lunes, 23 de enero de 2017

¿DEBEN VOTAR SOLO LOS MÁS PREPARADOS?

      Rodrigo Terrasa, ( @rterrasa) ; Patricia Bolinches: Ilustración.    18/01/2017

Los defensores de la epistocracia frente al sufragio universal están de moda tras el Brexit y el triunfo de Donald Trump. Creen que la mayoría de los votantes son unos ignorantes y que se debería realizar un examen para poder acudir a las urnas.

Ni las personas que desconocen quién fue Napoleón ni los gordos que siguen comiendo donuts deberían poder votar. Lo dice el segundo Iniesta más influyente en España, Robe, cantante y poeta de Extremoduro, y resume con voz nicotinada lo que otros pensadores han plasmado en refinados estudios de teoría política: «Lo malo de la democracia es que todo el mundo puede votar».
La solución a las inquietudes de Robe se llama epistocracia, remedio insinuado por Platón o John Stuart Mill hace siglos y perfeccionado por el filósofo y profesor en la Universidad de Georgetown Jason Brennan en su último libro, uno de los más polémicos del pasado año, Against Democracy (Contra la democracia), publicado entre dos coartadas: después del sí al Brexit y antes de que la victoria de Donald Trump invitase a más de uno a preguntarse si el sufragio universal no fue una absoluta temeridad.
La polémica teoría de Brennan parte de una premisa: «En general, los votantes son unos ignorantes». En su retrato de la sociedad están los hobbits, gente desinformada que debería abstenerse por responsabilidad; los hooligans, que siguen la información política con el sesgo de quien apoya a su equipo de fútbol; y los vulcanos, que estudian la política con objetividad científica, respetan las opiniones opuestas y ajustan cuidadosamente las suyas: «Cuando se trata de información política, algunas personas saben mucho, la mayoría de la gente no sabe nada y mucha gente sabe menos que nada».
El último barómetro del CIS confirma que a más de la mitad de los votantes españoles la política les interesa poco o nada. Un estudio publicado justo antes de las elecciones de diciembre de 2015 revelaba que el 40% de los españoles cree que votar es obligatorio, más de la mitad no sabe hacerlo en blanco y sólo tres de cada 10 electores acertarían el número de diputados que hay en el Congreso.
«El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio». Palabra de Winston Churchill.
Las democracias contienen un defecto esencial, sentencia Jason Brennan. Al extender el poder a todos los ciudadanos, han eliminado cualquier incentivo para que cada votante utilice su poder con criterio. El votante sabe que su decisión individual nunca resultará determinante y que tiene tantas posibilidades de cambiar un gobierno con su elección como de ganar la lotería. Así que, qué más da, por qué preocuparse.
La pega es que la suma de votantes sin criterio puede condenar al resto de la ciudadanía, de modo que elegir una papeleta u otra no debería ser como elegir entre patatas fritas o deluxe en la cola del McDonald's. «En nuestro sistema, un voto individual después de una cuidadosa deliberación produce los mismos resultados que votar lanzando una moneda al aire», censura Brennan.
«El derecho al voto te da poder sobre los demás». Lo que en la práctica, insiste el filósofo, deposita nuestro futuro en manos de electores irresponsables. Es como si dejáramos nuestra salud en manos de un cirujano que no ha estudiado Medicina, no conoce ningún medicamento y toma sus decisiones por capricho. Y encima, estamos obligados a seguir su tratamiento.
¿Se puede aplicar lo que Jason Brennan propone? Manuel Arias, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, cree que no. «Con el retorno de los populismos y decisiones populares como el Brexit, estas teorías críticas encuentran una nueva oportunidad para ser escuchadas. Pese a que sus propuestas son indeseables e impracticables, el argumento moral sí es sostenible: la necesidad de que el ciudadano se tome en serio un derecho que ha costado mucho universalizar; que se tome en serio a sí mismo».

"Si un fontanero, una peluquera o un conductor necesitan licencia, por qué no un votante"


Contaminación. Arias comparte con el autor de Contra la democracia la idea de que quien no se toma en serio el ejercicio del sufragio está «contaminando las urnas». Sin embargo, cree que su colega americano olvida que el voto tiene también «una dimensión expresiva o identitaria» y no puede reducirse sólo a información o conocimiento.
«La democracia no es un fin en sí mismo. No es un poema, tiene el valor que tiene un martillo», argumenta Brennan en sus textos. «Es sólo un instrumento útil para producir políticas justas y eficientes. Si podemos encontrar un martillo mejor, debemos usarlo».
Niega que su fórmula sea totalitaria o siquiera parecida a la tecnocracia porque no se trata de dar el poder a los mejores, sino de quitárselo a los peores. Y va soltando preguntas incómodas. Si un fontanero, una peluquera o un conductor necesitan licencia, por qué no un votante. Si no pueden votar los niños, por qué sí alguien que desconoce por completo las consecuencias de su voto.
Su polémico libro recopila varias fórmulas. Por un lado, el sufragio restringido. Es decir, que los ciudadanos puedan adquirir el derecho al voto si pasan un examen previo de conocimiento político básico. Por otro, el voto plural, que implica que cada ciudadano tenga un voto pero los más competentes puedan conseguir votos adicionales.
El filósofo norteamericano inventa además varios sistemas de control como un órgano epistocrático con derecho a vetar las leyes aprobadas o una especie de votación ponderada, que interpretaría los deseos del pueblo. «La epistocracia hace lo que el público informado querría y no lo que el público desinformado quiere».
Las dudas con este sistema son evidentes. ¿Quién decide qué es estar bien informado? ¿Quién elige a los que eligen? Como dijo el profesor de Filosofía David Estlund: «Puede que tengas razón, pero ¿quién te ha nombrado jefe?».
Para Francisco Javier Gil Martín, profesor de Filosofía en la Universidad de Oviedo, la solución de Brennan es «excesivamente paternalista» y parte de «una aversión a la democracia, un pavor a la multitud». «Él cree que vulnerar la igualdad es menos injusto que permitir malos gobiernos. Pero el asunto de fondo es cuáles son los criterios por los que una política es mala o con los que prohibir a alguien votar. ¿Por qué tiene el mismo derecho un aldeano que la persona más informada del mundo? Porque, como decía John Dewey, nadie sabe mejor que uno mismo dónde le aprietan los zapatos».
Jason Brennan se defiende: «No hay duda de que en el mundo real cualquier sistema epistocrático sufriría los fracasos y abusos del gobierno. Pero lo mismo ocurre con la democracia. Tanto un sistema como el otro serán imperfectos y defectuosos. La pregunta que debemos hacernos es qué sistema funcionaría mejor».

 

COMENTARIO
La democracia está acabada. El poder ya no radica en la gente sino en el capitalismo que maneja los medios de comunicación social y usa a los políticos como sus comisarios. El liberalismo de Adam Smith ha derivado hacia lo que ahora se denomina neoliberalismo.

Yo cambiaría el título; quitaría “los más preparados y pondría ¿“Estamos todos capacitados para votar”? Cuando leemos que solo “los más preparados”, y al tenor de lo que se dice más adelante ("Si un fontanero, una peluquera o un conductor necesitan licencia, por qué no un votante"), se confunde a los más preparados* con los capacitados. Según se deduce los primeros serían los que tienen estudios y según entiendo yo, los segundos serían los que están más consustanciados con la realidad. El hombre consustanciado con la realidad no necesariamente tiene que saber quién es Hume, ni quién es Borges o Unamuno; es aquél que la ha penetrado, que habiéndola percibido ha seleccionado todo aquello que sirve a sus necesidades y a la comunidad en la que está inserto; que ha reflexionado  acerca de que lo que ha elegido  sirve a su proyecto de vida.

Para la mayoría de la gente no está claro lo que acabamos de afirmar, sobre todo lo del “proyecto de vida”. El tiempo ha ido distorsionando el sentido de lo que es ser culto y es en este desconocimiento donde surgen las dudas. ¿Se puede ser culto sin haber oído siquiera hablar de Hume o de Unamuno, y no serlo siendo universitario).

Veamos que significa esto, especialmente eso de “ser universitario y no ser culto”.

La cultura contemporánea mezcla las dimensiones de la formación, del conocimiento -que supuestamente son el fundamento de la responsabilidad y la lucidez del sujeto moderno- y de la distracción y el entretenimiento; esto no significa que llegue a todos. *

Los cambios producidos en el mundo nos han postergado a todos. Ya no sabemos de proyectos, vivimos el día a día en un mundo que solo nos ofrece divertimento y distractores, que no contempla al hombre ni a sus circunstancias; que lo lleva de aquí para allá solo para ganarse el pan, un mundo que necesita que vivamos distraídos de la realidad. Estamos a la espera de que los medios nos impulsen al estrellato: todo vale, hasta haber perdido la intimidad. Regalamos nuestras vidas al ponerlas en manos de los piratas del oportunismo sólo porque no tenemos un proyecto propio que nos empuje a la realización de aspiraciones  por las que sentirnos obligados. Hemos perdido la esperanza, nuestro “sindestino”  nos ata a la ilusión.

La ignorancia desorienta la apreciación de la percepción porque sus argumentos no son válidos; la ignorancia  no alcanza a ver; apenas si mira. Percibe que algo pasa pero es incapaz de la reflexión. Idiotizada  por el medio, la gente, cuya incapacidad de discernimiento le impide distinguir lo importante de lo accesorio, se lanza  a condenar a los demás  sin conocimiento de causas. 
Los medios han impulsado  la opinión ligera  y el derecho que nos asiste a expresarla.  Nos han enseñado a  “ver” diferencias,  pero no semejanzas. Para discernir diferencias no hace falta reflexión. ¿Quién no distingue un perro de una mariposa? Pero ver las semejanzas entre ambos animales exige reflexión y conocimiento.
Lo mismo pasa con la vida: las relaciones entre los hombres difícilmente terminen en encuentro porque al toparnos con los “adentros” de los demás no somos capaces de compartirlos porque no vemos.  ¿No conoce usted universitarios que tienen como objetivo tener antes que ser? ¿No le parece que su apetencia por el dinero, el lujo, el mostrarse, no difiere de la que tiene un simple jugador de fútbol que ni hablar sabe?

No era difícil, allá no tan lejos, sacar adelante un proyecto de vida. El mundo aún no acosaba a la gente y en satisfacción de sus necesidades se impartía una educación “pegada a la realidad”.


Percibir la realidad es incorporar  una imagen incompleta, pero imagen al fin  de lo que en verdad es.
Se “piensa” cuando asociamos esa realidad a otras realidades que también hemos pensado.
“Reflexionamos” cuando la asociación de realidades  nos permite sacar conclusiones aplicables a nuestra capacidad de recrear permanentemente nuestro proyecto de vida. Así desarrollamos una estrategia que la integra con otras realidades de su misma categoría. Es entonces cuando penetramos el conocimiento y avanzamos por un camino cada vez más arborescente: la complejidad de una  realidad inconmensurable que nos envuelve, que se apodera de nosotros y no nos abandona nunca más. ¿Responde la elección de Trump a estas premisas? ¿Y la permanencia en el poder de Rajoy? El camino que traza el mundo ha quedado en manos del egoísmo. ¿No se le ha ocurrido pensar que los  8 millones de votos que ha recibido Rajoy responden a la elaboración de proyectos de vida a los que ha empujado más que la preparación política una actitud personalista por salvarse de la que se avecina gozando el día a día?
La multiplicidad de variables que ofrece la realidad que vivimos se reduce, en la clase media, a conseguir un empleo permanente, a que los hijos puedan estudiar y a llegar a fin de mes. ¿A quién se le puede ocurrir que ante tamaña exigencia los votantes piensen en la importancia de asumir una vida que incursione por el conocimiento y una puesta en común? ¿Es que usted cree que la actitud de un universitario marcha por esa senda; que tiene una amplitud de criterio que le permite incursionar por la reflexión para elaborar un proyecto de vida? Pues, teniéndola ya estamos presenciando como se van del país en busca de un horizonte que no somos capaces de brindarles. Ni hablar de los desocupados o trabajadores temporarios ¿usted se imagina que para calmar sus angustias leen a Unamuno? Ni qué hablar de los que se montan un chiringuito –los llamados emprendedores que se llenan de dinero, cierran su emprendimiento y al poco  tiempo crean otro que vuelven a cerrar y así año tras año. No quiero omitir a los empleados públicos que gozan de beneficios envidiables: vacaciones, sueldos que no están en consonancia con la realidad que impone el mundo y que nadie los toca porque representan millones de votos. ¿Le parece a usted que, visto lo visto, se puede decir que a una peluquera –el original habla de peluquerAs- o a un fontanero, habría que exigirles licencia para votar porque no tienen formación política? ¿A usted le parece que con esta situación asfixiante que vivimos haya alguien que pueda reflexionar acerca de lo que significa la democracia, los políticos, votar y demás?
Mandemos a los peluqueros y a los fontaneros a estudiar para que aprendan a votar: nada cambiará.
La democracia ha muerto porque se mandó terminar con los estado-nación para poder avanzar sobre la globalización y sus gentes quitándoles la capacidad de ser según sus propias circunstancias. No se les ha brindado
(Ver http://guadarramaenmarcha.blogspot.com.es/search?q=trilateral) la educación indispensable para incorporarse a la globalización. Los más listos van superando el tránsito a ese nuevo mundo pero los “peluqueros y los fontaneros” siguen aferrados a un mundo que ya no existe más. Y ahora molestan, porque han dejado de participar dado que la democracia es una parodia que consiste solo en ir a votar.

* Enviado por Bermejo, Eva, PEDAGOGA Universidad Complutense, Madrid.
  • Diseño, Desarrollo e Innovación del Currículo.
  • Román Pérez, Martiniano.
  • Grupo T6
  •  
  • La globalización como escenario de la sociedad del conocimiento: La globalización no es sólo la mundialización del capital financiero, industrial y comercial, sino también una nueva ideología, una nueva forma de entender la escuela y la cultura. El mundo se occidentaliza generando la enculturación de los niños y los jóvenes:
  •  
  •          I.     Las nuevas tecnologías y su nuevo lenguaje. Debemos enseñar a manejarlas correctamente y no limitarnos a incorporarlas.
  •           II.     La globalización no es algo destructivo: dentro de las actuales interconexiones la escuela se debe entender como un espacio intercultural.
  •         III.     La globalización se interpreta de muchas maneras: como un proyecto liderado por grandes empresas transnacionales; como un proceso de homogeneización generado por la industria cultural de masas; como la interconexión mundial de los mercados; como una destrucción de las formas de solidaridad construídas en el pasado; que aniquilan las formas locales de existencia; surgimiento de un nuevo orden mundial; de unas nuevas relaciones sociales; como una revolución productiva establecida en el mundo de la microelectrónica; un cambio en el que las relaciones sociales capitalistas están fundadas en el capital constante, esto es, el conocimiento(tecnología y base cientiífico técnica).
  •       IV.     La globalización se produce a partir de la revolución científico- técnica posibilitada por grandes transformaciones (informática, microelectrónica, genética...).
  •        V.     La materia prima de la globalización es el conocimiento. La revolución del conocimiento tiene como escenario la misma globalización.
  •        VI.     La educación en este escenario es clave del progreso económico y cultural. Cualquier modelo anterior no servirá a la sociedad del conocimiento.
  •        VII.     La globalización se caracteriza por la multiculturalidad: produciendo por un lado la disolución de la diversidad de las culturas nacionales, y por otro, el enriquecimiento de la propia cultura.

  • ¿Cómo integrar lo global y lo local en el marco de la aldea global, la cultura global y la cultura local?. El riesgo se encuentra en que tal integración tienda a disolver lo propio.
  • En la escuela esto se manifiesta desde la propia identidad, integrando adecuadamente lo lo global en lo local, porque facilita la identidad e integra la diversidad. El colegio se convierte en una cultura “glocal”. Las Reformas educativas deben no sólo cambiar los métodos y de contenidos, sino redefinir los conceptos tradicionales de educación, socialización, de currículum como selección cultural previa a la globalización, y de todos los procesos pedagógicos.
  •  En esta realidad la escuela debe tener identidad en su proyecto educativo desarrollando las herramientas para aprender (capacidades) y potenciando las mentes bien ordenadas, globales, sistémicas y sintéticas.

Comentario de Carlos A. Trevisi: el problema radica en que la enseñanza ha perdido contacto con la realidad. Acaso porque las cosas machan a una velocidad que no autoriza sino a “mirar” los cambios pero no a hacerse con ellos. La educación en España sigue siendo decimonónica; solo se transmiten más cantidad de datos que hace 100 años –no faltaba más- pero no cumple con lo impescindible para abordar  el nuevo mundo: favorecer la imaginación, despertar inquietudes, estimular el descubrimiento, ponerse en común, ser tolerantes, abarcativos y qué no.

En otras palabras, la democracia es para países en los que acaso no se prodigue el amor entre la ciudadanía pero cuando llega el momento de tomar decisiones se aprecia una forma de vida sin exabruptos que los hace actuar como si se amaran, aunque en realidad lo que aman es el bien común. No despierta Winston Churchil un afecto especial en mi, solo respeto: cuando ante el eventual desastre que significaba Alemania para Gran Bretaña durante la Seunda Guera Mundial ofreció “sangre, sudor y lágrimas”; primó el bien común y aceptaron el reto. Terminada la Guerra Churchil se presentó a elecciones y perdió; el pueblo le dio la espalda: ya había cumplido con lo suyo.


Espero haber hecho llegar mi disconformismo con el artículo que fue motivo de esto que acabáis e leer. Es insultante que se descrimine a la gente por su actividad. y se pretenda postergarla solo por ser peluquerAs o fontanerOs (¿por qué no fontanerAs?). El autor del artículo, un tal Robe, tendría que hacer un curso de humanidades y recien entones disparar sobre la realidad.


domingo, 22 de enero de 2017

EXPERIENCIA DE UN TRABAJADOR TEMPORAL

Diario de un trabajador temporal

Un aventajado estudiante de Filosofía empleó las pasadas vacaciones navideñas en un trabajo basura. Esta fue su experiencia
PABLO MUÑOZ

“Cuento de Navidad”, podría titularse este diario, escrito por un 
aventajado estudiante de Filosofía que empleó las recién pasadas 
vacaciones navideñas en un trabajo basura, como dependiente de 
una tienda de legos y juguetes. Hubo un tiempo en que estudiantes
y trabajadores circulaban por pasillos distintos. Hace mucho que 
no, y entretanto los llamados becarios ocupan uno de los escalones
más bajos del lumpen proletariado.
Este diario es para su autor “tarea pendiente”, que se plantea de la siguiente manera: hacen falta más relatos sobre el mundo en el que vivimos, trabajamos, sentimos. El propósito del diario es ofrecer un bosquejo de una situación concreta, imaginable o real: la de un trabajo ocasional (un empleo de corta duración en una tienda comercial) en una ciudad reconocible.
El propósito es entonces dejar que una voz se explique y testimonie una serie de hechos. El diario es una voz práctica. La condición de testimonio y partícipe impide que la voz sea ejemplar o edificante. El propósito se resume así: ofrecer un lugar y una mirada.
8 de noviembre
La entrevista ha ido bien. Lo que se podía esperar. La aclaración ha sido pertinente, un trabajo de campaña de Navidad. El entrevistador ha insistido en que no pasa nada si veo este trabajo como algo alimenticio, aunque he ofrecido un compromiso y entusiasmo: a fin de cuentas, he sentenciado en voz alta, vender-juguetes-de-una-marca-especializada no es algo tan dramático. La tienda es monísima, claro. Está pensada para que los chicos jueguen, no hay pasillos.
17 de noviembre
Me han contratado. No acabo de comprender la reforma laboral y sus condiciones. El mundo puede ser rematadamente opaco. El contrato lo ha hecho una gestora, me aseguran. Asiento. Me esfuerzo en que mi cara diga “por supuesto” en cada movimiento.
18 de noviembre
EL CONTRATO LO HA HECHO UNA GESTORA, ME ASEGURAN. ASIENTO. ME ESFUERZO EN QUE MI CARA DIGA “POR SUPUESTO” EN CADA MOVIMIENTO
Primer día. Conozco a mis compañeras de tienda. El entrevistador era uno de los dueños y jefe de tienda. Insiste en “la calma”. Mi compañera es la encargada de la tienda. Insiste en “la atención”. Si él dice que con un “Hola, ¿qué tal?” ya basta; ella insiste con miles de detalles para “hacer que el cliente se sienta cómodo en la tienda”. Surgen nuevas preguntas.
¿Cuándo está incómodo? Por qué no puede cargar con un paquete y distraerse?
Porque así compra menos. Va cargado y eso provoca que tenga prisa.
Al parecer las técnicas de venta consisten en una mezcla entre conductismo y agresividad retórica. La encargada vindica su efectividad. Está en la tienda desde que la abrieron. Conoce el sector.
19 de noviembre
Primer día de diez horas. Bosquejo de sensación: la hora y media para comer pasa muy deprisa, el tiempo de trabajo está siempre presente. Uno mira el reloj y piensa: de acuerdo, entonces me queda… Obsesionado por el tiempo libre, el tiempo es siempre tiempo restante; comprendo mejor ahora a las personas que hablan de “la necesidad de desconectar”.
Se refieren a la necesidad de sentir que el tiempo no es tiempo restante sino tiempo posible o tiempo disponible.
21 de noviembre
Lunes, descubro el almacén. Y las llamadas de teléfono, abundantes. Constato que mi pasión por la marca se ha reducido. Segunda constatación: no tengo ni un tercio de información que mis compañeras. Parece ya evidente. Alguna insinuación me ha llegado: “Deberías ir acostumbrándote a” o, en su versión más sutil: “Yo es lo que hago al llegar a casa”.
¿Cómo explicar que al llegar a casa uno no contempla la posibilidad de prolongar los quehaceres laborales?
Barajo dos respuestas posibles. La primera pasa por una confesión con malas consecuencias. Mala estrategia.
La segunda es una modesta oda a la pereza. No es conveniente.
25 de noviembre
Hay algo conmovedor en la interacción con clientes. Todos te escuchan creyendo en la autoridad que te ha sido conferida. Es la primera tarde en la que me atrevo a pronunciar: “Verá, yo le recomiendo...”. Lo digo dos veces, a un padre muy simpático –le he visto todas las tardes en las que he trabajado en la tienda– y a una joven madre. En ambos he visto un gesto semejante: ojos abiertos y asentimiento.
¿De dónde viene esta autoridad? ¿Por qué leo en sus miradas “Vaya, tú debes saber mucho de esto, yo, en cambio, no tengo ni idea”?. ¡Qué fácil acostumbrarse a ella!
Nueva corrección: el cliente debe estar atendido en todo momento, es imprescindible ofrecer alternativas a sus deseos, si no alcanza con el stock disponible. La buena vendedora siempre insiste.
26 de noviembre
OBSESIONADO POR EL TIEMPO LIBRE, EL TIEMPO ES SIEMPRE TIEMPO RESTANTE; COMPRENDO MEJOR AHORA A LAS PERSONAS QUE HABLAN DE “LA NECESIDAD DE DESCONECTAR”
Pequeña reprimenda. Hemos empezado a sacar los instrumentos de limpieza cinco minutos antes de agotarse el horario. No nos pagan para eso. Gran indignación de mi compañera. Me da unas sorprendentes razones utilitaristas de su enfado: “Hago ganar mucho dinero a la tienda. Y así me lo agradecen”.
Le explico que no trata de quién tiene razón, pero en este caso, está claro que la razón le pertenece a los jefes, que son los contratantes. Creo que no ha entendido lo que le digo. Son muchas cosas, añade, y mi comentario –ahora es ya indudable– la ha ofendido.
Bien. Trato de explicárselo una vez más. Las razones subjetivas no importan cuando el dinero interviene en un contrato de estas características. Me da por imposible. Yo también: no tengo reservas de consuelo, y he preferido lanzar una reflexión.
Una nota evidente: intentar diálogos socráticos en la vida corriente es un juego ocioso.
1 de diciembre
Descubrimiento trágico, ya anunciado: soy muy patoso envolviendo regalos. Muestras de compasión entre los clientes, aparece incluso el recuerdo de quien envolvió zapatos en unas navidades antiguas.
La tarde transcurre a lo Capra. A la dulzura del recuerdo, le sigue la amargura de la constatación: otra señora señala con gran detenimiento lo mal envuelto que está el paquete y cómo debería hacerse.
Evidente frustración entre mis compañeras. Inverosímil o no, me afecta.
3 de diciembre
Los matrimonios y sus relatos públicos. Por la mañana, un señor hace llorar a su esposa mientras su hija juega como si no escuchase los sonidos de algo que hace demasiado que está sucediendo.
Por la tarde una señora me pide pijamas, y luego dice: “Aunque se duerme más cómodo sin ellos ¿no?”. Su acompañante es su marido, ella me lo recuerda y, con gran risotada, insiste en flirtear de un modo descarado.
Vergüenza ajena. El marido asiste algo frustrado al juego de la señora; ella remata diciendo lo ideal que sería llamar a “todo un cuerpo de bomberos” mientras mira el pack que va a regalarle a su hijo. 
5 de diciembre 
Estamos más cerca de comenzar la cuesta. No llega. No acabo de comprender las metáforas geológicas y sus matices. Estoy muy cansado. 
16 de diciembre 
Eludo la cena de empresa, y su posterior farra, aunque no su relato la mañana siguiente. Tomé la decisión precipitadamente, inventé una excusa a última hora: la idea de compartir un escenario de amistad me parece inadecuada.
17 de diciembre
Aparece en la tienda alguien que estudió filosofía, no lo he sabido hasta diez minutos después de su entusiasta defensa de los juguetes que ha comprado, de su espíritu educativo y de su actual profesión; la lingüística computacional variante marketing.
Es de Girona –su acento no le delataba del todo, aunque luego sí su anecdotario– y celebra que yo esté ahora terminando la carrera. Dice que a él le cambió la vida. Hablamos de Habermas. Dice muy contento que es una cosa seria, seria.
ME DICE QUE NO CHUTE LAS PIEZAS. HE VISTO HACERLO A MI SUPERVISORA. ¡PERO ME CALLO! PEQUEÑO TRIUNFO DE LA MICRO-SOLIDARIDAD OBRERA: SERLO CON QUIENES NO SON TUS AMIGOS PERO ESTÁN EN EL MISMO LUGAR
Al llegar al autobús, un episodio extraño. Un señor calvo llega corriendo con mochila de trabajo y zapatos desgastados. El conductor le dice: “Bueno! ¡parece que has perdido tu pelo en esa carrera ¿Eh?”. Me siento agredido en ese momento. ¡No solamente por mi pertenencia al club de los prealopécicos! Subir a un autobús y que alguien te suelte un chiste magnífico. Invento una norma propia para el humor que utilizaré en la tienda: de ahora en adelante, chistes blancos, fáciles. 
23 de diciembre
Ha dejado de parecerme navideño el espíritu de la tienda. Pequeño rasgo antisocial: no puedo soportar la intimidad ajena, aunque sean pequeños bosquejos de relaciones, vida; lo he descubierto en las conversaciones con las compañeras.
No puedo conversar si luego estaré sometido a un juego de jerarquías y lealtades, etcétera. Veo improbable que pueda prosperar la amistad. Gran fracaso en el ejercicio social de compartir películas y series.
“Estoy cansado de La Guerra de las Galaxias y no me parece que Black Mirror tenga ideas sino lugares comunes sobre la “tecnología” y sus efectos”. Me vengo arriba con la fregona y mis opiniones, todo muy ridículo.
Juzgo estúpido el “fenómeno de las series” y mi compañera cree que la he llamado estúpida. Hago un llamamiento a la prudencia: “No tengo ni idea de…”. Ella insiste, la ofensa redobla sus tambores.
Friego en silencio.
24 de diciembre
Cambio en la fisonomía de los clientes. Cambio memorable: son directos, necesitan comprar, esperan muchas cosas, no conciben que los productos se hayan agotado, quieren saber en qué otro sitio lo tienen. Esperan cooperación entre las fuerzas del comercio, amabilidad a raudales, soluciones efectivas. 
27 de diciembre
Una de las tareas importantes es vender el stock acumulado. Decido centrarme en la colección para niñas, que con sus ponys, estrellas del pop y ferias me parece engolada.
Gran éxito. Di que algo es para “niñas inteligentes” y el mar del orgullo te permitirá ver sus olas valientes. Añádele la respetabilidad de las fuerzas del comercio a modo de falsa apostilla –“además se vende muy bien”– y serás invencible.
¡Qué sensación de triunfo!
30 de diciembre
La puntualidad de las nóminas. Éste ha sido el mes de los domingos trabajando, me digo. Han sido un pequeño fracaso. Hermosura de la patología social: la gente no compra en domingo. Quiere descansar. El día del Señor a estas alturas de mi vida.
Cuando salgo, el salario ya está en la cuenta corriente y la tonadilla de Notorius Big y P. Diddy –“No sé qué quieren de mí / es como si cuanto más dinero viniera / más problemas viera”– viene a mi cabeza.
31 de diciembre
Lo memorable: tener que estar en un almacén colocando cajas, o piezas, o preparando pedidos. Me doy cuenta de que estoy ejercitando la memoria visual. Hago una broma de Rain Man que a nadie le parece divertida.
Regresa la señora insinuante. La tienda tiene al menos cuarenta personas dentro. Ni siquiera recuerdo cuantas veces he dicho ya “¡Hola! ¿puedo ayudarla?” Ella decide humillarme: “Lo que no podemos hacer es agobiar al cliente, ¿no?”.
Me doy cuenta de que se me ha caído la botella del ánimo al suelo ¡y quedan otras cuatro horas!
2 de enero
Primera marabunta memorable. Mis jefes deben ayudarme a envolver regalos, dada mi torpeza. Uno de ellos me mira al final de la jornada con unos ojos donde, creo, hay una reevaluación muy resentida de su decisión de contratarme. El resto de la semana trabajaré diez horas, acepto, improviso algo relacionado con el honor y la responsabilidad.
3 de enero
Almacén con mi compañero, que gestiona el almacén. Oyéndole hablar parece uno de los jefes. Es biólogo. Está convencido de la salud democrática y de la grandeza de Cataluña. Me da muchas órdenes. Me dice que no chute las piezas. He visto hacerlo a mi supervisora. ¡Pero me callo! Pequeño triunfo de la micro-solidaridad obrera: serlo con quienes no son tus amigos pero están en el mismo lugar. 
4 de enero
Incidente en la tienda. Primera vez que me insultan. Ha entrado una familia con un juguete con un fallo. Sabía que eran pobres. Podía verlo en el calzado (las deportivas baratas), el chándal, los dientes algo separados. Faltaban doce piezas, me ha dicho la madre, indignada. Respondo como es habitual, explicando que no somos una tienda oficial sino especializada y que el servicio de atención al cliente está en Internet. “¿Y si no tenemos Internet?”, me dice la madre. Me siento profundamente imbécil por mi supuesto.
Ojos de incomprensión. Indignación. Un compañero acude al rescate. Nos ganamos más gritos e insultos.
El padre se gira y me dice: “Si todo fuese por Internet, tú no trabajarías aquí”. Mi compañero está afectado por los insultos, les llama imbéciles, etcétera. Profunda tristeza, cuando el padre ha pronunciado esa frase he constatado su ignorancia.
Resulta terrible. Uno puede responder a los insultos o hacer chistes. Pero existía la posibilidad de aceptar la autoridad. Un ser humano que ni siquiera imaginaba que existe la programación, que no sabe que tras Internet hay trabajo, trabajo humano, de ingenieros, de mantenimiento. No lo consideraba. 
5 de enero
Día final. Tranquilidad, pequeña sorpresa –después de todo, he envuelto un regalo perfectamente–, con broma nada maliciosa incluida. Una anciana uruguaya y aristocrática viene a la tienda. Compruebo cómo el orgullo viaja –como sus hijos, que viven en Londres y conocen “la tienda que hay en Londres y que supongo que conocerás”–, pero sus suposiciones no pueden herirme. Desprecia la guerra, pero termina comprando algo relacionado con la saga de las Galaxias. Reivindica el saber de los ingenieros, dice que por esa razón le gusta nuestra juguetería, porque tiene cajas de aprendizaje donde se prioriza la economía y la técnica. Tras la conversación, considero que mis simpatías hacia la doctrina consecuencialista son una pequeña ingenuidad juvenil.
Se celebra mi entusiasmo y mi compromiso. Se señalan como grandes virtudes. Se me invita a regresar cuando quiera. Se me pide algo de autocrítica –parece evidente que el “hándicap” era no saber envolver. Luego otras cosas a mejorar que tengan que ver con la tienda. Intuyo que las palabras tienen que ver con mis compañeras. Uso la modestia: “Tal vez algo más de comunicación en el reparto de tareas”. Entendimiento rápido entre adultos, leer entre líneas la estrategia.
(Pero no es estrategia, es prudencia).
Me marcho. Me doy cuenta de que me he olvidado unas alarmas en el bolsillo. Terminan en una basura cercana. Lo cierto es que comeré en el japonés donde el camarero chino me hablará entusiasmado de su infancia en Shangai, de su pasión por nuestra juguetería y su marca, de sus recuerdos.
¡La Historia sigue adelante después de todo!


Pablo Muñoz (Mataró, 1988) Ha escrito sobre cine para Blog de cine y El Español. Ha publicado Padres ausentes (Alpha Decay, 2011) y ha participado en libros colectivos como CT o la Cultura de la Transición (Debolsillo, 2013).


miércoles, 18 de enero de 2017

FELIPE , ARABIA SAUDÍ...

 ...y yihadismo


Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau
Felipe VI de Borbón, rey de España, ha ido de visita a Arabia Saudí donde otra familia real gobierna. Esta visita se encuadra, como tantas otras que realizó su padre Juan Carlos I, como un viaje de negocios. Arabia Saudí, es un país con un enorme PIB, ocupa el 19 puesto en el ranquin mundial, íntegramente procedente de poseer las reservas mundiales de petróleo más importantes y entonces, es comprensible que Felipe VI acompañe al sector empresarial español para intentar se consigan contratos con la petromonarquía saudí. Aunque lo que no es tan normal es la clase de gobierno que rige los designios de los sauditas.
Arabia Saudí, es bien conocido, que está regido por una autocracia familiar, los Saud, que al más puro estilo medieval musulmán se rige por la ley islámica. Se estima que no son menos de medio millar los familiares que dirigen todo el entramado del estado y ocupan la mayoría de puestos más importantes de la administración saudí. A modo de ejemplo, el actual rey, Salman bin Abdelaziz, que heredó el trono de su hermano mayor, aún tiene 42 hermanos que por orden de edad le sucederán en el trono. Pero lo llamativo de esta plutocracia, no es la dictadura con que se gobierna, donde todos los resortes del estado, ejecutivo, legislativo y judicial recaen sobre el monarca. Sino que se trata de uno de los países más corruptos del mundo, así lo señala Transparency Internacional. Es bien conocido que cualquier negocio que se quiera llevar a cabo en ese país debe ir acompañado de substanciosas comisiones para los miembros de la familia real que interceden en todas las negociaciones, así lo atestiguan las numerosas investigaciones y juicios por corrupción en diversos países por esas causas.
Entre los presidentes y ejecutivos de empresas españolas que acompañaban a Felipe IV en la visita, se encontraban empresarios de ferrocarriles RENFE, CAF, Talgo, de constructoras OHL, Acciona, FCC y Sacyr, un grupo del sector electrónico; y por último, las más llamativas, un nutrido grupo de industrias militares, Navantia, INDRA, Sener y Arpa. Por si no se sabe, Arabia Saudí fue en 2015, el mayor comprador de armas del mundo y España que le suministra armas un productor importante de estos artefactos. Sí que se sabe, que Arabia Saudí está inmerso en una guerra abierta en Yemen, donde intervienen sus tropas y su aviación bombardea a menudo ese territorio donde los rebeldes huzíes, de la rama chiita, se levantaron en armas contra el dictador Saleh.
Pero hay más cosas que insultan nuestra inteligencia. Arabia Saudí de la corriente sunita, denominada wahabismo, ha estado financiando al yihadismo, existen pruebas fehacientes de ello, y entre otras, a una de las corrientes más sectarias del Islam, los salafistas, a quienes les ha proporcionado recursos, armas y ha estado detrás de los grupos armados que actúan en la guerra de Siria contra el régimen de Al Asad, de la corriente chiita y apoyado por Irán. País con quien se enfrenta por la hegemonía militar en Oriente Medio en una carrera de armamentos que no presagia más que nuevos conflictos. Entre las múltiples acusaciones de financiar el yihadismo se encuentra el hecho de que 15 de los 19 terroristas que atentaron contra Estados Unidos el 11-S de 2001, eran sauditas.
A su vez, Arabia Saudí es un país denunciado por Amnistía Internacional y Human Rights Watch como uno de los mayores violadores de los derechos humanos, mujeres y trabajadores sin derechos, país donde homosexuales y lesbianas son condenados a muerte, un país donde todos los años unas 300 personas son ejecutadas.
Con ese tipo de país el Gobierno de España se va a hacer negocios, y entre otros intenta venderle cinco corbetas por un valor de 2.000 millones de euros que debe fabricar Navantia en las factorías de Cádiz y El Ferrol. Ventas de armas que según indica la Ley española que regula el comercio de armas deberían estar prohibidas, pues viola los criterios de la ley y de obligado cumplimiento que recoge de la Posición Común de la UE, y que prohíbe vender armas a países que participan en conflictos, donde se producen graves violaciones de los derechos humanos, así hasta ocho criterios. Y no sólo viola la Ley española y la Posición Común de la UE, también la del reciente Tratado de Comercio de Armas internacional aprobado en Naciones Unidas y que España ha ratificado.
Lamentable que la oposición política al gobierno del Partido Popular no levante la voz y diga que esas ventas son una ignominia. Lamentable es que los sindicatos obreros de Navantia y las otras empresas militares que buscan carga de trabajo en Arabia Saudí se olviden de la solidaridad de clase con los obreros de otros países que son masacrados con las armas que ellos fabrican. Lamentable que los alcaldes y gobiernos autonómicos donde están ubicadas esas empresas no busquen alternativas de conversión de esas industrias promoviendo estudios, junto a los sindicatos, colegios profesionales y demás instituciones para dejar de fabricar armas y pasen a la producción civil.
Sin duda se deben arbitrar medidas para erradicar el yihadismo terrorista y todos estaremos de acuerdo en que se debe actuar sobre sus causas. Pues una de ellas debería ser impedir la venta de armas a estados como el de Arabia Saudí y otros similares de Oriente Medio. Armas que luego se utilizan en guerras causando mucho dolor entre la población civil, que es motivo de que muchos jóvenes se enrolen en las filas yihadistas.
Alcaldes, gobiernos autonómicos, sindicatos y movimientos sociales donde se ubican las fábricas de armas españolas que suministran armas a países de Oriente Medio ¿Cuál es una de las causas que promueve el terrorismo internacional?

sábado, 14 de enero de 2017

LA DERECHA SE QUITA LA MÁSCARA

Juan Carlos Escudé

Asociada siempre al engaño, la política empieza a resultar peligrosa cuando las mentiras dejan de ser esporádicas para convertirse en sistemáticas. Sin embargo, ocasionalmente, faltar a la verdad se ha considerado una virtud indisociable del político que, lejos de afectar a su integridad, la reafirma. Entre los diplomáticos es conocida la definición que del oficio hizo ya en el siglo XVII el poeta y embajador inglés Henry Wotton: “Un hombre honesto que se envía al exterior para que mienta en nombre de su país”. En nombre del interés general, el vendedor de alfombras es un patriota.
Vista así, la mentira es una graciosa arquivolta en el edificio de la democracia pero ha tenido que llegar Ruiz Gallardón a decirnos que el PP ha venido usándola como material de construcción en sus propios cimientos. Del exalcalde y exministro se sabía que paseaba a su perro y, más recientemente, que se había puesto al servicio de Bouygues para enseñar a los franceses como se hacen aquí las pirámides, hasta que este jueves reapareció junto a Aznar para reconocer el gigantesco trampantojo levantado por su partido.
Según explicó, los populares han sufrido una grave deslegitimación social porque han renunciado a su ideología para ganar votos. “Hemos estado escondiéndonos, avergonzándonos de aquello que en realidad pensábamos”, lo que en traducción libre significa que han estado simulando ser lo que no son para alcanzar el poder, algo que por otra parte viene siendo moneda común entre sus adversarios políticos. La importancia de su declaración no está tanto en el contenido sino en el continente. De cualquiera podía esperarse que maldijera el disfraz pero no de Mortadelo.
El rey de los camaleones venía a reconocer que si cambiaba de color era por miedo a defender sus ideas, y que siempre fue azul aunque pareciera un poco rojo. Por obvia, sobraba la confesión, y menos ante el estadista con bigote, que ahora es Don Pelayo y presume de armadura pero que durante años simuló ser Moisés llevando a sus huestes hasta el centro político en una interminable travesía, lo que daba idea de lo lejos que le quedaba el destino. De ese viaje por desierto queda constancia en los estatutos del partido: “El PP se define como una formación política de centro reformista al servicio de los intereses generales de España”. ¿Hay alguien de derechas por ahí?
Con Gallardón jamás hubo dudas desde que Peces Barba relató su conversación en el Congreso con el padre del faraón: “¿Conservador yo? Tenías que conocer a mi hijo Alberto; ese sí que es de derechas”. Pero el fingimiento del muchacho llegó a extremos admirables, hasta el punto de que en el PP se sospechaba de su conversión al marxismo tras caerse del caballo y golpearse en la cabeza. La progresía le fue también que en algún momento llegó a afirmar que, alcanzada ya la cima del centrismo, la manera de ganar las elecciones generales era arrebatarle al PSOE votos de izquierda como él mismo había hecho para ser presidente de Madrid. “Hay recorrido”, afirmaba el recomendado de López Rodó con notable desparpajo.
Verso suelto del PP, protegido de antiguo diario independiente de la mañana, “traidor, bandido y farsante” para los apóstoles mediáticos de la derecha, el exalcalde decidió dar por concluido su particular carnaval en el Ministerio de Justicia, pero fue dejar caer la máscara y enfangarse con la cadena perpetua revisable –otra herencia de Trillo- y con la ley del aborto. El verdadero rostro de la criatura causó auténtico espanto hasta el punto de que sólo su dimisión devolvió el sueño a Rajoy, el señor de la siesta.
El hombre que quiso ser lo que no era, que intentó reescribir a Kafka para invertir la metamorfosis en su propio pellejo, denuncia ahora que los populismos “se declaran transversales e intentan seducir mediante las emociones” algo “mezquino” cuando se utiliza electoralmente. La culpa de que él mismo lo hiciera o de que su partido sacrificara sus “principios” para llegar al poder fue, en su opinión, de la izquierda y de sus estrategia deslegitimadora y perversa. Se les obligó a ocultar que eran de derechas para transformar la sociedad. Son mentirosos pero patriotas.