jueves, 9 de junio de 2016

EL TEMA

El Tema

Ese tema es el que hace que parezcamos gilipollas; así que mejor déjalo estar, porque pierdo los papeles. Parecemos gilipollas y claro, nos tratan como a gilipollas. Ya ves: me hierve la sangre y se me nubla la vista. Mejor no me hagas hablar, porque nadie va a salir bien parado. Ni tú, ni yo, ni nadie. Porque ese tema, en realidad, es el único tema.[…]
No sé ni por dónde empezar. Se me agolpan las ideas en la cabeza y me indigno. Lo curioso es que da igual por dónde lo pilles, al final acabas en el mismo sitio: en el tema, el dichoso tema. Porque todo está relacionado. Y lo peor es que es evidente. No importa a quien preguntes: prácticamente todo el mundo está de acuerdo.
Y no es algo nuevo. Pudimos haber empezado a resolver el tema (o al menos a no dejar que se agravase) hace muchos años, pero no hicimos nada. Y fíjate que hablo de nosotros, de todos nosotros. Podría echarles la culpa a ellos, pero a ellos los elegimos nosotros ¿no?
No dejo de preguntarme por qué no nos dimos cuenta antes de la equivocación. Es comprensible confiar la primera vez y, quizá, a la segunda; ¿pero tantas veces? Por eso digo que quizá seamos gilipollas, y perdón por repetir el taco; pero es que hemos tardado muchísimos años en darnos cuenta de cuál es el tema (aunque todavía haya muchos que ni por esas).
Es comprensible que durante un tiempo el tema pasase desapercibido: cuando todo parecía ir viento en popa. No nos paramos a pensar en que nadie estaba pendiente del medio y largo plazo, nadie estaba pendiente del futuro (ese que ahora es presente). Quizá no supimos ver las señales de alerta, quizá no quisimos verlas, pero ¿las hubo?
Los medios tienen su parte de responsabilidad en el tema, claro que sí, pero no cabe de duda de que, quien hubiese querido enterarse, lo hubiera hecho. Quien quiere saber, acaba sabiendo, aunque sea demasiado tarde.
Si echas la mirada atrás, si lees noticias antiguas, promesas antiguas, proyectos antiguos; y luego miras el presente, te das cuenta de cuál es el tema y, también, de que nos han tomado el pelo (y de que nos hemos dejado tomar).
Es algo parecido al síndrome de Estocolmo. Estamos en sus manos y, de nuevo, varios millones de nosotros van a elegir a los mismos: a los responsables del tema.
Porque si comparas con los datos de nuestro entorno, el tema está clarísimo.

Basta con mirar hacia nuestros vecinos de Europa:
Mira sus horarios.
Mira su red de escuelas infantiles públicas, su sistema de ayudas y sus medidas de conciliación. Ellos tienen hijos porque pueden. Porque para criar a sus hijos no tienen que hipotecar su vida.
Mira su sistema educativo. La preparación de sus profesores y de sus alumnos.
Mira a sus empresarios: su formación, su nivel cultural, su concepto del beneficio.
Compara la diferencia de salario entre jefes y empleados.
Mira el salario medio.
Mira sus condiciones laborales.
A ellos no les toman el pelo (o no han dejado que se lo tomen). A ellos no los tratan como a gilipollas.
Algunos de ellos lo pasan mal, claro que sí, pero en general, ellos pueden mirar al futuro con tranquilidad. Pueden dar por hecho que habrá relevo generacional, que habrá quien pague sus pensiones.
Ellos saben que alguien les tiene en cuenta.
Mira a sus trabajadores autónomos. La flexibilidad de sus cuotas, la cantidad de derechos que tienen pagando mucho menos que nosotros. La racionalidad del sistema: el sentido común.
Mira su sector bancario, las condiciones de sus hipotecas. Si les cuentas que en España la dación en pago es algo novedoso y difícil de lograr, que nadie nos habló de ello… Díselo y verás cómo se llevan las manos a la cabeza. Diles que aquí te quedas con la deuda de por vida, aunque pierdas la casa. Cuéntales que lo hemos tolerado y que, todavía, hay gente que sigue firmando hipotecas con esas condiciones.
Mira a sus líderes, políticos, sociales y sindicales.
Mira cómo dimiten, cómo se avergüenzan. Mira cómo respetan a sus ciudadanos.
Mira a su tejido asociativo, su capacidad de organización vecinal. Mira la transparencia, la democracia de la vida cotidiana, de los gestos pequeños.
Compara las estadísticas, la productividad, el sistema fiscal, los salarios medios.
Admírate por cómo funcionan la meritocracia y la igualdad de oportunidades.
Mira cómo tratan a sus becarios, a sus científicos y a sus artistas.
Piensa ahora en los últimos 40 años.
Reflexiona.
Ahora mira tu futuro.
Ése es el tema.

Y en los comentarios al artículo, nos dan algunas pistas sobre cuál es en realidad "el Tema":

El tema es que nos vendieron un milagro económico español que simplemente consistió en pedir un crédito para vivir a todo trapo unos años.


El tema es que la misma legión de cuñaos subnormales a los que se les llena la boca hablando de lo mal que lo ha hecho todo Grecia, de lo podrido que está todo allí y de cómo van a tener que apretarse el cinturón para pagar todo eso es incapaz de verse reflejada en sus exabruptos. La cosa no va con ellos, creen.

El tema es que, como bien apunta
#5, la evangelización ha sido brutal durante años. Todo el mundo es un experto en política y en economía, y nadie piensa que le hayan podido estar timando.


El tema es que si te das una vuelta por ciertos pueblos de la costa española verás en la misma playa a lo mas chav de la clase obrera británica disfrutando despreocupadamente de sus vacaciones mientras trabajadores cualificados españoles hablan por el móvil con sus compañeros.


El tema es que nos tratan como a lo que somos. La foto de España es un obrero en paro gritándole a la tele cada vez que sale Pablo Iglesias.


El tema es la falta de cultura en general y de cultura democrática en particular. El tema es que callamos por interés algunos, por desinterés o por vergüenza otros. El tema es la herencia de unos y de otros, de todos. El tema es la propia idiosincrasia nuestra. El tema es España, lo que nos une y desune, lo que nos gusta y disgusta, lo importante y lo anecdótico. El tema es que España es el toro y los políticos son los cuernos. O solucionamos el tema o nos cornea.


Comentario de Carlos A Trevisi

Querido amigo lector
Hay varias razones para que suceda lo que denuncia Toño.

1. Que no hemos podido superar los 40 años de franquismo: somos autoritarios, inflexibles.
2. Que no sabemos ponernos en común; no tenemos espíritu comunitario.
3. Que somos ignorantes por haber abandonado nuestras raíces.
4. Que no nos interesa participar.
5. Que no somos intrépidos y en consecuencia tememos los cambios.
6. Que la "peor Iglesia" se apoderó de nuestras conciencias.
7. Que no supimos realimentar nuestra cultura: nos olvidamos del Quijote
8. Que no supimos incorporarnos a la civilización.
9. Que confundimos tradición con costumbre
10. Que la clase dirigente es improvisada.
11. Que el sistema educativo es antidiluviano.
12. Que los maestros / profesores son incompetentes por falta de preparación.
13. Que la universidad no cubre las necesidades de los jóvenes para su inserción en la nueva realidad que vivimos.
14. Que los universitarios capaces se van de España
15. Que a un universitario que abandona España le cuesta más volver que irse.
16. Que los empleados públicos, que no son responsables de lo que sucede en la administración del estado, se mueren de risa de los políticos.
17. Que los políticos, ejemplos de todo lo que no se debe ser, no los consultan: les ordenan qué hacer y hasta cómo hacerlo sin tener idea de lo que se trata
18. Que los socialistas del PSOE -Felipe González, Corcuera y muchos más- son tan socialistas como Rajoy estadista o Cebrián periodista.
19. Que no nos hemos dado cuenta de que el estado de bienestar, abolido por el neoliberalismo, ya es historia.
20. Que hay que recrear un nuevo bienestar que contemple lo educativo, lo sanitario y lo cultural
21. Que no hay un español de a pie que sepa lo que ha significado en su momento la Comisión Trilateral ni, hoy día los "encuentros" de Bilderberg.
22. Que vivimos un nacionalismo que nos hace vivir al inmigrante ya sea  sudaca, moro o sirio  como invasor.
23. Que los migrantes, por muy refugiados que sean, hablan inglés y son mayoritariamente gente capacitada –muchísimos de  ellos profesionales- que nos pueden prestar una gran ayuda.
24. Siga usted. Lo voy a orientar: hace unos días el presidente Rajoy dijo que en diez años lo españoles tienen que hablar inglés; que ya contamos con docentes capacitados para abordar el aprendizaje. No lo quiero desencantar, amigo lector, pero ¿sabía usted que los profesores de inglés españoles, salvo “rara avis”, NO HABLAN INGLÉS?

Hace un tiempo ya que publiqué PENSEMOS JUNTOS*. Dos volúmenes en los que alerto acerca de lo que está pasando en el mundo y las razones que nos van impulsando a un destino incierto.. Se vendieron 500 ejemplares. Todavía estoy esperando que alguien me diga que soy un idiota. Lo piensan, pero no tienen atributos ni para decirlo ni para ponerse en común y pensar porqué anda todo como la m...
Uno de los que los leyó, según me dijo, le interesaba poco saber qué pasa en el mundo. Su idea es agotar España y recién entonces salir a recorrer otros países para poder comparar.

En fin.
Bien por Toño.

·       He reunido algunas páginas en


UNIDOS PODEMOS: MENTIRAS Y FALSEDADES DEL ESTABLISHMENT

Las mentiras y falsedades del establishment político-mediático español sobre Unidos Podemos


Por Vicenç Navarro

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y autor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’ (Anagrama, 2015)
He escrito extensamente que la transición de la dictadura a la democracia en España no fue nada modélica, pues el equilibrio de fuerzas entre las derechas (que controlaban los aparatos del Estado y los grandes medios de información) y las izquierdas (que habían liderado a las fuerzas democráticas), que acababan de salir de la clandestinidad, era tan desigual que era prácticamente imposible que el producto de tal proceso fuera equilibrado y modélico. De ahí que las instituciones democráticas continuaron estando altamente influenciadas por las fuerzas conservadoras, próximas a los intereses financieros y económicos que dominaban la vida económica, política y mediática del país (ver mi libro Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país. Anagrama, 2002).
Como consecuencia de ello, la democracia española se ha caracterizado por su escasa calidad, y como indicador de ello, la diversidad ideológica de los mayores medios de información ha sido siempre muy limitada en España. Todavía hoy, no hay un mayor medio de información que pudiera considerarse de izquierdas. Lo más próximo que hubo tiempo atrás fueron los rotativos de centro, como El País, que cuando estuvo dirigido por Joaquín Estefanía estuvo abierto a colaboradores de izquierdas. Pero tal abertura desapareció, transformándose en un rotativo de derechas bajo la dirección del actual director Antonio Caño, profundamente conservador. Su reportaje sobre Podemos carece de cualquier sentido de balance o equilibrio, destacando por su hostilidad y agresividad. Un tanto igual ocurre con la Radio Televisión Española (RTVE), que se ha ido derechizando más y más. Hay una diferencia notable entre la RTVE en la época de Iñaki Gabilondo, y la de ahora de Alfonso Nasarre, director de Radio Nacional de España (RNE). La discusión sobre Podemos en la tertulia de RNE de hoy, 8 de junio, era mucho peor que la discusión que había tenido lugar en la cadena de ultraderecha estadounidense Fox el día anterior sobre Bernie Sanders, el candidato socialista en las primarias del Partido Demócrata de aquel país.
Todos ellos mienten a sabiendas, sin el más mínimo reparo en su comportamiento
Veamos los datos. Todos los medios, liderados por El País, han reproducido extensamente las declaraciones del vice coordinador del Comité Electoral del PSOE, Óscar López, en las que acusaba a Unidos Podemos de querer nacionalizar toda la banca, señalando esta medida como ejemplo del extremismo de tal partido, algo impropio de la socialdemocracia, acusación que se ha repetido muchísimas veces en artículos y tertulias a lo largo del territorio español, sin nunca dar la oportunidad de ser respondida, mostrando la falsedad de tal acusación y tal presunción.
Miremos en primer lugar lo que dice el programa de Unidos Podemos sobre la banca. En la sección sobre la banca se dice lo siguiente: “En esta nueva política industrial cobran un mayor peso los instrumentos financieros públicos para crear sinergias entre las capacidades innovadoras y financieras del sector privado y del sector público. Con el fin de que España cuente también con una importante red de banca pública para llevar a cabo estas políticas, el Gobierno renegociará los términos del Memorando de entendimiento firmado con la UE para poner en marcha una potente y eficaz banca pública a partir de las entidades ya nacionalizadas Bankia y Banco Mare Nostrum, que no serán reprivatizadas, y del ICO“.
Puede verse que lo que Unidos Podemos está proponiendo es que los bancos que se han rescatado con dinero público (bancos que habían colapsado por la incompetencia, cuando no corrupción, de su gestión privada) se mantengan en el sector público para desarrollar una función pública proveyendo crédito a las familias y a las empresas (sobre todo pequeñas y medianas empresas) que lo necesiten. Esta propuesta es opuesta a la del PSOE, que pretende privatizar de nuevo tales bancos, poniéndolos otra vez en manos de banqueros y accionistas que consideraran su objetivo principal el optimizar sus intereses, es decir, sus beneficios, a costa de los intereses de la ciudadanía, medida que va precisamente en contra del principio socialista de anteponer el bien común sobre el beneficio privado. Es un indicador más del abandono del proyecto socialista por parte del PSOE que critique ahora a Unidos Podemos por hacer lo que la socialdemocracia hizo siempre. Es un indicador más de la renuncia del PSOE al ideario socialista.
Las propuestas que hace Unidos Podemos, que ahora ridiculiza el PSOE, las llevaron a cabo partidos socialistas cuando gobernaron
Otra propuesta que hace Unidos Podemos es utilizar el ICO, el Instituto de Crédito Oficial, como institución bancaria pública que expandiría sus responsabilidades crediticias, propuesta muy necesaria que ya hicimos el Profesor Juan Torres y yo cuando apuntamos las líneas generales de un programa económico progresista, que Podemos hizo suyo. De nuevo, es importante señalar que cuando hicimos tal propuesta, el economista del PSOE y también gurú mediático de El País (y de La Sexta), el Sr. José Carlos Díez, la ridiculizó, ignorando que lo que estábamos proponiendo era una práctica común en muchos países de Europa, incluidos países de tradición socialdemócrata, como son Noruega, Suecia y Dinamarca. En realidad, España es uno de los países con uno de los sectores bancarios público más pequeños, siendo ello causa de que exista en España una hipertrofia del sector bancario privado (tres veces mayor que en EEUU, en términos proporcionales).
Este intento de ridiculizar una medida tradicionalmente socialdemócrata es un indicador más de la renuncia del PSOE a sus principios socialdemócratas, renuncia que es constante en su discurso y práctica política. Léanse los textos del director del equipo económico del Sr. Pedro Sánchez, el Sr. Jordi Sevilla. En su libro De nuevo socialismo, Jordi Sevilla, que se define explícitamente y sin tapujos como liberal, utiliza frases como “¿Quién a estas alturas quiere aumentar el gasto público?” y “¿Alguien puede defender a estas alturas del siglo que un programa socialdemócrata debe estar a favor de más impuestos y más gasto público e introducir rigideces normativas en la economía?”, dicho y escrito en el país que tiene uno de los gastos públicos (incluyendo el gasto público social, que financia los servicios públicos del Estado del Bienestar como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios  domiciliarios, servicios sociales, vivienda social, entre otros) más bajos de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al de España). Siguiendo esta mentalidad, Jordi Sevilla fue el inspirador del famoso dicho del presidente Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, creando un agujero en el presupuesto del Estado de nada menos que de 27.000 millones de euros. Los recortes de gasto público que inició el presidente Zapatero fueron precisamente para reducir el déficit público que tal recorte de impuestos había generado en las cuentas públicas. Ni que decir tiene que estos recortes debilitaron enormemente al ya insuficientemente financiado Estado del Bienestar español. A la luz de estos datos, hay que añadir a las preguntas que se hacía el Sr. Sevilla la más importante, que no cita: “¿Quién a estas alturas estaba renunciando al proyecto socialista en democracia, es decir, al proyecto socialdemócrata?”. Pero crean que la dirección del PSOE nunca se hará esta pregunta. La falta de autocrítica de la dirección de este partido y la continuación de sus políticas neoliberales tiene poco que ver con tal proyecto político.
El miedo al comunismo: otra movilización en contra de Unidos Podemos
Donde las tertulias y artículos alcanzan un nivel casi histérico es al anunciar la implantación de “la dictadura del proletariado” que tendría lugar en el caso de que gane Unidos Podemos. En este punto, me temo que más que ante una mentira, estamos ante una enorme ignorancia debido al enorme conservadurismo en la enseñanza, sobre todo privada, gestionada por la Iglesia, donde gran número de tertulianos parecen haberse educado. El desconocimiento en España de los escritos de Marx, con la constante confusión entre lo que es marxismo, lo que es socialismo y lo que es comunismo, es enorme, incluso, por cierto, en los centros universitarios.
Como indiqué en otro artículo reciente (“Contestación a Susana Díaz: ¿qué es la socialdemocracia?”, Público, 08.06.15), el PSOE tiene en sus escritos oficiales el reconocimiento de la utilidad del marxismo como instrumento intelectual, crítico con el capitalismo. Y como subrayé en aquel artículo, las dos tradiciones basadas en el marxismo, tanto la socialdemocracia como el comunismo, tenían históricamente el mismo objetivo: alcanzar la sociedad socialista. Eran los medios para alcanzar tal objetivo lo que diferenciaban las dos sensibilidades. En los países capitalistas desarrollados, la vía revolucionaria no ha sido considerada posible, siendo la vía democrática la seguida no solo por los partidos socialdemócratas sino también por los partidos comunistas. Y cuando los partidos comunistas han gobernado, y lo han hecho, por lo general, en coalición con los partidos socialdemócratas, sus políticas han sido típicamente socialdemócratas. En realidad, en Italia, las regiones mejor gobernadas, con mejor desarrollo de las políticas públicas de sensibilidad socialdemócrata, fueron las gobernadas por el Partido Comunista Italiano, el mayor partido de prácticas socialdemócratas en Europa, después del SPD alemán. En realidad, lo mismo está pasando en gran número de países subdesarrollados. En la India, por ejemplo, el Estado que ha alcanzado mayores logros socialistas en democracia ha sido el gobernado por el Partido Comunista. Esta amplia experiencia, bien conocida a nivel internacional (y desconocida, ignorada y ocultada en España), muestra que la diferencia en la aplicación de políticas públicas entre partidos de distintas tradiciones socialistas ha ido desapareciendo.
En Europa, sin embargo, la característica más preocupante ha sido el creciente abandono de la socialdemocracia por parte de los partidos socialdemócratas, al incorporar estos partidos elementos muy importantes del neoliberalismo. La Tercera Vía, liderada por Blair y seguida también por Schröder en Alemania, por Zapatero en España y por Hollande en Francia, ha ido abandonando la socialdemocracia, convirtiendo a sus respectivos partidos en partidos socioliberales en los que dominan las políticas públicas neoliberales (véase mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015). En realidad, algunos de los responsables de imponer tales políticas neoliberales en el establishment europeo han sido y continúan siendo personas pertenecientes a partidos socialdemócratas. Ahí está la causa de su deterioro electoral.
El por qué del abandono de la socialdemocracia por parte de los partidos socialdemócratas
Este abandono está documentado, y algunos personajes del PSOE así lo han reconocido (en privado). Los argumentos que se han dado por parte de intelectuales de tal partido para explicar su descenso electoral no son creíbles. Uno es que la globalización o el establecimiento del euro (o cualquier elemento externo) no permiten llevar a cabo el proyecto socialdemócrata. Pero el hecho de que Zapatero congelara las pensiones para obtener 1.200 millones de euros para cubrir el déficit, en lugar de mantener el impuesto de patrimonio (con lo cual hubiera conseguido más dinero), no puede atribuirse a ningún factor externo. En realidad, todos los recortes podrían haberse reducido y disminuido mediante un gravamen de las rentas del capital al mismo nivel que las rentas del trabajo, propuesta que ha estado en la oferta electoral del PSOE en varias ocasiones, sin que ello se aplicara nunca. Hoy las rentas del capital (como porcentaje de todas las rentas) son las más altas de los últimos treinta años, a costa de que las rentas del trabajo sean las más bajas. Ni que decir tiene que el establecimiento de la Eurozona bajo el dominio del establishment neoliberal que controla la gobernanza del euro dificulta y obstaculiza la aplicación de políticas socialdemócratas de carácter redistributivo y de expansión de la protección social. Pero como ha mostrado la coalición de izquierdas del gobierno portugués, se pueden revertir las políticas de recortes que han causado tanto daño, si hay voluntad política.
Otro argumento utilizado por intelectuales afines al PSOE es que la clase trabajadora, la base electoral de la socialdemocracia, está desapareciendo, y por lo tanto el voto socialdemócrata también  está bajando. Pero no hay ninguna evidencia que apoye esta tesis. En realidad, la clase trabajadora existe, y en algunos países vota a la ultraderecha (decepcionada y enfadada con los partidos que renunciaron a la socialdemocracia), y en otros como en España vota a Podemos, y ahora votará a Unidos Podemos. De ahí surge el pánico del establishment político-mediático. El abandono de la socialdemocracia por parte de los partidos socioliberales se debe predominantemente al dominio de los aparatos de tales partidos por parte de profesionales (consecuencia de la profesionalización de la política), la mayoría de clase media de renta alta (la clase profesional) que hacen de la política su profesión y su modus vivendi, desarrollando unos intereses corporativos que dan pie a estas complicidades entre tales aparatos y los grupos financieros y económicos que dominan la vida económica, política y mediática del país. Este maridaje los aleja de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares, que quedan cada vez más distantes, anteponiendo en muchas ocasiones (como en la reforma laboral del presidente Zapatero) los intereses de aquellos grupos sobre los del mundo del trabajo. Esta realidad, fácilmente documentable, se da con particular intensidad en los equipos económicos de tales partidos, tradicionalmente muy próximos al mundo del capital. Y de ahí deriva el problema.
La nueva socialdemocracia
El aspecto más novedoso del surgimiento de nuevas izquierdas a lo largo de todo el territorio español y la radicalización de otras ya existentes (con la excepción del PSOE) es que sus inicios fueron el movimiento 15-M, cuya demanda central no fue la revolución o el socialismo, sino la democracia, señalando como el motivo de su protesta la no existencia de esta democracia en las instituciones representativas. El eslogan del 15-M “No nos representan” resume muy bien dicha denuncia. Y el otro, “No hay pan para tanto chorizo” también definió las raíces del problema de falta de democracia: el maridaje entre los grupos económicos y financieros y el establishment político (incluyendo el PSOE) y mediático (la gran mayoría de los medios).
Pero tal demanda exigiendo democracia entra en conflicto con la enorme concentración de la riqueza en España y en la mayoría de países capitalistas avanzados, puesto que poder económico se traduce en poder político. Y es ahí donde encontramos una clara contradicción entre las exigencias de mayor democracia, por un lado, y la lógica de la acumulación de capital vigente en el capitalismo de hoy por el otro. De ahí que las políticas redistributivas deban ser esenciales en un programa que exige la democratización de este país, puesto que las desigualdades (a cuyo crecimiento han contribuido las políticas del PSOE) han alcanzado unos niveles inaceptables para cualquier persona con sensibilidad democrática. La enorme hostilidad que la coalición Unidos Podemos está recibiendo se basa precisamente en este hecho. Los grandes centros de poder financiero y económico se sienten amenazados por Unidos Podemos y temen perder sus privilegios. De ahí que movilicen sus instrumentos políticos y mediáticos para intentar destruir a dicha coalición. Y esto es lo que está pasando en este país. Así de claro.
Última observación
Agradecería al lector que si ve mérito en lo que estoy diciendo, distribuya este artículo ampliamente, puesto que por desgracia no tengo acceso a los mayores medios de información, en los cuales estoy prácticamente vetado.

LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN EN BOCA DE LOS JÓVENES

La crisis de la educación en boca de los jóvenes

Por Carlos A. Trevisi (entrevistador)

(Blanca Puyuelo Vázquez y Juan José Palomo Lledó, estudiantes de 2º de Bachillerato, 2001. Madrid)

 

Se oye hablar de "crisis" en nuestra educación. No deja de ser curioso que así sea cuando pareciera que a nadie le interesa mucho el tema. Nunca es portada. Los padres reparten las culpas entre los profesores y el "sistema" (Logse y ESO) "que lo impusieron los socialistas y tuvieron que implementar los del PP que no estaban de acuerdo". Los docentes, por su parte,  atribuyen a los padres buena parte de la responsabilidad del fracaso.
Y "las víctimas", ¿qué dicen?
"... el sistema de educación que se imparte está muy lejos de lograr el rendimiento adecuado que exige un país desarrollado como España. Por ese motivo, nos hemos propuesto formular una serie de preguntas  a un grupo de estudiantes al que preocupa el tema. Se han contrastado las opiniones  de alumnos de diferentes tipos de centros y se le ha pedido opinión al que supuestamente iba a hacernos una entrevista, el Prof. Carlos Trevisi. Y decimos "supuestamente" porque preferimos ser nosotros los que formuláramos las preguntas no sólo a nuestros pares estudiantes sino también a él ".
Con lo cual ha quedado claro, amigos lectores, que poco me queda por hacer como entrevistador, como no sea presentarlos: tanto el desarrollo y formulación de las preguntas, como la recogida y el planteamiento de las respuestas han sido realizados por Blanca Puyuelo Vázquez y Juan José Palomo Lledó, estudiantes de 2º de Bachillerato (sistema LOGSE) y COU respectivamente.

Una última intervención del entrevistador que no pudo serlo es haceros conocer, amigos lectores, la aseveración con la que han decidido nuestros jóvenes iniciar el debate:  "la base principal del problema educativo, y el motivo directo por el cual aún no ha sido solucionado, es la ignorancia de la inmensa mayoría del gremio estudiantil”.

Pregunta: ¿En qué momento comienza la falta de interés por parte de los alumnos?
Respuesta alumnos: En el momento en el que descubren por sí mismos que con un mínimo esfuerzo o  iniciativa alcanzan  el ocio. El problema parte de más atrás, pues el alumno desde un principio debería tener como principal meta el conocimiento y no el ocio. Pero es muy difícil abrirle los ojos. Si además la ceguera viene apoyada por toda serie de adulaciones y lisonjas a granel, se hace todo muy  complicado
Respuesta Carlos Trevisi: No me preocupa el ocio. No debe asociarse con abulia. Me preocupa la lisonja.
P. ¿En qué medida es el sistema educativo culpable de este fenómeno?
R.Alum. Cuando se habla de sistema educativo, se habla de las personas que lo han creado y que lo mantienen. Como un sistema no enfoca sus pretensiones a desarrollar la capacidad creativa, sino que se limita a programar caminos e indicar cómo seguirlos; se puede estar cometiendo un error que consiste en crear individuos acostumbrados a obedecer, no a razonar por ellos mismos. También es importante descubrir que al sistema educativo se le unen una serie de factores sociales encargados de crear un ambiente contra-cultural.
R.Trev. Si es un sistema abarca todas las variables, nada le es ajeno. Debe ser homeostático; el nazismo y la democracia son dos sistemas opuestos, pero sistemas. La diferencia es que el primero era rígido, impenetrable y el segundo es homeostático, en permanente equilibrio, abierto, amplio, crítico, dialógico...
P. ¿De qué forma consigue el sistema social crear ese ambiente de falta de valores? R.Alum. Para el sistema social no existe nada más productivo que la homogeneidad en las personas. De este modo nada como crear el fenómeno de las modas. Todas las personas de un mismo círculo en busca de las mismas metas. Detrás, gente, ámbitos de poder con intereses creados que sacarán provecho de esa masividad.  Así, el poder no necesitará marginar a nadie que se salga de la norma; al "distinto" lo marginan  sus propios pares. Eso sucede ahora entre los jóvenes. Todos van a los mismos lugares, escuchan la misma música, beben el mismo alcohol y ven los mismos programas de televisión.
P. Desde la implantación de la Logse se ha demostrado en innumerables ocasiones su fracaso estrepitoso. A pesar de esto, todos los proyectos de cambio de los que se ha hablado se han demorado siempre, hasta el punto de ser olvidados.
¿Usted qué piensa?
R.Trev. No puede atribuirse a la Logse la perversión del sistema social. La Logse nace para superar la marginación que encierra el sistema. A la masividad debe oponerse la personalización. Los jóvenes deberían romper con la hamburguesa y volver al jamón serrano. Pongamos los valores en acto. Basta de proclamarlos. Vivámoslos: Jabugo y Rioja.
P. ¿De qué forma se puede fomentar una respuesta que impulse estos cambios de verdad?
R.Alum. La única manera de cambiar este panorama es la implicación de personas que tengan acceso a los cambios. A esto se le debe añadir un trabajo que se podría llamar de reconversión y que consistiría en mostrar otras puertas además de las que nos abren.
P. Algunos alumnos nos hemos visto sorprendidos por la desilusión que muestran muchos profesores a la hora de enseñarnos esas otras puertas. ¿Puede llegar a disminuir el entusiasmo del profesorado al encontrarse con la ignorancia que reina entre sus pupilos? ¿Qué siente un profesor cuya vocación es la enseñanza cuando se encuentra con tal panorama?
R.Trev. Sois muy crueles con vosotros mismos. No debéis hablar de la ignorancia que reina entre vosotros. Sin duda los profesores han perdido entusiasmo. El problema radica, precisamente,  en que deben asumir una vocación que excepcionalmente ejercieron:  una "vocación por la educación". Esa es la punta del ovillo. Enseñar es fácil.
P. Es difícil de creer que todavía no se haya encontrado un sistema de enseñanza adecuado. Desde nuestro punto de vista el problema radica  en encuadrar la responsabilidad que cabe a cada uno en la educación. En los últimos años se ha oído a muchos padres decir, que la escuela debe encargarse de educar a los hijos.¿Quién se debe encargar realmente de la educación de los hijos?
R.Alum. Un error muy grave en el mundo de la educación, es el de atribuir esta responsabilidad a la escuela. Es evidente que un profesor no debe asumir la responsabilidad de enseñar conductas y valores a sus alumnos. El profesor debe encargarse de la formación académica, si bien es cierto que puede resultar un buen colaborador para la labor familiar. Pero la educación es responsabilidad exclusiva de los padres. Así los valores que adquiere una persona vienen directamente definidos por la educación que hayan recibido en el seno del hogar.
R.Trev. Un maestro debe "estar" en conocimiento de lo que enseña, pero debe "ser" para educar a sus alumnos. Cualquiera sabe dónde queda el Tajo pero muy pocos "son" tan armónicos como para poner en acto los valores que recitan. Prefiero hablar de "educarse" antes que de "educar". La educación es permanente y en todas partes. El maestro  se educa junto con sus alumnos.

¿QUIÉN TEME A MARIO VARGAS LLOSA?

Análisis/Política y sociedad latinoamericana
¿Quién teme a Mario Vargas Llosa?
Por Carlos Malamud, lunes, 01 de noviembre de 2010

La concesión del premio Nobel de literatura a Mario Vargas Llosa ha desatado un alud de esperpénticas reacciones, tanto desde la izquierda como de la derecha. En ambas se nota la intolerancia frente a la disidencia, a pensar y ser de forma diferente, precisamente uno de los valores que con más ahínco defiende el escritor galardonado. Los adjetivos vertidos desde una cierta izquierda no tienen desperdicio, como tampoco las descalificaciones contra toda la izquierda que surgen desde las filas de algunos pensadores de derecha. La irracionalidad no es monopolio de nadie y la descalificación del contrario, cada vez más el enemigo, está ganando tales méritos que en poco tiempo puede ser declarada “patrimonio de la humanidad”.

Escribe Germán Sainz en Formaciones, Ideas y reflexiones desde la derecha que “La reciente entrega del Premio Nobel de Literatura al peruano Vargas Llosa ha generado más de una polémica a nivel del círculo de los intelectuales y la academia. Pero por sobre todo se ha visto notoriamente el rechazo unánime de la intelectualidad de izquierdas respecto a un “inmerecido galardón” para alguien que no pertenece al grupo de los “elegidos” del mundo cultural de la hegemonía. No es sin embargo el interés de quien escribe, recaer sobre este episodio en particular sino el haber constatado que LA IZQUIERDA (y las mayúsculas hacen al eje vertebral del asunto), intenta por todos los medios mantener el halo de pureza en torno a su propia esencia cuando de invocar su nombre se trata. Hemos señalado en más de una ocasión que la conquista cultural de la izquierda tiene uno de sus núcleos duros en la conquista previa del lenguaje, sin el cual no puede lograrse una imposición posterior de los principios filosóficos y valóricos que la definen. Pues la batalla lingüística ha marcado nuevamente la agenda en el caso que nos compete”.

La verdad que razonamientos de esta índole resultan esperpénticos y rozan la irracionalidad. Es verdad que fueron muchos los que en nombre de la izquierda se alzaron contra el premio concedido a Vargas Llosa, pero también los hubo quienes se alegraron sinceramente por el galardón, por su significado y por la justicia del mismo. Lo que ocurre es que quienes así se han expresado no pretenden monopolizar ninguna escuela de pensamiento ni se atribuyen la propiedad de la razón ni de la verdad revelada.

En la otra acera encontramos sandeces semejantes a las deGermán SainzJimmy Joamer Querales, en Aporreaapuntó que “Hoy el mundo de la derecha se regocija con la tan anhelada noticia de que su más culto exponente y difusor de mentiras mediáticas de España para Latinoamérica ha sido laureado con el Premio Nobel de Literatura, así es, Vargas Llosa logra su cima ultraderechista y por su “excelente” forma de escribir sus sádicas pasiones de una manera chip ha ganado el ya no tan prestigioso premio que según mi óptica desde que se lo dieron a Obama para acá debería tener el nombre del Jefe de la Propaganda nazi Joseph Goebbels, sí, ese nombre le queda soñado como diría Nolia”.

Para destruir al contrario no hacen falta más alforjas que la voluntad de hacerlo y aquí se alistan, lamentablemente, una gran cantidad de voluntarios

Desde Gramma, el periódico oficial cubano, en un artículo titulado “Nobel de la literatura, Antinobel de la ética”, se señaló que “La Academia Sueca no sorprendió a nadie al conceder… el Premio Nobel de Literatura 2010 al escritor ¿peruano, español? Mario Vargas Llosa. Desde hace años su nombre sonaba en las cábalas, y el lobby en torno a su candidatura crecía. Nadie duda de sus aportes innovadores a la literatura universal desde las letras hispanoamericanas, desde sus textos iniciales, Los cachorros y La ciudad y los perros, hasta los más recientes. Pero lo que ha construido con la escritura lo ha ido destruyendo con su catadura moral, los desplantes neoliberales, la negación de sus orígenes y la obsecuencia ante los dictados del imperio. No hay causa indigna en esta parte del mundo que M.V.Ll. deje de apoyar y aplaudir. Si los pueblos votaran en Estocolmo, lo habrían hecho por el Antinobel”.

Para desacreditar más al premiado se recuerda que en 2009 el Nobel de la paz fue a Barack Obama y que en 2010 se le concedió al “disidente” chino Liu Xiaobo. Éste fue el camino seguido por Tomás Borge, ex comandante sandinista y actual embajador de Nicaragua en Perú, que manifestó: “Vargas se merece el premio Nobel con creces. Desde hace tiempo le debieron dar este premio por su calidad literaria, pero creo que desde el punto de vista ideológico, si hay algún premio que darle sería el de Chespirito (cómico mexicano), por sus concepciones atrasadas”.

Por estos derroteros también incursionó el presidente boliviano,Evo Morales, quien no sólo criticó la parcialidad del jurado y su sesgo pro imperialista, sino también que había llegado a la conclusión de que a él jamás le darían el Nobel de la Paz, un premio que nunca “va ser para movimientos sociales o personalidades anticapitalistas y antiimperialistas” y que está convencido de que “a esta altura son muy sospechosas estas premiaciones”. Es más, manifestó tener información de que las Madres de la Plaza de Mayo estaban muy bien colocadas para ser elegidas, dada su condición de “grandes defensoras de los derechos humanos”. Pese a ello, insiste Morales, tampoco fueron elegidas. Olvida el presidente boliviano, que en 1980, en plena dictadura militar argentina, el Nobel de la paz fue a manos de Adolfo Pérez Esquivel, un significado defensor de los derechos humanos.

Podría seguir buscando testimonios a diestra y siniestra, ya que el territorio de la sinrazón es vasto y extenso. Sin embargo, sería un viaje de escasa trayectoria dada la inanidad de los testimonios, todos cíclicos y repetitivos. Unos y otros buscan descalificar al de enfrente, no discutir con él. Uno puede coincidir con Vargas Llosa en muchas cuestiones y disentir en tantas otras. Pero todo es posible en el mundo de las ideas y los argumentos. Para destruir al contrario no hacen falta más alforjas que la voluntad de hacerlo y aquí se alistan, lamentablemente, una gran cantidad de voluntarios.
Comentario de Carlos A. Trevisi
Al margen de su ideología política, que es libre de sostener, apoyar y divulgar, Vargas Llosa acaba de demostrar en Madrid un perfil que no halagaría a nadie, pero mucho menos a un hombre de su prestigio como escritor y hombre sabido. A los 80 años ha disipado cualquier duda respecto de sus actitudes dando margen a los comentarios más adversos en los sectores que asumen que  ha salido a ventilarse por un mundo que nunca imaginé que nadie de su calibre podría abordar. Su reciente matrimonio lo ha llevado a aparecer en revistas como HOLA, propia de una clase social -toreros, jugadores de fútbol, actores y actrices y marqueses y descendientes de personajes que la historia reciente ha promovido con afán publicitario. Entre las vulgaridades que peor daño le han hecho figura una en la que se presentó con su mujer en un concurso -y hasta subió al escenario- cuyo presentador, al día siguiente de celebrado manifestó textualmente que jamás volvería a hacerlo, tal la poca calidad que animó a sus participantes. En uno de los últimos  números de HOLA manifestó que este último año había  sido el más feliz de su vida.

Para destruir al contrario no hacen falta más alforjas que la voluntad de hacerlo y aquí se alistan, lamentablemente, una gran cantidad de voluntarios

Desde Gramma, el periódico oficial cubano, en un artículo titulado “Nobel de la literatura, Antinobel de la ética”, se señaló que “La Academia Sueca no sorprendió a nadie al conceder… el Premio Nobel de Literatura 2010 al escritor ¿peruano, español? Mario Vargas Llosa. Desde hace años su nombre sonaba en las cábalas, y el lobby en torno a su candidatura crecía. Nadie duda de sus aportes innovadores a la literatura universal desde las letras hispanoamericanas, desde sus textos iniciales, Los cachorros y La ciudad y los perros, hasta los más recientes. Pero lo que ha construido con la escritura lo ha ido destruyendo con su catadura moral, los desplantes neoliberales, la negación de sus orígenes y la obsecuencia ante los dictados del imperio. No hay causa indigna en esta parte del mundo que M.V.Ll. deje de apoyar y aplaudir. Si los pueblos votaran en Estocolmo, lo habrían hecho por el Antinobel”.

Para desacreditar más al premiado se recuerda que en 2009 el Nobel de la paz fue a Barack Obama y que en 2010 se le concedió al “disidente” chino Liu Xiaobo. Éste fue el camino seguido por Tomás Borge, ex comandante sandinista y actual embajador de Nicaragua en Perú, que manifestó: “Vargas se merece el premio Nobel con creces. Desde hace tiempo le debieron dar este premio por su calidad literaria, pero creo que desde el punto de vista ideológico, si hay algún premio que darle sería el de Chespirito (cómico mexicano), por sus concepciones atrasadas”.

Por estos derroteros también incursionó el presidente boliviano,Evo Morales, quien no sólo criticó la parcialidad del jurado y su sesgo pro imperialista, sino también que había llegado a la conclusión de que a él jamás le darían el Nobel de la Paz, un premio que nunca “va ser para movimientos sociales o personalidades anticapitalistas y antiimperialistas” y que está convencido de que “a esta altura son muy sospechosas estas premiaciones”. Es más, manifestó tener información de que las Madres de la Plaza de Mayo estaban muy bien colocadas para ser elegidas, dada su condición de “grandes defensoras de los derechos humanos”. Pese a ello, insiste Morales, tampoco fueron elegidas. Olvida el presidente boliviano, que en 1980, en plena dictadura militar argentina, el Nobel de la paz fue a manos de Adolfo Pérez Esquivel, un significado defensor de los derechos humanos.

Podría seguir buscando testimonios a diestra y siniestra, ya que el territorio de la sinrazón es vasto y extenso. Sin embargo, sería un viaje de escasa trayectoria dada la inanidad de los testimonios, todos cíclicos y repetitivos. Unos y otros buscan descalificar al de enfrente, no discutir con él. Uno puede coincidir con Vargas Llosa en muchas cuestiones y disentir en tantas otras. Pero todo es posible en el mundo de las ideas y los argumentos. Para destruir al contrario no hacen falta más alforjas que la voluntad de hacerlo y aquí se alistan, lamentablemente, una gran cantidad de voluntarios.
Comentario de Carlos A. Trevisi
Al margen de su ideología política, que es libre de sostener, apoyar y divulgar, Vargas Llosa acaba de demostrar en Madrid un perfil que no halagaría a nadie, pero mucho menos a un hombre de su prestigio como escritor y hombre sabido. A los 80 años ha disipado cualquier duda respecto de sus actitudes dando margen a los comentarios más adversos en los sectores que asumen que  ha salido a ventilarse por un mundo que nunca imaginé que nadie de su calibre podría abordar. Su reciente matrimonio lo ha llevado a aparecer en revistas como HOLA, propia de una clase social -toreros, jugadores de fútbol, actores y actrices y marqueses y descendientes de personajes que la historia reciente ha promovido con afán publicitario. Entre las vulgaridades que peor daño le han hecho figura una en la que se presentó con su mujer en un concurso -y hasta subió al escenario- cuyo presentador, al día siguiente de celebrado manifestó textualmente que jamás volvería a hacerlo, tal la poca calidad que animó a sus participantes. En uno de los últimos  números de HOLA manifestó que este último año había  sido el más feliz de su vida.


miércoles, 8 de junio de 2016

LOS CIUDADANOS, LOS MEDIOS Y EL PODER DE LOS INTELECTUALES

Pablo Sánchez León

En las últimas semanas los intelectuales españoles han pasado al centro de atención de la opinión pública. De pronto, en lugar de leer sus columnas y escuchar sus comentarios en busca de opinión se habla críticamente de su actividad y del lugar que deben ocupar en la esfera de opinión pública. Teniendo en cuenta que en los últimos años han sido objeto de escrutinio público recurrente también los políticos, los grandes empresarios, las administraciones públicas, los poderes financieros o las autoridades de la Unión Europea, la primera pregunta que surge es más bien por qué han tardado tanto tiempo ellos en ser reevaluados por parte de una ciudadanía más exigente. Porque lo curioso del caso es que, aunque nadie les reconoce una función determinante en la puesta en entredicho de esos poderes, lo cierto es que se han librado de la censura social durante los años duros de la crisis. Si se trata de un privilegio, ¿dónde se origina o de qué proviene? Si no lo es, ¿por qué es solo ahora cuando se les pone en entredicho?
Para hacerse cargo de estas cuestiones se necesita una mirada sobre la historia de los formadores de opinión en España, sean estos intelectuales o no por su formación. Pero seguramente se necesita algo más, aunque sea para evitar, como hasta ahora, hablar de gente concreta cuya manera de ejercer de opinadores empieza a aparecer como inadmisible u obsoleta a pasos rápidos. ¿Quién debe legítimamente evaluar a los evaluadores de la conducta pública de nuestros poderosos? Si a lo que se aspira es a no quedarse en cómo son los intelectuales mediáticos españoles de ayer y hoy, sino en los que deseamos para mañana mismo, la reflexión debería culminar en propuestas que vayan más allá de clasificarlos en intelectuales con y sin desfachatez.
Las ventajas de un grupo sin organización
Aunque siempre han ejercido como una suerte de aristocracia de la opinión, desde el principio los intelectuales han ejercido su actividad entre la búsqueda de la aprobación popular y la defensa del orden establecido aunque, con el desarrollo del capitalismo, cada vez más también lo han hecho simplemente como fuente de ingresos. Para no depender de forma directa del Estado —ni menos de la aclamación ciudadana— han contado a su favor con su indefinición corporativa. En efecto, ya en su contexto de surgimiento un rasgo singular de este grupo es que no estaba adscrito a ningún gremio susceptible de reglamentación jurídica pero, a diferencia del resto de los trabajadores asalariados y profesionales liberales, tampoco se ha destacado después por invertir en organización colectiva. Esta falta de regulación interna ha permitido a los intelectuales parecer desde fuera un grupo cohesivo —cuando lo habitual entre sus miembros es la competencia no reglada por el estatus. Así, cuando Gramsci planteaba el partido de vanguardia como un intelectual “orgánico”, tensaba al máximo el sueño frustrado de incorporar a los intelectuales a la lucha por la hegemonía de un proyecto de transformación social.
No es esta su única marca del pasado que llega hasta hoy. Por el camino se dieron algunos procesos importantes de especialización, entre ellos separar el político profesional, el ideólogo de una facción y el propietario de un periódico respecto de la pluma firmante de tribunas y manifiestos, pues al principio lo habitual era que estas funciones se confundieran en una misma persona. Otro jalón fundamental tuvo lugar con el despliegue del Estado social y las políticas de bienestar de la posguerra mundial: la incorporación de los expertos a la nómina de los formadores de opinión con presencia cotidiana en los medios de información. Con este último rasgo nos acercamos ya al modelo de intelectual que al parecer seguimos reclamando. Pero ¿realmente queremos un espacio público dominado por autoridades solo porque posean conocimientos? La ciencia no suele operar como un promotor de la discusión pública, sino al contrario: a menudo se recurre a ella para imponer consensos y zanjar cuestiones sin participación ciudadana. Si lo que aportan al debate fuera realmente conocimiento, la hegemonía de los expertos ¿no debería ser inversamente proporcional al aumento del nivel cultural de la sociedad?
Hay bastantes espejismos en el prestigio social de los intelectuales. Uno último a considerar es que dan la impresión de adecuarse con facilidad a nuevas realidades, públicos y contextos, permitiendo la promoción de nuevos rostros y firmas por mecanismos meritocráticos. No es en absoluto el caso, pero surge la pregunta: si los intelectuales no están organizados en un sindicato, ¿cómo regulan el acceso a sus rangos de los neófitos? En realidad, que no estén organizados no quiere decir que no haya condiciones para su apertura y cierre como grupo. En el caso de democracias jóvenes como la española, hay en juego una componente importante de tipo temporal: se equivocan quienes piensan que los intelectuales españoles de hoy forman una generación, pero sí forman en su mayoría parte de una generación concreta, y ello explica bastante cómo son los mecanismos de regulación de la intelectualidad española que heredamos del siglo XX.
Los intelectuales españoles del 78 y las “puertas giratorias” del mundo académico posfranquista
En la medida en que la Constitución del 78 ha sido fundamento de un orden de cosas o un régimen, ello ha sido obra de una cohorte demográfica con conciencia de protagonismo histórico, que también ha sido la mayor beneficiaria del bienestar del fin de siglo. Hoy ya no se niega que la democracia posfranquista generó su propio marco cultural —la llamada Cultura de la Transición (CT)— con sus lógicas de inclusión y exclusión y su economía política de la producción de consenso. Abundando críticamente en esta perspectiva es posible ubicar a los intelectuales españoles del posfranquismo hasta la actualidad.
Entre las especificaciones por desarrollar de esa CT está la de los orígenes académicos de una parte importante de los formadores de opinión en la España de la dictadura a la democracia. La secuencia es fácil de seguir: la primera gran cohorte de universitarios españoles nutrió los cuadros de la oposición antifranquista primero, y después los de las mayorías de la socialdemocracia —o, en la acepción de Alfonso Ortí, la “socialtecnocracia” posfranquista. De vuelta les vino el acceso masivo a la condición funcionarial desde mediados de los ochenta, y con ello el control de la renovación del propio profesorado futuro y los recursos públicos para la I+D. Los intelectuales españoles que han empezado a jubilarse en estos años han regulado ellos la reproducción de la masa de expertos que vienen figurando como intelectuales en los medios.
El dato principal que no debe faltar en esta narración es que la universidad española —como otros servicios estratégicos del Estado, como el espionaje— tardó demasiado en democratizarse, si es que realmente ha llegado a hacerlo hasta la fecha. Los intelectuales de la transición y de después saltaron pues a las tribunas de la prensa y la televisión sin un entrenamiento en las maneras del diálogo, la deliberación colectiva y la promoción del bien común antes que el particular o partidista. Un mundo cultural no democratizado se caracteriza porque en él las relaciones personales priman sobre la autonomía de criterio, y los debates, entre escasos y nulos, no modifican un ápice las prioridades de los agentes implicados y con poder. El académico español es además un espacio en el que se ejerce mucho poder sin ostentar cargo alguno, a través de facciones, clientelas, autoridades personales —normalmente heredadas de la época de fuerte adscripción ideológica del profesorado en la transición— nunca sometidas a escrutinio crítico ni a rendimiento de cuentas, pero de las que depende el acceso, la estabilidad o la promoción.
Cuando Sánchez Cuenca habla de una “cultura del colegueo”, ¿no conviene subrayar que ese rasgo viene de atrás, y de otro lugar, que es el pasado académico de la mayoría de los intelectuales españoles? Porque tampoco vale decir que se trata de un rasgo moral común entre los españoles. Lo que nos falta es identificar en el salto de la universidad a los medios un mecanismo de “puertas giratorias” tan extendido como el que se denuncia desde el cargo político a los consejos de administración: lo preside una análoga lógica patrimonial, de la prebenda personal y los favores recibidos —o las enemistades profundas y duraderas trasladadas del campo profesional al mediático. Este rasgo en concreto se lleva además especialmente bien con la jerarquía interna que cultiva la empresa privada, como puede ser el caso de muchos periódicos y medios. Habría que añadir aquí cómo se ha venido realizando el encaje de estos intelectuales mediáticos con los periodistas profesionales, especialmente con quienes son elevados a la condición de formadores de opinión. Así como con sus crecientes competidores, las celebridades y los tertulianos de todo tipo.
Esto último puede ser un fenómeno más generalizado en países de nuestro entorno. Lo que en cambio es más de aquí es que estos intelectuales fraguados en el antifranquismo se hicieron formadores de opinión por la loable pretensión de emular a los grandes intelectuales públicos del primer tercio del siglo XX. La paradoja, sin embargo, es que ahora, treinta años después, se encuentran acusados de defender un régimen de oligarquía y caciquismo como el de que a fines del siglo XIX justificó la implicación pública de sus predecesores.
Puestos a buscar motivos de esta pérdida de valoración social, una hipótesis es que no han cultivado la escucha ni de los jóvenes ni de la gente normal: ante una situación de dramática crisis económica y moral, se están dedicando más bien a señalar las virtudes del orden establecido, su “natural reformabilidad” aunque no se sepa hacia dónde, y no han dudado en cebarse con los peligros de las alternativas. No solo no se muestran empáticos con los problemas de la gente, sino que utilizan las tribunas para amedrentar y airear peligros desde su supuesta condición de expertos. ¿Seguro entonces —como se nos ha querido decir— que el intelectual posfranquista se ha “democratizado”? Porque la impresión es que muy al contrario más bien se ha oligarquizado: además de volverse elitista, ha perdido el vínculo sustantivo con la ciudadanía, y esta finalmente ha pasado a señalarlos.
En los intelectuales de la generación del 78 se perciben desde luego tics propios del envejecimiento, pero esto puede justificarse como ley de vida. Lo que conviene en cambio evaluar es si al tiempo han surgido públicos más exigentes, incluso más inteligentes y cultos que sus elites. Da la impresión de que hay ahora un ciudadano distanciado de los mitos fundacionales de la transición cuyo discurso trae consigo una nueva etiquetación crítica de lo que antes parecía normal, de ahí que se reclame a los intelectuales del 78 que siguen en activo que expliquen por qué ya no piensan como pensaban antes.
Con todo, este escenario podría tener una fácil resolución conforme aumentan los medios de información y opinión: cuantos más lugares donde opinar, más oportunidades de leer nuevos tribunos más sensibles a los problemas de la gente. Y sin embargo, el pluralismo mediático puede no bastar si por el camino no se abre en canal la cuestión de qué intelectuales, con qué códigos de conducta y para qué formación de opinión.
¿A quién rinde cuentas el intelectual mediático?
¿Por qué dar tanta importancia a un grupo indefinido, lastrado por su propia biografía colectiva, y que no representa en principio un poder formal como un consejo de administración o siquiera un concejal de obras públicas? ¿Cuál, si lo hay, es el poder del intelectual? La clave está en la calidad de lo que se emite, medida por su contraste con el valor de todo lo que queda sin publicar y podría contribuir a la opinión. Esta enorme desigualdad relativa es la que convierte a los intelectuales que consiguen verse publicados en representantes de la opinión, y lo que explica que se acaben dando apenas unos pocos nombres propios cuando se trata de llamar la atención acerca de las prácticas y maneras de un colectivo potencialmente mucho más extenso.
Siempre existirá una aristocracia del saber. Lo que no es de recibo en una democracia es que pueda estar tan poco representada en una oligarquía de la opinión. Visto así, la regeneración de este espacio pasa, como el de todo poder, por el rendimiento de cuentas. Cuando hoy día se denuncia que muchos intelectuales españoles escriben con total impunidad se está señalando que, aun careciendo a menudo de autoridad, lo que parece sobrarles es un poder ejercido sin rendimiento de cuentas. ¿Qué puede razonablemente exigírsele al intelectual formador de opinión? ¿Cuál es la responsabilidad mínima que se puede reclamar a un formador de opinión con credenciales académicas? Por descontado, que conozca del tema que se trata o del que se le solicita una opinión; pero esto no es suficiente: también hay que reclamarle que re-conozca su ejercicio de poder ante la opinión pública. Todo lo que no pase por ahí es tratar al público de tonto.
Por concluir, lo que creo que ha vuelto a determinados publicistas españoles cada vez más insoportables ante públicos más exigentes es su forma de presentarse en público como si el poder no fuera con ellos, como si se tratase de algo externo que ellos solo vienen a estudiar y criticar. Esta interpretación puede parecer acertada o no: lo que en cambio no parece discutible es que un intelectual —que ha logrado el prestigio y el sobresueldo por su condición de experto en conocer el poder— demuestra ser un fraude como profesional desde el momento en que niega públicamente que su actividad pública y mediática carece de una dimensión de poder.
Es de este tipo de actitudes de las que una ciudadanía activa debe protegerse, y a ese fin los medios deben contribuir sin escudarse en argumentos de oportunidad y línea editorial. Más allá de hacer a estas vacas sagradas legítimo objeto de sátira —tal vez la más elemental y sana actividad de crítica ciudadana— la gente reclama que los intelectuales no sigan siendo intocables. Se trata sin duda de un tema espinoso, y no solo por evitar dar argumentos a quienes aprovechan cualquier crítica a sus privilegios para ponerse en la posición de víctimas de ataques a la libertad de prensa y opinión: en la medida en que se trata de un poder informal, igualmente las sanciones contra quienes transgreden han de ser informales. Si ellos no se pueden regular a sí mismos, al menos deberían recibir el mentís colectivo interno de la profesión —sus colegas de oficio— y de los medios donde escriben, con los periodistas profesionales a la cabeza.
Si los propietarios y directivos de los nuevos medios de comunicación no ponen en marcha ninguna medida de rendimiento de cuentas se encontrarán con ese elemental mecanismo propio de la democracia de mercado que es “votar con los pies”: los lectores tenderán a irse a otra parte a buscar la opinión. Es cierto que las nuevas tecnologías han aportado ya su nada desdeñable granito de arena a la reestructuración del campo entero de la comunicación, pero hay que reconocer que el sistema de comentarios al pie de las tribunas en medios electrónicos más bien favorece un formato plebeyo —por aclamación o rechazo— que realmente una participación popular en la formación de la opinión. Por aquí se trata de seguir experimentando.
Por el camino la alternativa es poner a los intelectuales reticentes al rendimiento de cuentas en el nivel de las celebrities que les corresponde: están ahí por su capital social, no por su capital humano. Y de lo que habrá que debatir es que son los famosos, no los pensadores, quienes ya funcionan como articuladores de la circulación de las elites culturales.


SOBRE LOS INTELECTUALES

Carlos Javier Bugallo Salomón

Nunca he sentido la vocación de querer ser un intelectual, ni creo que reúna las 
capacidades ni los méritos para llegar a serlo. No obstante voy a atreverme a 
reflexionar en voz alta sobre qué entiendo yo que es, o debería ser, un 
intelectual.
A mi parecer, debería reunir las siguientes particularidades: 

En primer lugar debe poseer unos vastos conocimientos, que le permitan
moverse con relativa soltura por un abanico amplio de temas y sin necesidad 
de recurrir, para opinar, a sus fichas (como una vez le ocurrió al historiador
Antonio Elorza). 
En España hay buenos politólogos, economistas, literatos, etc., pero pocas
 personas realmente cultas. Como diría Ortega y Gasset, hoy triunfa 
“la barbarie del especialismo”. 

En segundo lugar nada define mejor a un intelectual que la independencia de 
juicio. Ya dijo el escritor Anatole France que “La independencia del pensamiento
 es la más orgullosa aristocracia”. Aquí el panorama resulta aterrador, pues casi 
todos los opinadores, tertulianos y sabios que aparecen en los medios de 
comunicación son rehenes ideológicos de algún partido, facción o lideresa
 (madrileña o andaluza). Nada más abrir la boca ya sabe uno lo que van a 
decir; y la previsibilidad es un signo clarísimo de falta de talento. Ahora bien 
la independencia de juicio no implica necesariamente falta de compromiso;
 donde se descubre el talento y la originalidad es precisamente en la capacidad 
de aunar compromiso e independencia. Ahí está la dificultad. 

En tercer lugar, el intelectual debe estar imbuido por lo que Max Weber 
denominó “la ética de la responsabilidad”. En otras palabras, hoy día es muy 
difícil tener una opinión autorizada sobre muchas cosas que se nos escapan
por su complejidad y dificultad; por lo tanto, el intelectual debe mostrar 
reservas o abstenerse de opinar sobre aquellos temas que no sean de su 
competencia y, por ende, evitar dejarse llevar por sus prejuicios o intereses. 
Cuando un intelectual utiliza su fama para influir en este tipo de temas que 
lo rebasan o sobre los que tiene intereses particulares, se convierte en 
un patán o en un Félix de Azúa. 

Para finalizar; si en la actualidad hay tan pocos intelectuales que merezcan ese
nombre, es porque para llegar a serlo se requiere de dos virtudes que se
prodigan muy poco, tanto en hombres como mujeres, ora progresistas o 
conservadores: me refiero a la humildad y la generosidad. Sin humildad para 
aceptar nuestras propias limitaciones, y la generosidad para reconocer los 
méritos ajenos, no pueden medrar ni el intelecto ni la sana moral. Un gran 
sabio dijo: “Sólo sé que no se nada”.

EL VERDADERO PROBLEMA DE ESPAÑA

Manuel Monereo
Politólogo. Autor, entre otros, de los libros ‘De la crisis a la revolución democrática’ y ‘Por un nuevo proyecto de país’
Si preguntamos, el verdadero problema para las mujeres y los hombres que viven en España es el paro y la creciente falta de protección social. Ahora bien, detrás de este problema está lo que llamaríamos sus causas profundas, es decir, por qué en España hay el triple de parados de la media europea, por qué solo uno de cada dos parados tiene prestación al desempleo y como la precariedad en las condiciones de vida y de trabajo se ha convertido en una normalidad que nos priva de dignidad y futuro. Todo esto agravado porque quien sufre más estas pésimas condiciones son jóvenes, mujeres y personas que viven en las zonas más pobres.
Se podría decir que el problema prioritario de España es el paro y que el problema fundamental es un insoportable crecimiento de las desigualdades. Ambas cosas están relacionadas desde siempre y ahora mucho más. Las políticas de crisis, aplicadas primero por el PSOE y luego por el PP, no solamente no han supuesto una salida democrática y solidaria a la crisis, sino al contrario, han y están significando una gigantesca redistribución de renta, riqueza y poder para una minoría, una oligarquía financiero-empresarial, causante en último término, de la crisis y beneficiada clara y rotundamente por las políticas de los poderes públicos. Este es el problema central de nuestra economía, de nuestra sociedad y nuestra democracia. En un lado, crecimiento de renta y riqueza; en otro, una pobreza que aumenta y en medio, una desestabilización de las relaciones laborales al servicio del incremento de la tasa de ganancia empresarial. El empleo fijo parece ser ya algo del pasado, la contratación laboral temporal y parcial forzosa se extiende y los salarios se devalúan dramáticamente. El sistema fiscal se hace cada vez más injusto, en beneficio siempre de las grandes empresas y las rentas más altas, el endeudamiento público está sustituyendo al privado y la llamada “hucha de las pensiones” está siendo saqueada por un gobierno en funciones que sigue interviniendo en favor de los de arriba.Más allá hay un problema que el bipartidismo dominante no quiere analizar. Me refiero al modelo económico-productivo que se está configurando desde la crisis y que nos condena a la dependencia económica y a la subalternidad política. La única política económica, la variable prioritaria sigue siendo, ahora como antes, la devaluación salarial radical, el ajuste permanente de plantillas, el paro y la precariedad como medio para limitar los derechos laborales, sindicales y sociales de los y las trabajadoras.