajo). El apoyo popular a Perón lo llevará al gobierno en las elecciones de 1946. Durante sus dos presidencias (1946-1952 y 1952-1955) Perón, que ejercerá el poder limitando el accionar de la oposición y censurando a la prensa, impulsará una política que combinaba el impulso de la industria, el empleo, las comunicaciones y los transportes, con la acción social desarrollada por Eva Perón a través de la construcción de hospitales, escuelas, hogares para niños y ancianos, y ayuda económica para los más pobres.

La inestabilidad política
En 1955 un nuevo golpe militar derrocó a Perón, quien marchó al exilio. A partir de entonces y hasta 1973, los peronistas no podrán votar por su partido. En ese período habrá dos presidentes civiles, Arturo Frondizi (1958-62) y Arturo Illia (1963-66) que intentarán impulsar el desarrollo nacional y poner fin a la proscripción del peronismo. Ambos serán derrocados por golpes militares. El golpe del ’66, llamado Revolución Argentina, se prolongó en el poder por siete años hasta que la presión popular expresada en violentas protestas como el Cordobazo y en la aparición de grupos guerrilleros, obligó a los militares a llamar a elecciones el 11 de marzo de 1973.  El candidato peronista, Héctor Cámpora, resultó electo.

El regreso del peronismo
Entre 1973 y 1976 gobernó nuevamente el peronismo con cuatro presidentes (Cámpora, 1973; Lastiri, 1973; Perón, 1973-1974; e Isabel Perón 1974-1976), quienes intentaron retomar algunas de las medidas sociales del primer peronismo, como el impulso de la industria y la acción social, el mejoramiento de los sueldos y el control de precios. Pero los conflictos internos del movimiento peronista y la guerrilla, sumados a la crisis económica mundial de 1973, complicaron las cosas que se agravaron aun más con la muerte de Perón en 1974 y la incapacidad de su sucesora Isabel Perón para conducir el país. Esta crisis fue utilizada como excusa para terminar con el gobierno democrático y dar un nuevo golpe militar.

La dictadura
La dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 contó con el decisivo respaldo de los grandes grupos económicos nacionales y el financiamiento permanente de los grandes bancos internacionales y los organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial y el FMI. El saldo de su gestión fue el de miles de muertos y desaparecidos, centenares de miles de exiliados, la derrota del Ejército argentino en Malvinas, la multiplicación de la deuda externa por cinco, la destrucción de gran parte del aparato productivo nacional y la quiebra y el vaciamiento de la totalidad de las empresas públicas a causa de la corrupción de sus directivos.

La democracia
Desde 1983, el país vive en democracia restableciéndose las libertades públicas y los derechos humanos, y la cultura argentina volvió a destacarse en el mundo La herencia dejada por la dictadura militar fue muy pesada y los sucesivos gobiernos (Raúl Alfonsín, 1983-1989 y Carlos Menem 1989-1999) vieron condicionados sus planes sociales y políticos por las presiones económicas. Menem entendió que la solución pasaba por una política de privatizaciones. Esta política generó una breve etapa de bienestar (1991-1995), pero que concluyó con una profunda crisis que generó desocupación y aumentó notablemente la deuda externa.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

miércoles, 7 de octubre de 2015

EL FIN DE UN MODELO

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La investigación judicial en torno a las presuntas irregularidades cometidas por el exvicepresidente del Gobierno y ex director gerente del FMI, Rodrigo Rato, apunta más lejos que los supuestos delitos fiscales que dieron lugar a una retención apresurada del propio Rato y a una torpe tramitación de los cargos por parte de las autoridades dependientes del Ministerio de Hacienda. El juez Serrano-Arnal le tomó declaración ayer durante tres horas sobre presuntos delitos de corrupción entre particulares (Rato habría cobrado una comisión de al menos 835.000 euros a cambio de la adjudicación de publicidad de Bankia a las centrales de medios Zenith y Publicis), blanqueo de dinero y fraude fiscal. Tras la declaración, Rato quedó en libertad, pero el juez le ha retirado el pasaporte y le obliga a presentarse una vez al mes en el juzgado.
Más allá de la obvia apelación a la presunción de inocencia, garantizada por el sistema judicial, y las consideraciones que puedan hacerse sobre las dificultades actuales de un personaje público de especial relevancia durante los Gobiernos de Aznar, es evidente que la credibilidad del exvicepresidente disminuye a pasos agigantados cada día que pasa, a medida que se van acumulando nuevas pruebas e investigaciones. Son inverosímiles, por ejemplo, las explicaciones ofrecidas sobre el dinero percibido por Rato procedente de las agencias de publicidad.
Es irremediable interpretar que la investigación sobre Rato tendrá consecuencias políticas para el Partido Popular. No estamos ante un caso más de presunta corrupción, en el que una serie de personas parasitan dineros públicos con la connivencia de políticos y funcionarios sobornados. Rodrigo Rato formó parte del núcleo de poder y actuó en la conformación del partido que ganó las elecciones en 1996. Aunque sus apoyos internos hayan sido escasos en los últimos tiempos, disponía del prestigio suficiente para ocupar puestos relevantes y disfrutar de relaciones políticas que no están al alcance de todos. Y así lo demuestra su entrevista reciente con el ministro del Interior, causa de un alboroto político justificado.
Lo que de verdad se ventila en el caso Rato es el final de una manera de hacer política y, sobre todo, de una manera de hacer negocios. Si se confirman las presunciones de la justicia contenidas en los expedientes de investigación estaríamos ante otro caso de caza y captura de comisiones a cambio de adjudicaciones irregulares, además de intrincados procedimientos para ocultar las obligaciones fiscales. Este no es el modelo de economía que quieren los ciudadanos y, desde luego, tampoco el modelo que defendía en abstracto el exvicepresidente en sus discursos.
Como es de rigor, los hechos han de investigarse hasta el final. Pero también hay que pedir una cierta rapidez que no esté reñida con el rigor; no es lo mismo sustanciar el caso en el plazo de entre 12 y 18 meses que demorarlo hasta que se convierta, a efectos de los ciudadanos afectados y de la percepción social, en un caso eterno y, por lo tanto, olvidado. Tanto los implicados (el juez interrogará a otras 16 personas además de Rato) como los contribuyentes lo agradecerán.

lunes, 5 de octubre de 2015

MIS DOS ABUELOS (Cuento Corto -IV-)

Es noche cerrada
No me puedo dormir.

Acuden a mi imágenes y sonidos de la niñez. Me veo caminando por la calle Gorriti de Lomas de Zamora; la calle que, una vez cruzado el puente del ferrocarril, a tres cuadras de mi casa paterna, doblando a la derecha, desemboca en Ayacucho. Son dos calles de mi niñez; las que me llevaban a la casa del abuelo Ricardo. 
Chalets estilo inglés; árboles frondosos en las aceras; jardines que lindaban con el cordón de la calle y vestían los tres o cuatro metros que separaban el frente de las casas del cerco que interrumpía la continuidad del jardín con la acera.

Me duermo
Voy con papá y mamá.

Me adormilo.

Ayacucho está a oscuras. Veo aparecer a la tía Monina por el medio de la calle. Va a paso ligero. Lleva un revolver en la mano, acaso el que le recomendara llevar consigo el abuelo cuando volvía tarde a casa. Pasa a mi lado sin verme. Apura el paso: se me borra su imagen.  

Aparezco  en casa del abuelo. Me veo durmiendo en la segunda cama de su habitación. Ungué está conmigo, dormido profundamente. Escucho ladridos en lontananza, ladridos que desdibuja la distancia, casi inaudibles. Me levanto y salgo a buscar a Moro, el ovejero alemán del abuelo. No está en la casa. 
Salgo. Hace frío. No hay nadie en la calle. Veo un cartel clavado en un poste de alumbrado que reza "PINTOR A DOMICILIO"; no puedo evitar una sonrisa. Más allá, el almacén del barrio, a oscuras, las persianas bajas.
Un farol de latón en la esquina, Ungué y yo mismo tirándole piedras con una gomera.

Sigue el silencio.

Entro en la casa. Ungué está levantado, la mirada fija; se dirige a la puerta por donde acabo de entrar. Me ve pero no me dice nada. Le digo que voy a la cama. Viene conmigo; nos acostamos. Moro nos acompaña. También está la tía Ñata, la mamá de Ricardito y de María Isabel que juega con nosotros en el jardín del frente de la casa. El tío Pelusqui mira, feliz.

De pronto me veo en casa, donde me espera ¿espera? Papá Grande, el otro abuelo, el abuelo cansado por la intensidad de su vida.
En este deambular sin destino que son los sueños entro en su habitación. Está acostado en su cama de metal. Me acomodo a su lado. La foto de su madre nos acompaña desde la mesa de luz; y las lágrimas de la tía Emilia; y los pasos de los tíos que no cesan en su ir y venir por el patio trasero de la casa.

El abuelo yace inmóvil; reza en voz alta; habla de Treviso, donde nació su padre, de la guerra de la Unidad, de su madre; dice que su padre murió en prisión, en Milán, luchando contra la Unidad… La veo a la tía Emilia; se acerca a la cama, donde aún yazco con el moribundo: su mandíbula caída, la boca abierta, los ojos entrecerrados… La tía me acaricia el pelo; llora amargamente.

Me tiro de la cama y corro apresuradamente hacia la calle. Veo venir al tío César. Tiene una cinta negra, ancha, cosida alrededor de la manga izquierda de su chaqueta en señal de duelo.

Mi padre me lleva a la casa de la tía Haydee, la mamá de mi primita Mimí en Banfield. ¿Por qué?

Vamos caminando por una calle llena de árboles, los mismos que hay en la calle Ayacucho por dónde la tía Monina andaba de noche armada con un revólver por temor a los asaltantes que se abalanzaban sobre los peatones.

Tengo miedo. Papá no habla; está triste.

Sueño con el abuelo Ricardo; mis veranos junto a él en la casa de Mar del Plata; nuestras andanzas por la rambla; las cenas en casa de sus sucesivas novias, los copetines en el Jockey Club, el juego de ajedrez (una de sus pasiones) y las comidas que preparaba cuando estábamos solos en casa…

-Hoy voy a hacer fideos con manteca…

… en tal cantidad que dos días después seguíamos comiendo fideos recalentados, duros, a veces hasta quemados. Durante la comida hacíamos planes

- Hoy vamos a ir en bicicleta a Los Troncos.
- ¿Por qué no comemos allí?

- Hola Carlitos, soy la tía María Luisa. El abuelo Ricardo ha tenido un accidente.

Mamá habla con él como si estuviera vivo. Lloro por ambos. 

Lloro. 

Escucho a mi padre decir:  "Ya ha aprendido todo lo que necesitaba para no correr riesgos inútiles y para moverse por el mundo con soltura. Se ha acabado un etapa de su vida que va a recordar para siempre. 

Me despierto

Estoy por cumplir 74 años. Mis sueños recogen memorias que me pertenecen solo a mi. Es tal el cúmulo de experiencias que he recogido a lo largo de mi vida que, gracias a una infancia y adolescencia arropada por el amor de mis mayores y las exigencias que me imponían, mis sueños no me lastiman; por el contrario, es como si la alternancia entre el dolor y la alegría arrojaran como resultante la felicidad en la que vivo.

domingo, 4 de octubre de 2015

SENTIMIENTOS Y RAZÓN EN POLÍTICA

Sentimientos y razón en política 

Augusto Klappenbach
Filósofo y escritor

“Con la patria se está, con razón o sin ella”, decía Cánovas del Castillo. Y un general de nuestro ejército afirmaba hace poco la supremacía de la patria sobre la Constitución, ya que –en sus palabras- la primera es un sentimiento, mientras que el texto constitucional no es más que una ley. Es verdad que la patria es un sentimiento: es el legítimo apego a un lugar cuya lengua y costumbres compartimos, donde viven muchos de nuestros afectos, donde nos hemos educado y enamorado. Pero pretender extraer de estos vínculos afectivos consecuencias de tipo político, económico y -¡Dios no lo quiera!- militares, constituye una aberración que le ha costado el cuello en la historia a más de un ciudadano. Los sentimientos valen para sentir, no para dirigir nuestras decisiones con independencia de la única facultad que tenemos en común con los demás, que es la razón.
En los recientes debates acerca de la independencia de Cataluña los argumentos racionales brillaron por su ausencia, aun cuando los contendientes hayan intentado disfrazar las emociones presentándolas como propuestas de carácter político y económico. En el fondo del debate latían dos pasiones contrapuestas: por un lado el anhelo de recuperar una “identidad” nunca claramente definida, por otro, el deseo de conservar una “unidad de destino en lo universal” gravemente amenazada por el separatismo. Ambas aspiraciones ostentan un alto grado de abstracción. La “identidad”, así, en singular, no existe: cada uno de nosotros es el resultado de un cúmulo de identidades distintas y a veces contrapuestas, cuya armonización nos lleva toda la vida: somos miembros de una familia, ciudadanos de un Estado, habitantes de una región, nos movemos en la Unión Europea, nos adscribimos a una religión o a ninguna, etc. Y esa “unidad” sagrada tampoco existe, por las mismas razones: cualquier Estado, España incluida, está formado por una enorme variedad de territorios, lenguas, costumbres, etnias, opiniones, etc., cuyo vínculo de unidad está construido con un material jurídico, la Constitución y las leyes que son por naturaleza modificables. ¿Tiene sentido sacralizar estas abstracciones hasta el punto de convertir en un casus belli tanto la defensa de la identidad como de la unidad? Ni una ni otra constituyen datos de la naturaleza ni entidades metafísicas; son construcciones culturales que tienen una buena parte de convencional. Y que, como toda convención, depende de los acuerdos que construyan los implicados en el debate según sus propios intereses.
Esto no significa que el problema catalán no exista ni que sus soluciones sean imposibles. Pero hay que recordar que los sentimientos son personales, indiscutibles y absolutos: nadie puede convencer a otro de que su sentimiento no existe, y por lo tanto el debate sobre ellos es imposible. La razón, por el contrario, es “la facultad de lo universal” de la que participa cualquier hablante sin necesidad de especiales revelaciones y que constituye un ámbito común en nuestra relación con los demás. Cuando utilizamos la razón  nos estamos aventurando en un terreno en el cual pueden intervenir todos y en el cual todos tenemos los mismos derechos. Es la única instancia en la que somos iguales y nos sometemos a un tribunal independiente de nuestros deseos y preferencias.
Creo que el problema de la independencia de Cataluña está pidiendo a gritos una dosis de racionalidad.  Y eso no significa solo eliminar la crispación y los ataques personales –que también- sino sobre todo centrar el debate en lo que verdaderamente importa. Me pregunto qué queda del problema de la independencia catalana si eliminamos los argumentos emotivos. Suponer que “el pueblo catalán podrá gobernarse a sí mismo” implica desconocer una realidad elemental: ningún pueblo se gobierna a sí mismo. El gobierno será más o menos próximo, más o menos sensible a los intereses de la gente y representará más o menos la voluntad de sus votantes, pero siempre habrá una distancia con ese pueblo que no es directamente proporcional a la amplitud de su área de influencia. Porque esa distancia puede ser mayor en el caso de un ayuntamiento que en el de un gobierno nacional. O no. Pero en cualquier caso el problema no consiste en el ámbito de competencias del gobierno sino en su ideología y la gestión que desarrolle. Y la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas no depende de su carácter nacional, autonómico o municipal sino de la capacidad de quienes gobiernan para representar los intereses de sus gobernados.
Por ello, no comprendo el interés de algunos grupos de izquierda por conseguir la independencia catalana. Muchos compartimos la urgencia de reemplazar el gobierno de derechas de España por autoridades de otro signo político. Y parece extraño que parte de la izquierda, uno de cuyos signos de identidad es –o debe ser- la universalidad, el internacionalismo, la superación de las barreras nacionales, dedique sus energías a defender un nacionalismo que les separa de quienes comparten ese objetivo que hoy parece posible alcanzar. Y todo ello favoreciendo muchas veces los planes de la tradicional derecha catalana, que participó directamente en las políticas del gobierno del Partido Popular. ¿Serán los catalanes “más libres” si llega a gobernar esa derecha? En cualquier caso, la independencia de Cataluña implicaría que una de las regiones más ricas de España se desvinculara de otras zonas que necesitan de su aporte para un proyecto de desarrollo común que tienda a la igualdad, que es la señal de identidad de la izquierda. No quiero pensar que esa intención figure entre las motivaciones de la izquierda independentista.
Mejor se comprende el catastrofismo de la derecha y su política del miedo, que no se ha limitado a señalar los evidentes efectos negativos y cuestionables de la independencia y la ha presentado como el diluvio universal, olvidando que varios países de Europa se han dividido sin que desaparezca el mundo. Porque es propio de la derecha sacralizar las abstracciones y ponerlas por delante de los intereses concretos de los ciudadanos, manipulando a “la Patria”, que deja de representar una serie de respetables vínculos afectivos y se convierte en una entidad de valor absoluto, con derecho a exigir el sacrificio de vidas y haciendas de quienes la habitan. El patriotismo pasa de ser un estado afectivo a convertirse en una virtud y, peor aún, en una virtud obligatoria. Todo ello, por supuesto, erigiéndose sus defensores en sus únicos representantes. Nada mejor para un mensaje de derechas que pasar por alto las propuestas para resolver los problemas concretos de los ciudadanos (la pobreza, el paro, la educación, la sanidad…) y erigirse en defensor de una entidad que, por abstracta, no compromete a nada.
La recuperación de la racionalidad en este debate permitiría centrar la discusión en las ventajas e inconvenientes reales que se seguirían de una hipotética independencia de Cataluña, más allá de “identidades” y “unidades” abstractas. Y sospecho que no abundarían las razones para una decisión tal envergadura, que compensaran las incertidumbres y complicaciones que un proceso así traería consigo. Si, aun así, hubiera señales de que una amplia mayoría de los ciudadanos de Cataluña prefiere asumir el coste de un proceso independentista sería el momento de consultar a sus habitantes modificando las leyes que lo impiden, aunque los resultados de las recientes elecciones plebiscitarias han dejado claro que tal mayoría no existe.
Dicho esto, hay que matizar. Por supuesto que la reivindicación del patriotismo y de la independencia tuvo y tiene otras lecturas en la historia. La creación de los Estados Nacionales tuvo mucho que ver con el amor a la Patria, aunque haya sido instrumentado por quienes aspiraban al poder. En la emancipación de las colonias las emociones patrióticas cumplen un papel importante. Y en la actualidad esos sentimientos constituyen en algunos casos una defensa contra situaciones de opresión y violencia. No se trata, por lo tanto de desvalorizar en general el papel de la afectividad y de la adhesión a la Patria en la historia y la política, que pudieron y pueden ser decisivos para superar situaciones de dominación, aun pagando el precio de introducir argumentos míticos para legitimar esos procesos de emancipación. Pero comparar estas situaciones con el tema que nos ocupa me parece excesivo. Puede discutirse el carácter justo o injusto del balance entre la aportación de Cataluña al resto del Estado y lo que recibe de él o algunos aspectos de su política lingüística y de sus competencias. Pero aplicar a estos problemas el calificativo de “opresión” me parece una desmesura, cuando se trata de aspectos que se pueden negociar con criterios racionales y sin necesidad de declamaciones épicas, teniendo en cuenta que el pueblo catalán puede cultivar sin cortapisas esas señas culturales de identidad que lo distinguen. Sobre todo cuando muchos de esos mismos independentistas aceptan sin discusión la pertenencia a la Unión Europea, cuyas imposiciones son en muchos casos más restrictivas del autogobierno que las del Estado español.

En cualquier caso, creo que conviene reservar los sentimientos para otras causas y abordar este problema desde una modesta racionalidad.

Comentario de Carlos A. Trevisi:

ESTAMOS EN ÉPOCAS DE MATONES

Por  Javier Marías
Hay un matonismo incruento –en principio–, que no cesa de propagarse y que ejercen grandes porciones de la sociedad desde los teclados de sus ordenadores. Son individuos que ponen el grito en el cielo por cualquier cosa, que se contagian y azuzan entre sí, que linchan verbalmente al que hace, opina o dice algo que no les gusta.
Estamos en época de matones. No sólo físicos, de los que hablé la semana pasada y que van propinando palizas por ahí. No sólo lo son los del Daesh o Estado Islámico, los de Boko Haram y demás, que matan, violan y esclavizan a quienes no comparten su puntillosa fe o hacen algo que les cae mal (jugar al fútbol, oír música, afeitarse, fumar), y destruyen ruinas romanas por considerarlas “preislámicas” (claro) y sobre todo para escandalizar un poco más al mundo occidental. No, hay también un matonismo incruento –en principio–, que no cesa de propagarse y que ejercen grandes porciones de la sociedad desde los teclados de sus ordenadores. Son individuos que ponen el grito en el cielo por cualquier cosa, que se contagian y azuzan entre sí, que linchan verbalmente al que hace, opina o dice algo que no les gusta; que no “se cargan de razón” porque la razón suele estar ausente de sus cabezas, y que simplemente exigen y condenan. Al taurino, al fumador, al que se queja de las bicicletas y de esos artilugios con dos ruedas gordas que invaden las aceras y arrollan a los peatones, al que juzgan machista o sexista, al que usa un vocabulario extenso, al que no aguanta a Mourinho, al que les lleva la contraria, al que no aplaude a Mas y Junqueras, al que se atreve a hacer algo o a destacar mínimamente. Hace poco Julio Llamazares mostraba su perplejidad ante la cantidad de insultos recibidos en las redes a raíz de su serie sobre la ruta de Don Quijote publicada este agosto, asunto “poco conflictivo”a priori, como decía él. Da lo mismo: cualquier escrito y cualquier acción irritarán a los airados profesionales, a los que consideran necesaria la permanente indignación.
Para que triunfe y se imponga el matonismo es requisito indispensable el acoquinamiento de los demás, es decir, que los acusados e increpados se asusten y se amilanen. Nada peor que rectificar y disculparse cuando no habría motivo para ello. Pero estamos en una época en que la cólera o la estupidez o la locura o la maldad de los majaderos alarman excesivamente. Muchas veces he lamentado aquí que casi nadie se plante ante las imbecilidades inquisitoriales, ante las exageradas susceptibilidades, ante las moralinas de púlpito que se nos inyectan a diario. Los famosos piden perdón por chorradas, o por los cuernos que han puesto y que sólo deberían incumbir a su pareja, o por la broma que han gastado y que ha sido tomada al pie de la letra por los matones de turno, o hasta por beber alcohol. Todo el mundo se achanta ante ellos, nadie responde “No me sean cretinos, déjenme en paz”. Se entra (iba a escribir “en la lógica”, pero esa palabra no tiene cabida aquí) en el juego de los histéricos y resentidos, se responde a lo que no merece respuesta, o si acaso un despectivo “Bah”.
Sí, no hay nada peor que el acoquinamiento, porque da alas a los malvados, a los locos y a los idiotas (en España va todo junto a menudo). Nada peor que ser medroso, timorato, pusilánime o como lo quieran llamar. Nada más peligroso que agachar la cabeza ante las injurias gratuitas y las acusaciones arbitrarias, que pedir perdón por lo que no lo requiere más que en la imaginación intolerante de los fanáticos y los matones. Todavía estoy esperando a que la gente alce la cabeza y conteste alguna vez (hay excepciones, pero son poquísimas): “No tengo por qué defenderme de semejante estupidez. Son ustedes los que se lo tienen que hacer mirar”.Este verano la alcaldesa de Madrid, Carmena, no escapó a la regla y se acoquinó de mala manera. Un periódico de extrema derecha la “acusó” de gastarse 4.000 euros en veranear en la provincia de Cádiz. ¿Era dinero público? No, era suyo, luego la acusación era mero disparate y maldad. Hace meses publiqué aquí una columna titulada, creo, “Tiene dinero, es intolerable”, en la que señalaba cómo iba arraigando en mucha gente la indistinción entre el dinero estafado o robado y el ganado honradamente, o la absurda idea de que este último no existe … “con la excepción del mío, claro está”. Carmena ha sido juez un montón de años, habrá recibido un buen sueldo, tendrá sus ahorros o habrá heredado, tanto da. Puede hacer lo que le dé la gana con su dinero, gastarse 12.000 euros si quiere, en el casino o en veranear. Lo último que debía hacer fue lo que hizo: avenirse a “defenderse”, entrar a dar explicaciones, no habiendo motivo para lo uno ni para lo otro. Que si se repartían el alquiler de la casa entre cuatro matrimonios amigos y en realidad su marido y ella apoquinaban sólo 800 euros, cosas así. También ella cedió ante los matones, uno de los cuales (un miembro del PP) acentuó su descerebramiento teñido de malevolencia al clamar que la alcaldesa, en realidad, no podía irse de vacaciones ni un día mientras hubiera un niño madrileño hambriento. Según esa sandez (imposible llamarlo “razonamiento”), nadie podría irse de vacaciones nunca: ni Rajoy mientras hubiera un niño español, etc; ni ningún presidente autonómico, ni alcalde, ni consejero, ni concejal, ni diputado, ni senador, ni militar, ni juez, ni profesor, ni funcionario, nadie que perciba su salario del Estado. Ni, por supuesto, el memo miembro del PP que soltó la frase en cuestión.

jueves, 1 de octubre de 2015

LA RESPUESTA AL DESAFÍO CATALÁN

por Carlos A. Trevisi


Está  muy claro, pese a los números que favorecen los intereses de Mas, que se trata de una derrota del independentismo. La falta de 125.000 votos para ganar, sobre un total de 3 millones no son significativos de que los catalanes no sigan aspirando a la independencia ni que haya triunfado  la ”legalidad” que durante la campaña fue el caballito de batalla del PP.

Lo sucedido tiene, sin embargo, una fuerza que hace llorar tanto a Mas como a Rajoy. El avance en votos de CITADANS tiene poca significación en el ámbito catalán aunque sí la tiene en el orden nacional; podría ser un anticipo importante de lo que llegaría tener en las generales de diciembre. Acaso el PSOE sea, pese a los escasos votos obtenidos, el triunfador de la jornada. Es el partido que ha sacado  más provecho porque se proyecta a las generales con una fuerza que ha perdido definitivamente el PP y, si como es de esperar se volverá  al bipartidismo, me contarán ustedes.

No está todo dicho, aunque casi. A Rajoy no lo quiere nadie en su partido (ni en ninguna parte, dicho sea de paso). Aznar terminó con él en unas declaraciones que hizo el día 28 en la que plantea que no ha sabido reaccionar ante las cinco esperpénticas derrotas que ha sufrido últimamente. Si no lo han echado es porque están tan próximas las elecciones generales que como no lo pongan a Aznar –imposible por varias razones, entre otras que Rivera le ha “robado” votos y Aznar no pude correr ningún riesgo, y el PP se ha venido abajo: pongan a quien pusieren como cabeza de lista no repetirá una segunda legislatura.  
El PSOE, al margen del magro resultado obtenido en Cataluña, con Pedro Sánchez a la cabeza  está recuperando algún prestigio que en estos últimos años había perdido.

PODEMOS no ha tenido un caudal importante de votos, lo cual no tiene mayor importancia. Cataluña no es un “país” revolucionario. Sus ciudadanos son más bien de derecha y su lucha por una  Cataluña independiente no es ideológica; persigue más bien un ideario que poco tiene que ver con derechas o izquierdas. Respecto del independentismo, hasta que no desaparezcan de escena Rajoy y Mas, poco habrá de lograrse; acaso apaciguar los ánimos y enfocar la solución más allá de un SI o un NO; habrá que hablar, hacer concesiones por ambas partes y aplacar los ánimos que tanto ha calentado Mas, sobre todo porque  CUP no está dispuesto a ceder sus votos para que el actual presidente acceda a la presidencia; hablan de una coalición sin Mas. Ya veremos.

TRASLADO (cuento corto -II)

Traslado 
por Carlos A. Trevisi, desde Madrid.

LA SEMANA DE LOS 5 PRESIDENTES

Introducción al libro "Argentina: ¿hasta cuándo?"

-Lo más cerca posible de la base; eso es.

Cuarenta hombres con afilados cortafierros iban, lentamente, carcomiendo el duro cemento.
Los peatones comenzaban a arremolinarse. Los taxis aminoraban la marcha y los coches particulares se detenían largamente para ver el espectáculo.
Esporádicamente se oía un "están locos !" que arrancaba alguna que otra sonrisa en los obreros, aunque no inhibía a los directores de la obra, todos ellos arquitectos e ingenieros del Ministerio de Obras Públicas.
Según pasaban los días, más y más gente se apretaba contra el cordón que circunscribía la zona de trabajo. Los esporádicos "están locos" del principio fueron dando lugar a comentarios del más variado tipo.
El canal de televisión estatal, fiel al gobierno, alababa la iniciativa presidencial destacando que su traslado era el "paradigma de la descentralización del país".
Un destacado presentador de un programa ómnibus de televisión, de 6 horas de duración, organizó una encuesta telefónica,  aprovechando a todos aquellos que llamaban a su programa para conseguir una mascota de regalo, preguntando:
" ¿Coincide usted con esta notable iniciativa del gobierno?"
El canal 11 insistía en que el hecho "no agregaba a la grandeza del Señor"; el 13 filmaba cuidadosamente a los obreros en acción, registrando sus socarronas miradas; el 9 criticaba acerbamente lo que estaba pasando -seguramente para avanzar en rating sobre el 13.
El periodismo gráfico no se quedaba atrás.
“La Nación”, eludiendo el fondo de la cuestión, publicó que era demencial que se trabajara a "cortafrío y martillo". “La Prensa” recordaba, melancólicamente, aquellos años cuando se lo inaugurara; “Crónica” apelaba a las organizaciones obreras por "no haberse otorgado un plus a los trabajadores ante lo riesgoso de la tarea" ; Dal Masetto, desde “Página 12”, nos narraba que en el bar que frecuentaba por entonces, un parroquiano impotente, a la tercera copa, comenzaba a llorar a moco suelto porque no lo vería más, mientras “Clarín” asumía los riesgos que su socio , el canal 13, no quería correr.
El Centro de Arquitectos, ajeno a las motivaciones políticas del hecho, había sugerido que se siguiera el modelo del edificio Met-Life en Nueva York adosándole un arco ( lo que trajo aparejada una solicitada del Centro de Ingenieros que hacía cáustica alusión a los "Frank Lloyds" argentinos llamándolos "decoradores de vidrieras" )
El gobierno, mientras tanto, con un ojo en las internas partidarias y otro en las elecciones, apelaba a las encuestas para saber cómo se orientaba la opinión de la gente en torno de esta nueva iniciativa.
Un mes fue suficiente.

 -Derechito al río.
- No ! Me dijeron que lo llevan a Mar del Plata.
- Qué va ! A La Rioja. Se habla de una Capital Federal Alternativa (CFA).
-A mí me dijeron que lo llevan al Uruguay. Es parte de un acuerdo con las autoridades del Mercosur...

Se levantó un gran palco. Allí se instalaron el Presidente de la Nación, el Vicepresidente, el presidente del Senado, altas autoridades eclesiásticas y militares, el Lord Mayor de la ciudad, gobernadores y representas de gobiernos hermanos: Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, y Ecuador.
La banda del Colegio Militar de la Nación dio inicio al acto ejecutando el Himno Nacional, que a coro y con verdadero fervor cívico, entonaron los asistentes.
Los discursos hicieron alusión a la importancia del acontecimiento.
Terminados que fueron, tres enormes grúas procedieron a elevarlo para instalarlo sobre un camionazo de 28 ruedas que lo trasladaría, en efecto, hasta la ciudad de La Rioja, capital de la provincia del mismo nombre, que pasaría a ser La Rioja Federal District (LRFD) como lo había anunciado Su Excelencia, el Sr. Presidente de la Nación.

Estando ya totalmente suspendido en el aire, las amarras de uno de los extremos cedieron ante el peso y, cual proyectil, girando 90 grados, enfiló hacia las autoridades. No hubo tiempo de nada. El obelisco se desprendió totalmente de los cables que lo sostenían y cayó pesadamente sobre el palco, matando a todos sus ocupantes.

La semana de los 5 presidentes. 

AGUAS POTABLES. (Cuento corto -I-)


Por Carlos A. Trevisi

- Aguas Potables. Holá.
- Sí, señor. Hace varios días que no tenemos agua y...
- ¿ Usted es vecina de Floresta?
- Sí, señor y ...
- No se preocupe . En pocas horas se regularizará el suministro.
- Pero ...
- Le repito que es cuestión de horas. Buenas tardes.
Click !

Hurgó en su monedero en busca de otro cospel; volvió a llamar.

- Aguas Potables. Holá.
- Señor , yo soy de Floresta. Recién hablé con alguien que me garantizó que...
- Sí , conmigo . Es cuestión de horas señora, ya se lo dije; sea paciente.
- Pero... discúlpeme, pero... no me pida paciencia. Hace más de dos semanas que estoy sin agua y ...
- ¿Qué quiere que le haga?
- No me conteste así, por favor. No tenemos...
- Pero señora... ¿qué quiere, que le lleve un bidón a su casa? Yo no tengo nada que ver. Soy un empleado, nada más. Ya le dije que es cuestión de horas.
Click !

LLevaban tres semanas sin agua. Para colmo, ni siquiera llovía. El barrio era una ruina. Casi todos los vecinos se habían mudado a casas de parientes o amigos. Elisa no podía irse; no tenía dónde ir.
Buscó en la guía telefónica.

- Holaaa...
- ¿Municipalidad?
- Sííí...
- Tenemos un problema en el barrio. No hay agua y...
- Comuníquese con Aguas Potables. Ese trámite no es de incumbencia municipal.
Click !

Siguió buscando.

- Hola.
-¿Con la Secretaría de Derechos Humanos ?
- Sí...
- Usted disculpe pero hace 20 días que no tenemos agua en el barrio y Aguas
Potables no...
- Perdón, pero antes que continúe, debo decirle que esta repartición no tiene nada que ver con carencias de ese tipo. Esta oficina está para otra cosa. Nosotros nos ocupamos de los desaparecidos. Lo siento mucho .  ¿Intentó en Aguas Potables?
- Pero yo no hablo para que me dé agua. Yo quisiera saber si ustedes me pueden informar respecto de los derech...
- No. Lo siento, señora.
- ¿ Es que no me asiste ningún derecho ?
- Sí, todos; en este caso el derecho a tener agua. Pero... ¿qué tiene que ver esta repartición con su falta de agua? La Secretaría fue creada especialmente para hacer cumplir con los derechos humanos.
- No me entiende. Escuche, por favor. Yo no le pido agua, yo quiero saber...
Click !

Siguió adelante.

- Cámara de Diputados.
- Mire, señor , yo tengo un problema de falta de agua en el barrio ..
- Le comunicaré con la comisión respectiva.

- Comisión de Servicios a la Comunidad...
- Tenemos un problema de falta de agua en el barrio y todas las gestiones que
hemos llevado a cabo han sido infructuosas. Yo quisiera...
- ¿Capital o provincia ?
- No entiendo...
- Sí, ¿dónde vive ?
- En la capital; en Floresta.
- Un minuto, por favor.

El minuto se transformó en dos, en tres, en cuatro. Volvió a llamar.

- Cámara de Diputados.
- Yo llamé recién por un problema de falta de agua y me...
- Un minuto.

- Comisión de Servicios a la Comunidad.
- Se cortó la comunicación; yo llamé porque nos falta el agua en...
- Ah ! Sí... Estamos abocados al tema; ya ha habido varias denuncias y el martes próximo nos vamos a reunir con las autoridades de Aguas Potables para reclamar formalmente. No se preocupe. Se ha creado una Comisión "ad hoc" para estudiar el tema. Llame el miércoles.
-Pero...
Click !

Las plantas más tiernas ya se habían secado. Los paraísos comenzaban a deshojarse y los plátanos despuntaban un amarillo otoño indigno del mes de noviembre.
Carritos precarios, empujados por chicos o mujeres, cargaban la rapiña nocturna.
El hedor a perro muerto se hacía insoportable y las ratas lucían plenas andando libremente por calles y azoteas.
Las clases fueron suspendidas y se cortó el tránsito por la avenida Rivadavia; más tarde por Alberdi; Olivera era la única transversal habilitada.
A la cuarta semana se detectó un brote de cólera cuyo inicio las autoridades atribuyeron a una familia de bolivianos que había usurpado una casa de la calle Caxaraville. Se montó un cordón sanitario -se tapiaron los accesos a las calles secundarias - y se prohibió salir a los pocos ciudadanos que aún permanecían en la zona.
Una comisión de vecinos, encabezada por un puntero radical, reclamaba por los derechos de la ciudadanía de la Capital a elegir sus propias autoridades , alegando que "se había acabado la época de los virreyes"; a continuación invitaba a la población a ver los comunicados de la UCR en Internet; los frepasistas insistían con la renuncia del intendente a quién atribuían toda la responsabilidad de lo que sucedía, por corrupto; los liberales-conservadores-populistas de centro insistían en que " la infraestructura del sistema de aguas corrientes, administrado por el estado durante más de ochenta años, estaba totalmente obsoleta y que había que tener paciencia: en manos de la nueva empresa privada proveedora del vital elemento, en poco menos de dos años sería reemplazada y volvería el agua a las canillas" ; finalmente, los socialistas repartían rosas rojas a las mujeres encargadas de los puestos sanitarios.

Los saqueos se multiplicaban.
Una columna de villeros de la autopista 25 de mayo, a pesar de la vigilancia policial y apoyados por la jerarquía eclesiástica -el Cardenal Cuasicura alegó en su favor- tomaron posesión de la mayoría de las casas del pasaje "El Maestro".
Los estudiantes del profesorado de inglés del Joaquín V. Fernández, iniciaron una campaña que rápidamente convocó a jubilados y maestros. Bajo la consigna "Joder con los discursos" (originariamente en inglés: "fuck with words") salieron a la calle a exigir realismo a las autoridades. Había que ver a las alumnas de tercer año del "prof" en los puestos sanitarios colaborando con la población más necesitada mientras practicaban su inglés !

La gran ciudad, sin embargo, seguía con su ritmo habitual.
El diputado oficialista Agarrisaca coincidía con los reclamos de la Fuerza Aérea respecto de la falta de mantenimiento de la flota y el papelón que sería que los aviones se vinieran abajo si nos convocara la ONU a acciones internacionales conjuntas.

Las Madres seguían rondando la Pirámide y las Abuelas encontrando nietos.
Los gays y las lesbianas se degañitaban intentando convencer a los "normales" que ellos también lo eran.

Carrefive inauguraba su nueva modalidad de ventas con "credit cards" y regalaba adornos para navidad a los primeros 50 compradores de los días martes; se vendían tarjetas navideñas con San José observando serenamente a su hijo; la Liga de Mujeres de su Casa prevenía a los incautos compradores de regalos y champagne acerca de comerciantes abusivos, y recomendaba los grandes super-hiper-macro-mercados como lugares confiables por la calidad de sus productos y sus precios.
La gente importante de la ciudad seguía utilizando sus celulares, sus tarjetas y encaraba las vacaciones, crédito mediante; Cancún, Cartagena y Santa Marta se llevaban a los coloridos cardaches.
El conurbano de la Capital Federal se aprestaba a recibir los camiones con vituallas que satisfarían su hambruna, capturarían sus votos y desalentarían revueltas.
Fotovich seguía rifando animalitos en la Biblioteca Nacional; (gracias a tan inteligente iniciativa, la benemérita institución, en dos meses, estaría en condiciones de habilitar un nuevo salón de conferencias para los periodistas del canal oficial) ; Piarri insistía en que tenía un amigo judío en el barrio en cuarentena y el ingeniero Alsobagaray , en sedente viaje inaugural , concretaba su más caro sueño: un servicio de aerosilla que uniera Buenos Aires con Colonia).
Causaba disgusto en el gobierno la aparición de la cara del Ecónomo Mayor en Internet ( se comentó en "la city" que la "otra" carecía de rasgos "wasp").
Mientras un conocido animador de televisión que no quiere que lo dejen solo presentaba un nuevo libro de Carilco -"El temor a la suegra"- , otro, algo más sobrio, reunía en el estudio de televisión a los vecinos de Floresta para explicarles la etimología de la palabra "carencia" y cómo se surtían de agua los Romanos; el Dr. Comitot destacaba la importancia de una dieta hipocalórica basada en la calabaza y el banco de Bostonia traía al cuentista español Julián Tutías que, en sucesivas charlas, y para deleite de numerosas damas, profundizaría acerca de lo obvio.

El posmodernismo dejaba de ser tema y comenzaba a cuestionarse la existencia de la realidad (un general asesino que no usa balero sucedía como gobernador de Tucumán a otro asesino, pero de la lírica; un abogado que no había sobrepasado el 4 como promedio general en su carrera, accedía a la Suprema Corte de Justicia; un vigilante torturador ganaba una florida municipalidad con el 73 % de los votos...)

 
El Lord Mayor de la ciudad, algo desorientado, dialogaba con el gobierno nacional acerca de la importancia de la topadora.

Sendos comunicados del Ministerio del Interior y del Ministerio de Economía que aludían "a la responsabilidad que le cabe al periodismo cuando informa acerca de los hechos que son de conocimiento público", y a "los logros obtenidos en materia de exportaciones en lo que iba del segundo semestre de este año" esclarecían con diafanidad las preocupaciones del gobierno nacional.
Por su parte, el Presidente de la Nación se aprestaba a estrechar vínculos filioputativos con la Gran Bretaña, tomando el té con su Soberana, la Sra. Isabel , luego de dar una conferencia en Oxford (la segunda que daría un deportista argentino en la famosa universidad) sobre un tema que despertó inusitado interés: "El juego de golf : recurso transversalizador de las clases sociales".

Su reserva de agua totalmente agotada, hambrienta, sucia y desgreñada, tomó el teléfono una vez más.

- Holá.
- ¿ Con lo de Borges ?
- Sí...
- ¿ Está George ?
- ¿George ?! ¿Quién le habla ?
- Habla Elisa. Desde "La historia de la noche"
-Perdón... ¿por alguna razón...?

Su arrebato había llegado al paroxismo

- Por los mares azules de los atlas... por los grandes mares del mundo. Por el Támesis, por el Ródano y por el Arno... Por los noruegos que atraviesan el claro río... Por Venecia, de cristal y crepúsculo. Por la Islandia de los mares... Por el aljibe de Buenos Aires del 1889. Por las "things that might have been" y no fueron; por "la espera" y por el universo que tiene que haber ejecutado una serie infinita de actos concretos...
- Holá... Elisa... holá...

Ya no contestaría.
Acababa de desplomarse cuan larga era, aferrada a un tubo teléfonico por cuyo micrófono comenzaba a salir un fino hilo de agua clara.