lunes, 9 de noviembre de 2015

VIOLENCIA MACHISTA EN ESPAÑA

Carlos A. Trevisi

Hace apenas dos días –el 7 de noviembre- una multitudinaria manifestación apeló a medidas que pusieran coto a la violencia contra las mujeres.  
Al día siguiente  fueron asesinadas  3 mujeres en manos de sus maridos, amantes o compañeros.

Una vez más los políticos adhirieron.

La pregunta que deberíamos formularnos es si la solución pasa por la ley. A mi edad nunca necesité de la ley y cuando tuve que apelar a ella en defensa de mis derechos las circunstancias políticas imperantes las habían abolido.
Me pregunté entonces la relación que guardan las leyes con la justicia, cómo nacen aquéllas y el desamparo en el que caemos cuando reclamamos la segunda.   

Así como no arreglaremos el vil comercio de las drogas hasta que no desaparezcan los paraísos fiscales que son la fuente financiera que las sostienen,  tampoco resolveremos el problema de la violencia sobre las mujeres –ni el de sus asesinatos, ni el de las razones por las que cobran un 20% menos que los hombres en idénticas condiciones de trabajo, ni las guerras cuyos responsables políticos terminan impúdicamente pidiendo perdón, ni las hambrunas en el mundo, ni la desocupación, ni la subalimentación de nuestros españolitos , ni…

Aunque morigerada por el tiempo, todos aquellos que por su estado de pobreza espiritual –no importa si pobres o ricos, cada cual en el ámbito en el que se mueve- han dejado que sus vídas se penetren de egoísmo perdiendo de vista la otredad.  El ego-me-mei rige por doquier. La ley solo puede reprimir lo que atente contra la puesta en común, contra la convivencia,  pero de ahí a lograr  que el hombre aspire a su plenitud es una entelequia.

La ley no es el camino;  es apenas la que rige un estado de cosas en un momento y en un lugar determinado; es producto de la civilización, del poder que impone un sistema sobre el que el hombre no tiene capacidad decisoria.

El camino es la educación que no es precisamente saber cuánto mide el Tajo o cómo resolver el binomio suma al cuadrado: es convertir a uno igual a todos los demás en uno igual a si mismo con afanes de conocimiento, capaz de amar, y con voluntad de ser uno mismo estando en los demás.

Si entendiéramos que éste es el camino otro sería el cantar: los políticos asumirían (o no. dado el escaso nivel intelectual que los anima) que las reformas educativas que  proponen -puramente de forma- no resuelven los problemas que nos aquejan como sociedad.

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